Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

La seguridad y el orden después del fallo de la Corte

Pablo Enciso explica las dos opciones de las Farc ahora que Uribe podría ser reelegido.

La seguridad y el orden después del fallo de la Corte

Es indudable que el reciente fallo de la Corte Constitucional sobre la reelección presidencial tendrá efectos directos en diversos aspectos de la vida nacional, a corto, mediano y largo plazo. En materia política y económica, se ha superado la incertidumbre, se ha despejado el panorama y la tranquilidad ha regresado temporalmente a los mercados. La democracia colombiana ha superado un escollo difícil y las instituciones han dado muestra de estabilidad y fortaleza. Colombia se está convirtiendo paulatinamente en una de las pocas oportunidades en América Latina, mientras otros países de la región emiten señales confusas a los mercados internacionales, que desalientan la inversión local y extranjera y siembran incertidumbre. En materia de orden público, los efectos de la sentencia en los próximos meses pueden ser, paradójicamente, menos favorables, mientras que a mediano y largo plazo, el panorama tiende a ser mucho mas esperanzador. Esto, porque el peor escenario para las Farc se ha hecho realidad. La reelección de Uribe, tras la providencia ya conocida, es un hecho inminente, a menos que, de aquí a la fecha de la elecciones, medien circunstancias cuya trascendencia pueda alterar la percepción de la opinión pública local, que hoy en día se inclina mayoritariamente por apoyar un segundo término de la actual administración. Ahora más que nunca el grupo subversivo se enfrenta al dilema de actuar o no actuar. Por una parte, intensificar el terrorismo en los meses próximos a las elecciones, tratando por esta vía de desprestigiar al Presidente Uribe y favorecer la elección de otro candidato, implica correr varios riesgos, entre ellos, que el efecto pueda ser contrario a lo esperado. La opinión publica en vez de amilanarse, podría terminar entendiendo que precisamente el incremento de la violencia por parte del grupo, simplemente reitera la necesidad de la mano dura de Uribe. Adicionalmente, a nivel internacional, una escalada terrorista podría implicar costos adicionales, en un momento por demás inoportuno. No actuar, por otra parte, puede enviar una señal inequívoca de debilitamiento, que sin duda sería interpretada como un logro más de la política de seguridad del Gobierno. La segunda opción plantea un precio muy alto que sería preferible no pagar. De cierta manera, este proceso de toma de decisión por parte de las Farc podría tratarse no de elegir la opción más favorable, sino de elegir la opción menos inconveniente. ¿Tienen la capacidad de intensificar el terrorismo? Lo ocurrido en el trascurso del año en algunas áreas rurales, mayormente remotas, y hechos recientes como el ataque al Senador Vargas Lleras en Bogotá, parecen indicar que a pesar del esfuerzo de las autoridades y el progreso en las estadísticas, existen algunas células urbanas que no han sido desmanteladas y hay frentes que mantienen una capacidad ofensiva que no se debe subestimar. La posición radical y tozuda de las Farc, incluso en temas muy sensibles como el intercambio humanitario, permite pensar que, a corto plazo y después del fallo de la reelección, la dialéctica de las armas primará. Es posible que opten por expresar su opinión sobre los acontecimientos recientes, utilizando el lenguaje de los ataques contra la infraestructura energética y vial, los asesinatos y secuestros selectivos, en particular de actores políticos, y acciones terroristas puntuales contra blancos de impacto en áreas urbanas. Estrategia que se esforzarán por mantener durante la etapa previa al proceso electoral. Los efectos a mediano plazo podrían ser bastante más positivos. Los grupos armados siempre gozaron de la ventaja estratégica que significaba el tener un adversario diferente cada cuatro años, con distintos enfoques sobre el tema de seguridad. A mediano plazo, si Uribe es reelegido, la cosa sería a otro precio. La política de Seguridad Democrática, se convertirá en una política de Estado. Habrá coherencia y continuidad en el abordaje de los temas de orden público por un periodo de tiempo inusual, cercano a una década, algo que no tenía antecedentes y que los grupos subversivos no habían tenido que enfrentar antes. Esta situación podría marcar la diferencia en el largo plazo. La hipotética y probable reelección de Uribe, puede afianzar el apoyo del Plan Colombia, que ha resultado trascendental a la hora de darle a las fuerzas armadas la flexibilidad operativa y logística necesaria para emprender campañas militares complejas en la retaguardia de las Farc, como el Plan Patriota. Así mismo, traerá tranquilidad al proceso de desmovilización de las Autodefensas y podría coadyuvar a afianzar eventualmente los acercamientos con el ELN. Aunque la estrategia del Gobierno dista mucho de ser perfecta y tiene debilidades, sí goza de una fortaleza que resulta relevante a estas alturas de la partida. Más aun con vista a otros posibles cuatro años de la administración Uribe. * Ingeniero Naval. Master en Ciencias Políticas U. Javeriana. Especialista en Negociación y Relaciones Internacionales U. De los Andes.

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