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| 3/13/2005 12:00:00 AM

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Lunes 14. Los esfuerzos mundiales deben encaminarse a crear un organismo supranacional que sí pueda velar por los derechos humanos y combatir las injusticias. Columna de Ricardo Montenegro.

Cuerpos desnudos apilados uno encima de otro, botas, látigos, cuero, accesorios militares, cadenas... no, estas fotos no son de una fiesta sadomasoquista. Son la evidencia de las torturas propinadas en la cárcel de Abu Graib (Irak), en donde se rebajó la dignidad humana poniendo en cuestión nuestro nivel de civilización a nombre de la libertad, la paz mundial y la lucha contra el terrorismo.

Los discursos, las resoluciones, las marchas, los conciertos pacifistas y hasta la jornada de protesta de 20 gatos en Bogotá no lograron impedir una nueva invasión de Estados Unidos a Irak. Ante la impotencia de los demócratas del mundo la intervención militar se llevó a cabo hace dos años y aún no acaba, quedando en evidencia las fallas del sistema para la paz mundial.

Seis décadas atrás, se reunieron en San Francisco 50 países para participar en la primera Conferencia de las Naciones Unidas que dio origen a esa organización cuyo principal objetivo es mantener la paz, mediante la cooperación internacional y la seguridad colectiva. Pero una cosa es lo que se escribe en el papel y otra muy distinta la que puede llevarse a la realidad. Actualmente, a pesar del grandioso esfuerzo que hacen algunos funcionarios de la ONU, esta no es capaz de cumplir el objetivo para el que fue creada.

Fuertes han sido últimamente las críticas alrededor de este organismo multilateral. Escándalos como el de Kojo, hijo de Koffi Annan, quien se embolsillaba de una multinacional una mensualidad extra debido a su "coincidencial" relación con el programa "Petróleo por Alimentos" (diseñado para aliviar el embargo en Irak al finalizar la primera guerra del golfo) en nada ayudan a la defensa de este importante espacio de concertación internacional.

Por otro lado, el genocidio ruandés en 1994 - magistralmente llevado a la pantalla en el filme "Hotel Rwanda" nominado al Oscar - corroboró la ineficacia y de paso logró la destitución del brazo derecho de Annan, Iqbal Riza, del cual se descubrió acumulaba demasiado poder dentro de la ONU, obligándonos a pensar en la urgente reforma a la institución antes que "por la derecha" los de derecha la desaparezcan.

Pilotear la ONU no es fácil, debe maniobrarse entre los vientos de guerra de las potencias y los vientos de cambio que exigen los países pobres o del Tercer Mundo, que por cierto son la mayoría. De todas formas, logros como el Protocolo de Kyoto y la Corte Penal Internacional se imponen aún contra la voluntad de Estados Unidos, país al que no le incomoda el papel de policía del orbe, siempre y cuando sus empresas se favorezcan.

Se requiere un organismo superior a los estados nacionales para lograr la prevalencia de los derechos humanos frente a las ambiciones personalistas de dirigentes que, por beneficiar a sus amigos o a si mismos, se "pasan por la faja" el ordenamiento jurídico. Si el sistema mundial de justicia no existiera, quizás, torturadores como Pinochet o el recién detenido pederasta nazi Paul Schaefer, seguirían "muertos de la risa" esperando sólo el juicio divino, del cual humano alguno ha conocido sentencia.

Si se superan la negligencia administrativa, el nepotismo y la debilidad ante los países grandes fortaleciendo financiera y militarmente al organismo, para que cumpla su labor en favor de los derechos de todos los humanos, podría avizorarse un orden mundial mas justo y una lucha antiterrorista que respete las libertades individuales, garantizando que usted o yo no seamos llevados "de rumba" a Abu Graib y mas bien podamos decidir si participamos voluntariamente en una fiestecita sadomasoquista o no.
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