Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/25/2005 12:00:00 AM

Más sobre la TV

Aunque "la gente está cansada, saturada y literalmente hastiada de ver tanta basura", los canales siguen con sus producciones sin imaginación. Columna de Oscar Agracé, lector de SEMANA.COM.

Pareciera que el televidente colombiano ha alcanzado un elevado grado de autonomía en sus criterios. El sentido crítico del país está en pleno grado de madurez mostrando que, pese al cúmulo de basura que transmiten los medios, la teleaudiencia de todas las edades, todos los estratos y todos los rincones de la geografía nacional claman por un cambio radical, un replanteamiento de lo que nos venden, y una reevaluación referente a aquello que de verdad desean ver los colombianos.

¿Qué pasó con el sentido creativo, original y trasgresor que empezaba a ser reconocido como el sello de lo "made in Colombia"? Los actuales índices de audiencia muestran que la gente ya no elige, como en épocas pasadas, la mejor opción de un canal, sino la "menos peor", optando incluso por producciones que sólo son dignas de crítica severa. En años anteriores era una tortura china elegir entre una u otra opción por la impecable puesta en escena y las excelentes actuaciones de verdaderos actores, que daban peso y credibilidad a creaciones literarias inusuales y difíciles de clasificar. ¡ Y sólo teníamos tres canales para elegir!

La gente está cansada, saturada y literalmente hastiada de ver tanta basura. La manera de demostrarlo es cambiando de canal hacia historias extranjeras, series enlatadas de canales de cable, como Fox, Sony, y Warner Chanel entre otras. Pese a eso, los canales nacionales siguen presentando de modo inmisericorde las mismas historias desgastadas, involucionando el concepto de televisión con calidad que tantos años tomó crear.

El primer campanazo de alerta debiera ser lo que ocurrió con el canal Fox, y un reality que tuvo que ser archivado, pese a la gigantesca inversión que requirió, sin que por ello el público soportara su decadente formato. ¿Acaso se ha acabado el morbo de los televidentes, requisito indispensable para sostener al aire un reality? En lo absoluto.

Tal y como lo expresan sin excepción todos los críticos y analistas de televisión que estudian el formato, el morbo del ser humano por conocer la vida íntima de sus semejantes es tan antiguo como la vida misma y, por ende, tan absurdo de desterrar como el concepto mismo del bien y del mal. De hecho, no tiene nada de malo que los productores de televisión aprovechen ese enorme filón para enriquecer sus historias y obtener con ello los índices de audiencia deseados.

Pero desgastar, saturar, hostigar y cansar al televidente no tiene nada de gracioso. No se necesita ser un experto para comprender que existen maneras infinitas de contar historias creibles, lógicas, coherentes y humanas, pero haciéndolo de una manera fina, respetuosa (tanto para el televidente como para los directos participantes de los programas) y entretenida.

¿Necesariamente tiene que ser un programa con formato de reality? Opino que no. El esquema como tal está tan desgastado que existen pocos ejes temáticos que puedan atrapar de verdad al televidente, y los factores comunes que enlazan al público con dichos formatos está presente en todos ellos, independiente del tipo de producto. Pese a ello, el público ha expresado de mil modos que está cansado y que tanta ramplonería y ordinariez tiene un límite. El vigilante de cuadra, el mensajero, el policía, la enfermera, el médico cirujano y todos los demás colombianos que se emocionaron hasta las lágrimas (literalmente) cuando Jaider Villa se impuso a Daniel Arenas no quisieran encontrárselo en ningún lugar.

Todos ellos finalmente comprendieron que los diferentes formatos tienen un solo fin: mostrar el lado más desagradable de la naturaleza humana, y ya comprendieron qué en realidad, tal y como lo planteó la novela "El Auténtico Rodrigo Leal", todo ello forma parte del show, y que en ese camino se juega con el sentido crítico del televidente, y comprender eso no tiene nada, absolutamente nada de gracioso.

Al fin de cuentas, esas historias cuentan con los mismos ingredientes que todas las historias que se han escrito de Shakespeare hasta nuestros días: amor, bondad, envidia, celos, avaricia. ¿qué pueden tener de novedosas esas emociones?

De lo que se trata, y aquello por lo que propugna la lógica y el sentido común es retomar los ingredientes que dichos esquemas aportaron al sentir común, aprovecharse de ellos, pero sacudirse de ese karma y hacer televisión que pueda ser vista (y apreciada) por todos los estratos, todos los niveles de escolaridad y todos los grados de apreciación, sin decaer en el intento y sin caer en intentos facilistas, inmediatistas, amarillistas y efectistas, sin que se tenga que sacrificar por ello el sentido de la calidad artística.

A los televidentes no nos molesta que se toque de modo frontal la sexualidad, con todas sus múltiples variantes. Lo que nos molesta es la ordinariez y la falta de finura. ¿Quién no ha visto "Sex in the city"? ¿Qué es lo que atrapa de esta serie? El desparpajo, la honestidad y más que nada, la frescura. Franqueza para hablar de aquello que realmente aman las mujeres: sexo, zapatos y hombres (en ese orden exacto); honestidad para tocar los más íntimos y corrientes sentimientos de hombres y mujeres sin buscarse situaciones fantasiosas y caricaturescas. Si algo tiene esta serie es cotidianidad y frescura. Si bien es cierto que el 80% de las mujeres de la tierra no compran zapatos de Manolo Blahnik; no tienen dinero para suscribirse a Cosmopolitan, y no tienen una vida tan glamorosa como las de sus cuatro protagonistas, el 90% de las mujeres quisieran tener la misma vida de ellas. Un 2% restante no anhela esa vida simplemente porque ¡ya la tiene! Y el 8% adicional quiere convencerse a sí mismas que les repugna la moral del cuarteto, pero secretamente, las siguen, a ver con qué saldrán cada nuevo día.

Y para qué seguir. La televisión por cable está llena a montones de ejemplos ¿Qué les pasa a los productores colombianos que temen mostrar la realidad de las mujeres en la televisión? Los personajes caricaturizados interpretados por nuestras estarlettes (y algunas prestadas) sólo provocan rechazo, fastidio y vergüenza ajena. Lo atrayente, son las personas ambivalentes, llenas de defectos, pero también de virtudes, la gente contradictoria, y más que nada humana. Los seres que se encuentran en la gama de grises, más que en un extremo de la blancura inmaculada o la negrura absoluta son aquellos que nos permiten de verdad sentirnos reflejados.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.