Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/12/05 00:00

La legitimidad como centro de gravedad de la Fuerza Pública

Jueves 9. Juan Carlos Gómez, lector de SEMANA.COM, cree que las Fuerzas Militares no deben limitarse a ganarle la guerra a los grupos armados, sino que deben esforzarse por respetar las normas del conflicto.

La legitimidad como centro de gravedad de la Fuerza Pública

Como bien lo decía Sun Tzu (autor de El Arte de la Guerra) y tantos otros estrategas, la guerra se libra principalmente en el campo político. Es decir, en los intangibles. Y solo una tercera parte en el campo de batalla.

Así como se ha identificado el centro de gravedad del enemigo (AUI, Farc y ELN) en sus finanzas ilegales y los cabecillas, no debe caber la menor duda que la fortaleza de la Fuerza Pública radica en la confianza y credibilidad que el pueblo colombiano y la comunidad internacional puedan tener en ella.

Si un Estado pierde legitimidad ante los ojos del pueblo, de poco será lo que, en última instancia, le servirá el respaldo de las armas. Colombia se enfrenta a una etapa decisiva dentro del conflicto, donde el debilitamiento militar del enemigo es determinante para cortarle su prepotencia y conducirlo de manera forzosa a negociar. Pero este no es un argumento suficiente para que la Fuerza Pública pierda la legitimidad y la confianza que con tanto sacrificio ha ganado a lo largo de estos últimos años.

Existen los medios y los métodos legítimos y lícitos para el logro de ese fin. De allí la importancia de conocer de manera amplia y suficiente aquellas herramientas con que se cuenta diferentes a las armas para hacer la guerra y ganarla, dentro de los preceptos constitucionales y legales.

El derecho internacional de los conflictos armados (DICA), como se conoce en el medio militar o derecho internacional humanitario (DIH), no prohíbe la guerra, pero si la regula con el propósito que las partes involucradas acepten unas normas y eviten los desbordamientos de la violencia. El principio de humanidad no se contrapone a los intereses militares y por el contrario enaltece a los líderes militares y a sus soldados.

El derecho internacional humanitario abarca dos clasificaciones básicas. Primero, el derecho de la Haya que habla de las normas de limitación en cuanto a medios (armas químicas y bacteriológicas) y métodos ilícitos no permitidos para hacer la guerra (envenenamiento de aguas, bombardeos indiscriminados, etc). Y segundo, el derecho de Ginebra, que contiene normas relativas al respeto y protección del ser humano y sus bienes cuando se está en situación de conflicto.

Es por esta razón que el derecho internacional humanitario es considerado un derecho de mínimos, toda vez que lo que pretende es reducir el sufrimiento y la destrucción en una situación especial como es el caso de una guerra. Es esta quizás, la principal diferencia entre del DIH y los derechos humanos, que son por su parte, un derecho de máximos, pues su objetivo primordial es la protección del individuo en condiciones diferentes a las de una confrontación armada.

Existen eso si, derechos que son inalienables y cuya vigencia es permanente, incluso en estado de guerra y ellos son: el derecho a la vida, la libertad, la igualdad ante la ley, la no esclavitud, la no tortura, el juicio justo, entre otros.

El ámbito de aplicación del DIH está enmarcado por dos situaciones especiales a saber: Conflictos de carácter internacional y conflictos de carácter no internacional. Las normas que regulan estos conflictos de carácter internacional son los cuatro convenios de Ginebra de 1949. Los cuales fueron anexados a la normatividad interna del Estado colombiano con la Ley 5 de 1960 y El protocolo adicional I de 1977, el cual se aprobó con la Ley 11 de 1992.

Para el caso de los conflictos de carácter no internacional, el cual se da al interior de un Estado, entre las Fuerzas Armadas regulares y las Fuerzas Armadas disidentes, o entre las Fuerzas Armadas y grupos armados organizados, se regula por lo establecido en el artículo 3 común a los cuatro convenios de Ginebra de 1949 y el protocolo adicional II de 1977. Esta segunda norma se aprobó para Colombia con la Ley 171 del 16 de Diciembre de 1994. Tanto la Constitución Política de Colombia en su artículo 214 hace mención de manera general de las reglas del DIH, como el código penal (Ley 599 de 2000) en cuyo capítulo octavo, Título II, relaciona veintinueve delitos contra las personas y bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario. El Código Disciplinario Único (ley 734 de 2002), prevé como faltas gravísimas, las graves infracciones o violaciones al derecho internacional humanitario.

