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| 1/30/2005 12:00:00 AM

Las dos realidades de María

Jorge Candanoza, lector de SEMANA.COM, le explica a los sorprendidos por qué 'María llena eres de gracia' ha causado tanto furor en Estados Unidos y no tanto en Colombia.

No es nada nuevo decir que cuando alguna película tiene en su argumento el tema del narcotráfico, Colombia siempre sale a colación. Una de las primeras referencias al respecto fue Scarface (Caracortada) de Brian De Palma, en la que precisamente son unos colombianos el primer obstáculo en la carrera ascendente de Tony Montana.

Enumerar la relación droga-Colombia en gran parte del cine de los últimos tiempos es prácticamente imposible. El público norteamericano, por ejemplo, ha concluido ante esa visión sesgada de sus películas que las consecuencias del problema sólo se viven en su calles. Nunca, a la hora de sacar deducciones, se han puesto a analizar lo que le ha costado a Colombia llevar en sus espaldas ese doloroso estigma.

Tal vez el único filme que ha logrado captar casi todas las caras ocultas, pero igualmente dolorosas del mundo de la droga, es 'Traffic' (Tráfico) de Steven Sodemberg. El resto siempre ha expuesto el tema desde un superficial punto de vista, marginándose del problema social que la droga le ha dejado a Colombia.

Pareciera, según la mayoría de esas películas, que los colombianos vivimos felices de semejante papel, que estamos orgullosos de nuestra fama. Y no es así.

En la olla a presión del narcotráfico se han cocinado la mayoría de nuestras desgracias en los últimos años. Un fenómeno en el que hemos perdido casi dos generaciones enteras. Un veneno con el que se alimentan a diario todos los actores de nuestro conflicto armado, hemos perdido niños que se gradúan con la muerte luego de toda una infancia mercenaria, niñas que perdieron su norte y encontraron en el macho mafioso la respuesta material a su vida de plástico.

El narcotráfico ha agrietado nuestra honestidad, le ha restado mérito al esfuerzo intelectual, le ha construido peligrosos atajos a la idea de prosperidad, ha dictado con puntos y comas normas enteras en nuestra cambiante legislación, se ha filtrado sin obstáculos en todos los escaños sociales, pudriendo a gobernantes y gobernados, ha servido para pagar indulgencias ante tan productivo pecado por parte de la Iglesia, ha comprado emociones deportivas, concursos de belleza, le ha puesto precio a muchos colombianos, quitándoles el valor de serlo. En fin, el narcotráfico en Colombia ha sido un verdadero Apocalipsis.

Por eso es injusto que el mundo no vea tal situación y sólo atine a llamarnos traficantes, cuando en verdad todos los días pagamos con sangre el pecado de la venta, como si la compra no fuera la otra mitad del mismo pecado.

En el mundo del cine, el crimen siempre ha tenido una silla de honor. Desde las viejas películas de gangsters, pasando por la inolvidable saga de El Padrino, hasta llegar a Caracortada y otras ulteriores de mediano nivel y presupuesto en donde casi siempre el motivo de todas las venganzas, las muertes y la sangre que se derrama a borbotones es la droga.

El cine siempre ha visto al narcotráfico como un tópico fijo en heroicas historias de honor dentro de sus películas de acción. El narcotráfico reemplazó a muchos enemigos de Estados Unidos cuando éstos quedaron sepultados en los escombros de una cortina metálica. Y así nacieron nuevos héroes que se encargaban de vencer al nuevo demonio.

Por eso "María llena eres de Gracia" hacía falta, ya era tiempo que a alguien se le ocurriera contar su historia, y menos mal fue a un norteamericano a quien se le ocurrió, de lo contrario no nos hubieran tampoco creído.

"María." es simplemente otro cara del espectro, es ver el problema desde un camino aún no recorrido por los ojos del mundo juzgador. Como película, a los colombianos no nos cuenta nada nuevo, su historia ya la hemos visto en muchos noticieros de la noche o de boca de algún vecino, tal vez por eso la película no nos descresta y la actuación de Catalina Sandino no nos deja boquiabierto como a mucha gente le ha pasado en el mundo entero, no porque la película sea del todo mala o porque Catalina actúe mal, sino porque los colombianos hemos conocido personalmente a muchas Marías, que se han ido y que no han vuelto, hemos vivido y crecido con ese dolor.

La connotación de "María llena eres de gracia", debe dar para mucho. Tal vez sin pretenderlo la película contesta infinidad de preguntas en torno a la situación colombiana actual. Su argumento no sólo recae en la angustia de su travesía. Vale la pena preguntarse muchas cosas en torno a la situación de la protagonista y a la de todos los que la rodean: su familia, su novio, su trabajo, su abrupto embarazo, su entorno, sus posibilidades. Toda una cárcel de la que, por su talante, María saldría de cualquier forma y en la que no es difícil pensar en arriesgar una libertad tan relativa. En su cabeza es latente el dilema de quedarse a vivir como su hermana o su madre, luchando como madres solteras, con un trabajo de disciplina militar y entre un ambiente asfixiante para quien se atreve a mirar por encima de las montañas, o simplemente hacer lo que sea por emerger.

Para muchos esto es lo mejor de la película. María siempre tuvo la otra opción, en la que no arriesgaba nada ni ganaba nada. Ante esa incertidumbre y sólo con el arma de su inocencia se enfrenta a algo que no conocía con tal de no seguir muriéndose en vida.

Es decir, la película recae principalmente en los motivos que llevan a una persona a hacer algo así, a arriesgar su vida y la de su hijo por un mejor destino. El filme no cae en aspectos morales, pues la otra posibilidad siempre estuvo ahí y por sentirnos ciegamente cómplices de la protagonista, dejamos de ver el tamaño de su irresponsable riesgo. Ahí puede estar la clave de la historia, en su factura simple y honesta.

Es innegable que la película logra lo que se propone, dibuja con perfección los matices del personaje, exponiendo sus motivos, sometiéndonos a la angustia de su suerte, desafiándonos a pensar en las mil historias reales en las que está basada. Pero, hasta ahí, porque también es cierto que aunque el mundo tiene la obligación de aterrarse de cosas así, los colombianos lastimosamente hemos venido perdiendo la capacidad de asombrarnos ante la tragedia.

Por eso, es lógico que "María llena eres de Gracia", como película, no nos parezca del otro mundo, y que aquí entre nos, admitamos que Catalina Sandino no necesitó de mucha destreza actoral para interpretar un dolor del que ya tenía noción, porque ella y todos los colombianos ya nos sabíamos esa historia.

De todos modos la nominación al Oscar para Catalina debe hacernos sentir bien. Disfrutemos el momento, pero como siempre, vale la pena insistir en la necesidad de no quitarle los ojos a nuestra verdadera y apabullante realidad, la de muchas otras mulas que no tendrán ni la gracia ni la imposible amabilidad de los agentes de aduana que tuvo María Álvarez para salir airosa de semejante pesadilla.
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