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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Se fue Mile, el hijo de "la vieja Sara"

Martes 01. Fabio Parra, lector de SEMANA.COM, lamenta la muerte de Emiliano Zuleta, pero agradece que su legado siga con 'La gota fría' y la música de sus hijos.

El gran Emilianito, nacido el 11 de enero de 1912 en La Jagua del Pilar, Guajira, aprendió a tocar acordeón en un instrumento que le robo a su tío Francisco Salas, se escondió en La Sierra y cuando volvió ya era acordeonero. En la mañana del 30 de octubre de 2005 colgó el acordeón y marchó a esconderse para no volver. Partió a la búsqueda de los otros grandes músicos que se marcharon primero. Se fue a tocar con Lorenzo Morales, Carlos Araque, Luis Pitre, Francisco "el Hombre", el Chiche Guerra, Chico Bolaños, Luis Enrique Martínez, Alejo Duran y los demás de su época con quienes compartió parrandas, los que ya lo estaban extrañando pa' bebé un buen trago y compartir un verso. Convertido en leyenda, habiendo recibido todos los homenajes en vida, nos abandonó uno de los magnánimos reyes, el de la casa azul en la rivera del Guatapurí, el juglar símbolo de una época, creador de la dinastía Zuleta. El hombre que gracias a La Gota Fría es el único colombiano reconocido por la Sociedad Americana de Compositores y Editores de Estados Unidos (ASCAP), con el primer lugar entre los artistas latinos. Y como si fuera poco, este año fue considerado uno de los reyes vitalicios de la canción inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata. Para su fortuna y las de los amantes de la cultura caribe, sus hijos y sus nietos siguen haciendo grande el apellido Zuleta y componiendo versos al mejor estilo de su maestro. De la dinastía Zuleta me aficioné a finales de los 80, en las parrandas de la familia de mi padre, en las que La Gota Fría, Carmen Díaz, El Gallo Viejo, La Pimientita o El Piñal, eran canciones infaltables en los acordes de los grupos vallenatos. Y para los jóvenes y niños que acompañábamos estas fiestas estaban las canciones de los hermanos Zuleta que se nos hacían más familiares. Cuando conocí a sus hijos sentí esa energía que penetra por los poros y que heredaron de su padre. Sus temas son característicos del siglo XX. Él, sin llegar a tener una cultura literaria vasta, logró ser de los mejores poetas del folclor. Sus versos no tienen palabras bonitas, no están hechos para ser criticados por literatos, simplemente representan la cotidianidad como ninguno puede representarlo, la vida diaria hecha verso. Nunca aprendió a escribir sus canciones, pero se las sabía de memoria. Y cuando aprendió a firmar, lo hizo para un trámite notarial. Con su Gota Fría ya se inmortalizó. Estoy seguro de que partió con tranquilidad y felicidad dejando en esta canción su legado, la que para muchos como Daniel Samper es uno de los Quijotes del Vallenato, de la que García Márquez dijo: -tiene que ser el punto de partida para los compositores modernos-. La canción que narra el momento cuando su gran amigo Lorenzo Morales abandona Urumita. Él aseguró que conoció el aburrimiento a los 86 años cuando sus problemas cardíacos lo obligaron a abandonar Urumita -yo creo que es mejor morirse que estar aburrido-. Tomó whisky escondido de sus hijos hasta el ultimo momento. Sus amigos dejaron de visitarlo porque no querían cargarse su muerte ya que por su terquedad no les permitía negarle un trago. El que siempre lo visitó hasta el día anterior a su muerte fue Lorenzo Morales. A la hora de su fallecimiento ya se sentía cansado, consideraba haber vivido lo suficiente y haber gozado por unos cuantos. Murió la persona, se fue el gran "Mile" pero sus más de cien canciones quedan para recordarlo y especialmente su Gota Fría, grabada diferentes géneros por decenas de artistas, la canción más popular de nuestro país. El viejo Emiliano seguirá vigente en nuestro folclor con sus cantos, sus versos y todo su legado que hace parte del patrimonio musical que se prolifera en cada parranda para ejemplo de las generaciones venideras. Paz y música de acordeón en la tumba de Emiliano Zuleta Baquero, uno de los últimos juglares hecho leyenda.
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