Martes, 17 de enero de 2017

| 2005/02/14 00:00

"Los venezolanos no somos lobos"

Miércoles 16. Mauricio Martín, un colombiano por adopción y venezolano por nacimiento le responde a Ángela Maria Pérez su columna de ayer sobre Venezuela y su gente.

"Los venezolanos no somos lobos"

El articulo publicado en SEMANA.COM y escrito por la lectora Ángela Maria Pérez Moreno presenta aspectos muy interesantes (algunos no los comparto, otros sí) sobre las razones que ahondan y separan los dos países (Colombia y Venezuela).

Mi aporte (y razón por la que les escribo) esta orientado a precisar aspectos indicados por la lectora, a disentir con mucho respeto en otros y finalmente a expresar mi opinión en aspectos que contribuyan a explorar este delicado asunto.

Sea lo primero precisar que soy Colombiano por adopción (hijo de padres Colombianos) y Venezolano por nacimiento. Viví treinta años en Colombia, cinco en Perú y actualmente vivo en Venezuela. Por tanto, ruego que mis manifestaciones se interpreten como el resultado de una vivencia, de la experiencia (personal y profesional) y del afecto que tengo por los tres países. Desde luego sin desconocer sus debilidades y fortalezas, es decir, intentando ser objetivo pero con la connotación sentimental inseparable a tales vivencias.

Comienzo, refiriéndome a la observación de la señora Pérez: "El pueblo colombiano siempre ha sido conciente de su pobreza, de su enorme clase media y su diminuto grupo de gentes pudientes", y que esa conciencia colombiana se diferencia de la venezolana, dotada por la naturaleza con ciertas prerrogativas...

No estoy de acuerdo con dicha afirmación. Como lo describe la lectora en su articulo, líneas antes, por la teoría de conjuntos puedo decir que esa descripción de las circunstancias de pobreza, clase media y concentración de poder, no nos separa, al contrario nos une, no solamente con Venezuela, sino con todos los demás jugadores que hacen parte de alineación futbolística (excelente y muy simpático apunte) que la señora Ángela propone.

¿Qué diferencia entonces a los colombianos de hoy, de los Venezolanos de hoy? Claro, hay mucha historia por detrás que también contribuye a esa diferencias culturales, políticas y sociales, pero dejemos eso para otro articulo y veamos el "hoy" con un pasado mas bien reciente, mas pragmático y mas real: nuestras dos ultimas generaciones se han desarrollado en entornos diferentes. Colombia se ha desarrollado en un entorno de adversidad compuesto por conflicto armado y violencia, intolerancia extrema, inseguridad, fuerte injusticia, falta de solidaridad (crisis humanitaria), corrupción y narcotráfico (grave por la doble moral que se practica y aprenden las futuras generaciones) y pronunciado deterioro económico . y paremos ahí un momento.

Venezuela, por su parte, se ha desarrollado en un entorno de conflicto político (de ideologías y sistemas sociales), deterioro en la calidad de vida (especialmente en asuntos de salud), un poco de más tolerancia y solidaridad, así como un creciente interés de los venezolanos por participar en las decisiones trascendentales de su historia. Desde luego algún lector dirá: y acaso allá no hay también corrupción e injusticia?. Claro, pero tales asuntos no se convirtieron en graves problemas, no afectaron en la misma proporción las mentes y los corazones de sus gentes y no generaron la magnitud de la violencia que hoy vivimos los colombianos.

Comparto con la autora del articulo (aunque con visión diferente) su observación de que Colombia ha tenido que desgastarse y de ahí sus males, en otros asuntos diferentes a la búsqueda de sus mejores opciones de progreso. Y yo agrego, los Colombianos también perdieron interés o motivación en esos asuntos, y de ahí también sus males. Estamos desanimados y hemos venido perdiendo la esperanza de que esos problemas tengan remedio. A veces pareciera que salen luces al final del túnel e intentamos abrazarnos a ellas, pero se anticipa algún lunar negro (llámese desfalco, ataque terrorista, masacre, injusticia) que la embarra, y volvemos a lo mismo pero con más desesperanza.

Pero aquí si que valdría la pena utilizar esa expresión popular: el pueblo es culpable de su propio destino y bien merecido se lo tiene. Hemos dejado en otros (los menos capaces e incompetentes, en los mediocres, en los corruptos y hasta en los ignorantes en la materia) que decidan por los demás. A los colombianos parece que ya no les interesa, o no tienen motivación, o no encuentran los mecanismos justos para participar y por tanto escoger a los mejores (políticos, personas o profesionales) para las posiciones correctas, donde los necesitamos y eso en mi opinión es muy grave pero desde luego es tema para otra oportunidad.

Es como el partido de fútbol al que se refiere la señora Ángela, pero en nuestro equipo están jugadores que no saben jugar fútbol, otros no tienen ni idea del por que están jugando ese partido, otros parecen jugadores de ajedrez y hay unos, los mas peligrosos en mi opinión, que están en el equipo para ver que provecho pueden sacar y no les importa hasta hacer auto goles si de por medio apostaron a que su equipo perdería. Es decir, con ese equipo ni soñar en meter un gol y mecho menos ganar.

