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| 7/10/2005 12:00:00 AM

La confusión del 'futuro Presidente'

Miércoles 13. Según Alfredo Mantilla, lector de SEMANA.COM, Enrique Peñalosa sentía asegurada su llegada a la Presidencia de la República. Pero ahora el panorama es incierto. Explica por qué.

Las vueltas que da la vida. Hace apenas dos años largos, en febrero de 2003, el ex alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, se paseaba por el mundo como una verdadera estrella de la 'nueva política', montado en el caballito de la 'transformación' que había logrado en Bogotá. Se decía que iba a ser el próximo presidente de Colombia. De hecho, en algún momento llegó hasta el punto de confeccionar lo que sería su gabinete, cuando le correspondiera asumir lo inevitable: el mando en la Casa de Nariño, la presidencia de la República de Colombia.

Eran los tiempos en que lo invitaban a dictar conferencias en Nueva York, asistía a seminarios en Alemania, daba un salto y aparecía en un foro de municipalidades en Australia, el ITPD (Institute for Transportation & Development Policy) lo llevaba en el tour "Building a New City" ("Construyendo una nueva ciudad") a cuatro urbes en Senegal, Ghana y África del Sur, para que le dijera a los líderes de la zona cómo se las había ingeniado para darle 'un revolcón' a la capital colombiana. Para que les hablara del 'TransMilenio' y las ciclovías. Para que les dijera sobre los parques y la calidad de vida. Y él, sin hacerse rogar, les soltaba aquellos discursotes.

Su visita a Ciudad del Cabo fue reportada con calificativos extraordinarios. Poco faltó para que un periodista del diario 'Cape Times' escribiera en su reporte que la conferencia del ex alcalde había dividido la historia de la ciudad en dos: antes y después de Peñalosa. "Fue un acontecimiento único, un momento crucial, después de lo cual nada podrá ser considerado desde la misma perspectiva". Definitivamente Peñalosa los encantó. El éxtasis.

Por allá en otro foro, el hombre que se estaba dando unas vacaciones para luego regresar a Colombia a organizar en serio lo de su asunción al solio presidencial, le dijo a una periodista que el éxito de su gestión estribaba en que le había entregado a los bogotanos una mayor calidad de vida, despejando las calles del frustrante tráfico. Bueno, en honor a la verdad, algo de eso hubo, pero ni tanto, ni tanto, que el tránsito en Bogotá sigue siendo de lo peorcito, muy a pesar del 'TransMilenio'.

Pero Peñalosa seguía repitiendo en todas partes lo mismo. Con él se produjo un fenómeno que ni siquiera le he visto a los tradicionales delfines de la política colombiana: el hombre hablaba como el dueño de la fábrica. Hablaba como futuro presidente.

Y hay que ver que muchos 'lagartos' de la política nacional contribuyeron en mucho a que el hombre se creyera el cuentecito. Le llamaban ofreciéndose para tal o cual ministerio. Le hacían llegar sus hojas de vida para que los tuviera en cuenta a la hora de repartir esa piñata llamada Colombia. "Doctor, no me vaya a dejar por fuera, recuerde que yo siempre le he apoyado y desde que se montó en la alcaldía de Bogotá lo dije: este brillantísimo doctor Peñalosa no está simplemente para alcalde de la capital, está para dirigir los destinos nacionales, está para presidente". Y con 'cepillazos' de ese tenor terminaron por confundirlo.

Ahora la historia es otra. Desde hace tiempo Peñalosa se dio cuenta que su presidencia en la sombra era apenas un espejismo. Ahora no sabe qué hacer. Pasó de apoyar al presidente Uribe, a poner distancia entre ambos, para luego recalar en las toldas liberales, en donde me da la impresión que no se siente cómodo y debe ser porque allí, francamente, no tiene futuro...
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