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| 3/6/2005 12:00:00 AM

Los siete pecados de Antioquia

La desigualdad e indiferencia política son dos de los siete pecados que poco a poco hacen que Antioquia pierda su importancia a nivel nacional. Columna de Diego Calle, lector de SEMANA.COM.

Antioquia casi ha desaparecido del mapa de nuestra querida Colombia. La atención se centra hoy en el Departamento del Valle o en la misma Cundinamarca que es el centro del país. Sólo es noticia cuando estalla alguna de las crisis de Palacio Paisa o cuando emergen los mal llamados populismos que amenazan las encuestas del Presidente Uribe, hoy por hoy, denominan a Antioquia como la meca del Uribismo. Es especialmente oportuno, por ello, que nos detengamos ha replantear algunos aspectos de la vida cotidiana de las diferentes subregiones del Departamento y en especial que analicemos algunos puntos macroeconómicos y sociales del conjunto general que es Antioquia.

No cabe duda que Antioquia ha avanzado mucho en el desarrollo de la visión futurista desde la década pasada. No se puede hablar de otra década perdida, como la de los años ochenta. Nada tiene que ver la Antioquia de esos ochenta, con la de este nuevo milenio, con Administraciones Departamentales que han buscado de alguna manera seguir avanzando en el primer puesto a nivel nacional.

Hace un cuarto de siglo, de los 18 departamentos incluidos en los informes de Planeación Nacional, Antioquia y Cundinamarca cumplían con los criterios de las políticas básicas a nivel nacional.

En los años de vida Departamental, Antioquia ha salido avante decenas de veces en la recuperación de su liderazgo que la han consagrado como 'La grande'. Sin embargo, no hay progreso lineal, sino avances, estancamiento y retrocesos en las condiciones de vida y en el ejercicio de los derechos ciudadanos. Lo que se ha logrado no está asegurado. Se prefiere seguir pensando en la añoranza del pasado, como sistema que enmarca este sistema político, aunque se desconfía de sus capacidades para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Hay un dato estremecedor en un informe final de una encuesta que se realizo para un trabajo de grado: un 48.1%, de la población total del departamento, prefiere el desarrollo económico a la participación ciudadana en los temas de Educación, Cultura, Recreación y Deportes, un 44.9% de la población apoyaría a un gobierno que resolviera los problemas más apremiantes de la economía del departamento.

Estos son los siete pecados de Antioquia:

1. Déficit de ciudadanía social: Todos las Subregiones del Departamento sufren más desigualdad en la distribución de la transferencias que el promedio general de los municipios en su conjunto. Dieciocho municipios pueden ser catalogados como sumamente desiguales. En 15 municipios, más del 25% de los ciudadanos vive bajo la línea de la pobreza, y en siete municipios la proporción de pobreza supera el 50% de la población. Hay 209 mil personas cuyos ingresos se sitúan por debajo de esa línea de pobreza. Apenas existe un estado de bienestar: siete de cada diez nuevos empleos creados en las Subregiones desde 1990, corresponden a la economía sumergida y sólo seis de cada 10 nuevos empleos generados desde ese año en la economía legal tienen acceso a algún tipo de cobertura social (Sisben). Lo que plantea la gran desprotección de esas personas cuando lleguen a la edad de jubilación.

2. Déficit de ciudadanía civil: Los ricos casi siempre logran hacer valer sus derechos; los pobres, desplazados o indígenas experimentan serias desventajas legales. Falta mayor cobertura de oficinas dedicadas a la parte de Trabajo social.

3. Déficit de ciudadanía política: La mitad de la población prefiere el desarrollo económico a la democracia. Los no votantes constituyen el 26.5% de la población total del departamento, y los que están de acuerdo con la democracia pero creen que es válido tomar decisiones antidemocráticas en la gestión de gobierno, son el 30.5%. (Es decir, más de la mitad de los Antioqueños no están comprometidos coherentemente con el sistema democrático. No ejercer su derecho al voto).

4. Las reformas económicas no han cumplido las expectativas. En la década de los noventa se instaló un modelo económico neoliberal del que hoy muchos se sienten defraudados, o excluidos. Mejoró la macroeconomía pero no redujo la pobreza, aumentó la desigualdad y arrojó a muchos a la economía informal. Es importante aclarar que esto golpeo duramente a la fabricas en Antioquia, centro textil por excelencia de Colombia.

5. Mayor debilitamiento de Antioquia. Debemos de entender que un Estado débil debilita a un Departamento con poder. Ha aumentado la incapacidad de Antioquia para influir, controlar, regular o beneficiarse de los procesos nacionales o para resistir las tendencias hegemónicas en los planes económicos o políticos. La legalidad del Estado no se extiende a vastas regiones, en las que opera la "legalidad" mafiosa.

6. Los nuevos poderes fácticos. La extensión del narcotráfico, que intenta controlar parte de los aparatos estatales y que atrae la atención de Estados Unidos, genera nuevas formas de presión externa.

7. La corrupción. Impregna como un mal olor a una parte muy significativa de la sociedad Antioqueña: el 44.1% de los Antioqueños encuestados está de acuerdo con pagar el precio de un cierto grado de corrupción con tal de que las cosas funcionen. El dinero sucio o negro tiene efectos devastadores sobre una parte de las instituciones y de los dirigentes políticos antioqueños. (Diputados, Representantes Cámara, Senado, Concejales y Funcionarios de las distintas Administraciones Municipales)

El informe total de la encuesta describe una Antioquia donde las historias de éxito se mezclan con las de declive y fracaso. Y replantea el verdadero debate sobre la participación ciudadana en la política: cómo se resuelven las tensiones entre la expansión de la participación ciudadana y la economía, entre la no violencia y la búsqueda de la educación para la igualdad, entre el crecimiento económico y la pobreza, entre las demandas públicas expresadas libremente y las reformas económicas que demandan ajustes y sacrificios.

¿Qué sucede cuando los ciudadanos embarcados en la experiencia de la participación democrática comprueban que ella se divorcia de su contenido de educación, justicia y progreso (Antioquia Visión Siglo XXI, La mejor esquina de América Latina) ? ¿Cuánta pobreza y desigualdad resisten las políticas departamentales por la democracia? En Antioquia no hay malestar con la llamada Participación Ciudadana, sino con la Ciudadana Participación.

* Historiador Universidad Nacional de Colombia. Estudios en: Planeación Urbano-Regional. Gestión Cultural. Profesor e Investigador Social
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