También pregunta la señora Pérez: ¿Nos conviene tener una nueva Cuba de vecino? Por Dios, no. Colombia es un país que busca la democracia y anhela respirarla pronto.

Antes de realizar mi comentario, recuerdo que soy tanto Venezolano como Colombiano y que no tengo ninguna relación a actividad relacionada específicamente con partidos políticos, ni en Venezuela ni en Colombia. Expreso mi opinión política, de manera libre y espontánea, solo como dije antes, con base en mi vivencia. Pero expreso mi opinión política porque así debe ser, porque con mi opinión y mi voto, participo y decido para no lamentar más adelante el resultado, o pero aún, pensar que si lo hubiera hecho.. tal vez el presente sería diferente.

Mi comentario al respecto, comienza por traer a esta nota lo que manifestaron los periodistas de la W hace pocos días respecto a que la guerrilla también secuestró el pensamiento de izquierda y como ahora esa guerrilla es terrorista, pues se concluye entonces que: Izquierda = desastre.

La social democracia (pensamiento de izquierda) condujo a países como España, en los últimos ocho años, a convertirla en una potencia Europea y como lo observa en su articulo la señora Ángela, algunos países suramericanos (Brasil, Ecuador, Venezuela y hasta Argentina) están dirigiendo sus esfuerzos en ese sentido. Eso, en mi opinión, no convierte a Latinoamérica en una bomba de tiempo como lo expresa la autora del articulo.

¿Por qué van esos países en esa dirección?, ¿será que tantos están equivocados? Colombia debe estudiar, pero no a sus vecinos para lograr un acercamiento, sino los principios, fundamentos, estrategias, acciones y resultados de esquemas (o ideologías) políticos donde prime el enfoque social, así de fácil pero así de complejo también. Claro, los vecinos tampoco han estructurado una social democracia madura, pero ahí van. con muchas dificultades pero realizando un esfuerzo por consolidarla. El caso de Venezuela es interesante. Le puedo asegurar, y así lo siento, que no se trata de un intento de cubanizar la patria, eso hoy es imposible. Primero, porque como bien lo observa la autora, geográficamente (físicamente) no somos una Isla. Esa ya es una tremenda dificultad para realizar lo que hiciera Castro en su país hace 40 años. Pero segundo, aunque fuéramos una isla, la globalización de la economía y el espectacular avance de las comunicaciones (Internet) le impide a cualquier gobernante sensato, si quiera intentar aislar a sus ciudadanos para convertirlos en simples ovejas de un régimen.

Y menos si son venezolanos, porque como también lo observa la autora, la idiosincrasia del venezolano y su calidad de vida (aunque deteriorada) no comparte ni se deja manipular para ser conducido a ese sistema político, hoy obsoleto.

Hay que ser sinceros, el Chavismo ha venido presentando su tesis de una manera, digamos, comunistoide, cierto. Pero eso se debe a la inmadurez, que antes indiqué, porque en nuestro equipo también hay jugadores incorrectos (que estamos tratando de cambiar) y porque en ese esfuerzo por alinearse con una ideología social, llámese social-democracia, los filósofos también están en deuda con sus aportes. Pero también debe decirlo con igual franqueza, yo mismo me he sorprendido de los últimos cambios del discurso chavista donde ya se incluye el concepto y hasta la frase de "social democracia". Tal vez sea el resultado de una visita del presidente Venezolano a España a finales del año pasado, no lo sé, pero las ultimas decisiones del gobierno Venezolano si están dirigidas a conceptos claves en ese sentido y que el mismo ex presidente Aznar (en entrevista que le hiciera RCN hace un año) manifestara como acción clave de su gobierno y de la social democracia: la integración. Para la muestra unos ejemplos: La semana pasada, Venezuela y Brasil firmaron 30 convenios de cooperación económica y social, hace dos semanas otros tantos con Argentina y hasta con Colombia en el mes de Noviembre. Yo, con sinceridad, veo que en esa línea si es el asunto. En esta región hemisférica todavía tenemos mucho que hacer y recursos de donde asirnos, antes de tener que recurrir a la ayuda internacional (que entre otras cosas es mendigante. Y esa sí, humillante).

Por ultimo, parafraseando su excelente apunte futbolístico, voy a sacar una tarjeta roja: los venezolanos no son (somos) lobos, ni raros, ni amanerados, ni siquiera puede hoy afirmarse que son (somos) incultos. Mal haría, comenzando por auto-ofenderme, si para responder esas "observaciones" le dijera qué son (somos) o cómo son (somos) los colombianos. Precisamente juicios peyorativos (sean verdad o no) han sido en años recientes importante causa de esa susceptibilidad que existe hoy entre Colombianos y Venezolanos (también tengo un par de hipótesis más sobre esa sensibilidad que dejaré para otra ocasión). Sensibilidad que algunos dicen es tirria, otros resentimiento, pero que en resumen dificultan esa integración que tanto necesitamos .

Son culturas diferentes, sí. Peores o mejores, de ninguna manera. Es precisamente el reconocimiento de la alteridad, mostrando verdadero respeto por la opinión del otro (aunque no se comparta) lo que contribuye a generas espacios de diálogo, comprensión y aunar esfuerzos para que, definitivamente, derrotemos los males que nos aquejan.

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