Sábado, 21 de enero de 2017

| 2005/02/20 00:00

La asignatura pendiente

¿Qué hay que hacer para que los niños y jóvenes se comporten como lo que son?, ¿éste es problema de los medios de comunicación o de la educación familiar y escolar?, son algunas preguntas que se hace Ximena Gutiérrez, lectora de SEMANA.COM.

La asignatura pendiente

Es un hecho: Cada vez a más tierna edad, los niños dejan de ser niños. Según datos de Profamilia, en Cali más del 21% de las adolescentes (mujeres entre 15 y 19 años) ha estado embarazada y el 17% de ellas ya es mamá.

En la costa, al nivel del mar, las niñas menstrúan antes de los ocho años, mientras en las grandes alturas (el altiplano cundiboyacense, por ejemplo) se demoran un poco más. Pero siempre antes de los 13.

Hoy es sorprendente oír hablar a un menor de temas que a su edad, jamás pasaron por nuestra mente. Y día a día, crece de manera dramática, el número de jóvenes infractores, si es que así se le puede llamar a los muchachos que delinquen aún sabiendo que nadie les puede decir nada, dizque porque son menores de edad.

¿Hay influencia de los medios de comunicación en la precocidad de los niños y niñas? O, ¿son las actuales generaciones radicalmente diferentes a las de nuestros abuelos?

Creo que sí son diferentes. Y eso se debe, en gran parte, a la rapidez con la cual circula la información. La influencia mediática es evidente. Es como si los muchachos de hoy pensaran con la inmediatez de la 'tele', el contenido vacuo de los 'chats' por Internet y la picardía de los 'play station'.

Lamentablemente, poco de esa agilidad, es aprovechada para beneficio común. De allí que la asignatura pendiente en los programas académicos sea el aprendizaje de la lectura de medios de comunicación. Es decir, que al muchacho se le enseñe en la adolescencia a no comerle de cuento a los 'mass media', en especial a los audiovisuales. Que sepan cómo digerir la información que allí se procesa. Y que sumado a eso, el Congreso se invente alguna ley que obligue a los medios de mayor consumo -como la 'tele'- para que, poco a poco, se rescate el valor de nuestros más raizales valores.

Qué bueno, por ejemplo, que volviéramos a ver a los jóvenes cediendo el asiento a un adulto mayor en los buses. O respetando la fila en los bancos. O simplemente saludando con un "muy buenos días" y no con el que hoy está de moda: el destemplado e insípido "buenas".

Pero, como decía mi abuelo Guillermo, "eso es llover sobre mojado", porque mientras desde el propio hogar no se forme al ser humano, es muy difícil que tengamos buenos ciudadanos.

Entiendo que el Proyecto de Competencias Ciudadanas, que implementó Ministerio de Educación para primaria y bachillerato, también busca integrar a la familia al proceso educativo. Está claro, hay que educar a los padres para no tener que castigar a los hijos. Aunque, viéndole bien, ahora recuerdo que mi abuelo también solía decir: "Loro viejo no aprende a hablar".

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