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| 1/16/2005 12:00:00 AM

Sexo: muertos de la dicha

Miércoles 19. Ximena Gutiérrez, lectora de SEMANA.COM, le recomienda a las autoridades fijarse en las Necesidades Sexuales Insatisfechas de los colombianos. Allí puede estar la explicación de la violencia.

En serio, voy a proponerle a mi amigo, Carlos Alberto Lenis, el director del Dane en el Suroccidente, que para el Censo 2005 le sugiera a sus jefes en Bogotá incluir en el sistema de medición de la calidad de vida, un 'ítem' similar al de las Necesidades Básicas Insatisfechas -NBI.

Esta vez no se trata de saber qué les falta a los colombianos para sobrevivir físicamente, sino más bien conocer de qué adolecen emocionalmente. Incluso ya tengo el nombre para esa variable: ¿Qué tal si averiguamos cuáles son nuestras Necesidades Sexuales Insatisfechas -NSI-? Porque en realidad, si nos atenemos a lo que dicen los expertos en el estudio de las emociones humanas, Colombia podría entrar en la categoría de ser un país mal tirado.

Algo parecido nos dijo Gabo hace algún tiempo, cuando escribió el prólogo para ilustrar el informe de la Comisión de Sabios sobre la educación que se imparte en el país.

Los colombianos somos capaces de las más extrañas pasiones: ¡Odiar con toda el alma y amar con el corazón! No es entraño, entonces, que aquí nos matemos por amor y que el sexo no sea más que una expresión violenta de ese primitivo y cavernario instinto. Muertos de la dicha, asistimos a una nueva versión de los 'Men's Studies' norteamericanos. Sexo y violencia van de la mano. O sino, ¿cómo justificar un asesinato sólo porque alguien se niega a bailar o le quita la mujer a su vecino? ¿No hay algo de violencia en aquellas escenas sadomasoquistas que divierten a las parejas swinger?

En realidad no existe un factor clave que nos aclare cuál es la variable que incide en el comportamiento violento del ser humano. Si nos atenemos a los expertos, entonces el filósofo y General, Manuel José Bonett tendría razón cuando en 1997 LE sugirió a las mujeres de los guerrilleros abstenerse de tener relaciones sexuales para obligarlos a dejar las armas. No sobra recordar que ningún 'pelotón' accedió a la propuesta.

Con todo y esto, no está probado que a mayor satisfacción sexual menos propensión a la violencia, porque entonces hace rato Cali y Medellín ocuparían lugares destacados como pueblos pacíficos. Y lo digo porque, según las estadísticas, éstas dos ciudades -violentas por naturaleza- son los sitios donde más se mueve el negocio de los moteles.

Si en el Dane me paran bolas, entonces sería posible hallar entre Eros (dios del amor) y Tánatos (dios de la muerte) una explicación al origen de nuestra Violencia. Y con base en esos resultados, educar en la sexualidad, es decir, en el respeto de género, para formar niños y niñas más afectivos y menos agresivos. Capaces de convivir en la diferencia. Respetuosos de la intimidad. Sensatos frente a la adversidad. Sensibles para asombrarse ante la injusticia. Seres más tolerantes, comunicativos y solidarios, pero, sobre todo, respetuosos de la vida y la dignidad humana. Las NSI, o Necesidades Sexuales Insatisfechas, tienen un medidor básico: el afecto y la comprensión.

(*) Ex Edil de la Comuna 5 de Cali. Becaria del National Democratic Institute. EE.UU.
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