Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/09/18 00:00

Por la valorización que no queremos

¿Se le olvidó a Garzón lo que prometió en campaña?, se pregunta el concejal del Polo Democrático, Bruno Díaz, sobre el interés del Alcalde de sacar adelante la valorización.

Por la valorización que no queremos

¿Le parece insólito, ciudadano lector, que los concejales del Polo digamos no a la valorización propuesta por el Alcalde Garzón y que los peñalosistas se rompan el alma en su defensa? ¿Se extraña Usted de la visita relámpago de Peñalosa al Concejo para apuntalar votos en favor del proyecto estrella "de Garzón"? ¿Se volvió Peñalosa de izquierda o fue que Garzón se "metamorfoseó"? ¿El mundo al revés? Juzgue Usted.

Defender el proyecto argumentando que en Bogotá se necesitan las obras, es como advertir que para progresar en Colombia se requiere la paz. Son perogrulladas de infinita simpleza. Igual es decir que el proyecto es bien intencionado y por tanto hay que aprobarlo tal cual viene, de una y sin visaje. Si así es como operan las corporaciones dignas, apague y vámonos.

Por eso resultan desinformantes las versiones de origen palaciego según las cuales lo que está en juego es que "el alcalde no da juego". Si es así como quieren adelantar el debate, es la propia administración la que saldría mal librada. No se lo recomiendo. Manera tan chabacana de despachar las críticas no se compadece con la seriedad de las mismas ni con la calidad de los interlocutores, que aún no han salido todos al ruedo.

No somos enemigos per se de los impuestos. Nos gustan los impuestos porque son indispensables y en Bogotá existe ya una cultura de responsabilidad ciudadana. Nuestra historia reciente demuestra que sólo el demagogo, para atraer adeptos, se ofrece diciendo que no los cobrará. Pero si aceptamos que sobre los bogotanos recae una enorme carga tributaria nacional y distrital, bien vale la pena revisar que se cobre lo justo, que se maneje bien el recaudo, que las obras se diseñen con rigor y que se construyan bien. Y que haya obras para todos. Estas son tareas propias de los Concejos.

Ahora bien, resulta que con este proyecto se han cometido varias pifias. La primera gran pifia es que esta Administración, la de Garzón, quien no ha mostrado el conjunto de obras que requiere la ciudad entera. Para ellas, la Valorización -contribución que se cobra a los pudientes- es sólo una porción. El que sólo se presente la porción de obras a realizar por este cobro lleva a que los sectores más vulnerables, al no poder contribuir con el pago de "sus" obras, se queden sin ellas o que, si están de buenas, se las programen para dentro de quince años.

Argüir que los estratos altos pagarán más y que los pobres pagarán menos es engañoso. La progresividad del cobro debe ir unida a la subsidiariedad y a la solidaridad, para que los que pueden pagar "sus" obras al norte, contribuyan a financiar las obras de la Bogotá sureña. Por ello, en vez de una Valorización por Beneficio Local como la propone Garzón, que sólo abriga a los que viven cerca, sería recomendable una por Beneficio General, procurando lo que el concejal De Roux denominó Equidad Vial.

Aun cuando la lista de observaciones críticas -en lo jurídico, tributario, técnico y político- es mucho más larga, la discusión ya va mostrando que este es un proyecto flojo, pues entre otras razones, reduce perfiles viales del POT, carece del componente ambiental y no propicia un modelo de ciudad incluyente, equitativo y participativo. Además un verdadero Plan Vial debe contener distintas fuentes tales como plusvalías, transferencias y créditos.

La segunda gran pifia es que esta Administración, la de Garzón, se nos está chupando del compromiso para enfrentar y corregir las herencias aberrantes del pasado. Esta debería ser la oportunidad de oro para examinar el conjunto de los recursos que la ciudad invierte en infraestructura, porque gran parte de los mismos se dirigen a seguir subsidiando -con el correspondiente deterioro de la malla vial arterial, secundaria y barrial- a los inversionistas particulares del Transmilenio. ¿Hasta cuándo? ¡Debe estar feliz Peñalosa viendo a Garzón pasar de agache!

Y aquí la tercera gran pifia. Garzón, que se comprometió a realizar consulta popular para nuevos tributos, ahora se niega, y en la escurrida dice que él asumirá "el costo político" (lo mismo dijo -textual y en ademanes- Peñalosa cuando le destapamos su gran pifia del relleno fluido). En este momento nuestro ex -sindicalista, hoy alcalde, quiere extraditar de la discusión a las JAL, a las Juntas de Acción Comunal, a los Consejos Territorial y Locales de Planeación, a las organizaciones sociales, a los partidos. ¡Bueno, compa, asuma el costo político!

La participación ciudadana y la concertación son esenciales para la construcción democrática de ciudad y son columna vertebral del Plan de Desarrollo Bogotá sin Indiferencia. Para el Polo Democrático acudir al pueblo no es una treta electoral, es cuestión de principio, y cumplirle después de las elecciones no es abalorio desechable, es un imperativo ético, sobre todo en materia de cargas. No quiera Garzón aparecer ahora como un moderno Judas, de esos que ya no se ahorcan. Ahorcan a los demás.

Sería muy triste, viejo Lucho. ¿Y el PDI? ¿Qué significa en cristiano su deslizamiento hacia "el centro"? ¿Peñalosa es el centro? ¿En ese "centro" le están enseñando a aceitar mayorías espurias, como las que armó para aprobar este proyecto en la comisión de presupuesto del Concejo? ¿Se le olvidó a Garzón lo que prometió en campaña, desde una clara postura de izquierda democrática, con la que obtuvimos tamaño respaldo popular? Convendría recordarle al prometiente candidato presidencial del 2010 que hay personas que no olvidan: las olvidadas.

* Concejal del Polo Democrático Independiente
brunodiaz_pdi@hotmail.com

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