Ante este cúmulo de normas de ineludible cumplimiento ético, moral y material, y con la convicción que su estricta observancia antes que debilitar el accionar militar lo fortalece y engrandece, la Fuerza Pública colombiana, tiene todo dado para cristalizar el sueño de un pueblo cansado de violencia, corrupción y barbarie. Antes que pensar en el aniquilamiento del enemigo, que en el caso colombiano son nuestros mismos hermanos, el estratega militar debe estar pensando en el restablecimiento del orden constitucional en aquellos lugares donde el Estado no ha hecho presencia nunca, o lo ha dejado de hacer por muchos años.

La Fuerza Pública colombiana, ante el repliegue del enemigo, considerado por algunos táctico y por otros estratégico, debe utilizar como métodos de guerra primario, aquellos válidos y contundentes como son: la inteligencia, la astucia, la sorpresa, la maniobra, los medios psicológicos, etc. El enemigo está débil militar y políticamente, y es el momento de atacarlo; no solo mediante el uso de las armas del Estado sino con los intangibles, quitándole ese exiguo respaldo que le queda de la población, en las áreas donde ha gobernado y hecho presencia desde siempre.

La inteligencia hace parte fundamental de este patrimonio de los intangibles unido al artificio. La guerra no deberá concebirse en términos de grandes mortandades y destrucción; apoderarse de todo o casi todo sin destruirlo o dañando lo mínimo, ha de ser el objetivo propio de un estratega. El poder de la inteligencia, el engaño y la desorganización y división del enemigo a través del falso rumor, son elementos básicos y validos para el desarrollo de la guerra.

Operaciones cortas y contundentes; conocimiento del enemigo; atacar su mente; flexibilizar los planes y la maniobra; concepto de humanidad y el más importante de todos, pero que a la vez es el que requiere mayor estudio, análisis y trabajo; someter al enemigo sin luchar con él. Son estas estrategias y principios básicos que a pesar de haber sido escritos hace mas de veinticinco siglos, tienen vigor y aplicación, mas aún, si se tiene en cuenta que las fuerzas enemigas están conformadas por colombianos.

La Fuerza Pública colombiana debe ser capaz de debilitar y en el mejor de los casos derrotar al enemigo, utilizando la inteligencia, la astucia y la menor fuerza posible, para doblegar la voluntad de lucha del enemigo, presionarlo y hacer viable una pronta negociación. La destrucción y crueldad como métodos de guerra, generan heridas graves, profundas y difíciles de sanar. Para que la paz llegue, y esta sea estable y perdurable, se requiere de medidas sabias e inteligentes de los gobernantes y líderes militares para que el apoyo de la población hacia el Estado y su Fuerza Pública sea amplio y sincero.

Hacer la guerra en términos de humanidad y con la destrucción mínima necesaria, en un conflicto como el colombiano, no es tarea fácil y menos si se tiene en cuenta la crueldad y vileza del enemigo. El líder militar hábil, deberá estar en capacidad de doblegar al aparato militar y terrorista del enemigo sin necesidad de combatir, tomarse y ganarse las ciudades, pueblos y caseríos sin destruirlos ni sitiarlos y derrotar militarmente al enemigo sin necesidad de causar gran número de bajas ni destrucción.

La estrategia de guerra propuesta, requiere de las cualidades morales, emocionales e intelectuales del líder militar. La buena conducta de los hombres es fundamental para la obtención del éxito y del comportamiento del líder se deduce el comportamiento de sus hombres. El culto a la disciplina hace que los subalternos cumplan las ordenes normalmente sin cuestionar la legalidad de las mismas, pues se presume la buena fe y el profesionalismo de los comandantes que las emiten. De los comandantes solo se pueden y deben esperar ordenes legítimas.

La planificación antes de la toma de decisiones es fundamental, pues el conocimiento amplio y certero del enemigo, permite el desarrollo de operaciones militares rápidas, efectivas y con costos reducidos. "Ningún país se ha beneficiado alguna vez de una guerra interminable", afirma Tzu en su libro. Entre más compleja sea la situación, mayor debe ser la calma, sensatez y serenidad en la toma de decisiones. El líder militar debe tener la capacidad de enfrentar la realidad de la circunstancia que atraviesa con la teoría, conectar la mente y el corazón, para que la presión que imprime cualquier momento de dificultad, se pueda sortear con la serenidad que requiere para tomar la mejor decisión, cumplir la misión y obtener la victoria.

El tema de la confrontación es vital para el Estado y debe considerarse como un asunto de supervivencia, por eso el manejo que se de a la misma requiriere del mayor cuidado e interés por parte de los gobernantes y los líderes militares. Las situaciones victoriosas a través de la historia, se han dado, como resultado de la imaginación creativa de un líder. La genialidad y liderazgo del señor Presidente, unido a la capacidad, fortaleza y convicción de su Fuerza Pública, llevarán a Colombia a la victoria y por ende a la obtención de la tan anhelada paz.

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