Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/06/05 00:00

Sin nada ni nadie en el mundo

Martes 07. Antes de ser desalojados del Cartucho, los indigentes eran invisibles. Ahora, cuando invaden la ciudad, se hicieron presentes como "el fenómeno más lacerante de la sociedad consumista", opina Darío Acevedo, lector de SEMANA.COM.

Sin nada ni nadie en el mundo

Les dicen los ñeros, deambulan por las calles de las grandes ciudades escarbando en las basuras para encontrar algo que revender y algo que comer. Son mirados con desdén y con fastidio porque son sucios y huelen mal.

Dicen los estudios que en Bogotá ha aumentado el número de indigentes en un 30 por ciento en los últimos cinco años y que ya suman unos ocho mil individuos. No hay estadísticas confiables sobre el asunto en otras ciudades del país. Pero se justifica pensar que en Medellín, en Cali, en Barranquilla y en Bucaramanga, el triste fenómeno ha crecido de modo alarmante.

En la capital el tema ocupa la atención de los diarios y de la ciudadanía porque los ñeros, indigentes o "desechables" -que es otra cruel denominación que se les da- fueron expulsados de su tradicional habitat en la zona del Cartucho. Ahora se han desparramado por toda la ciudad provocando el disgusto de la población que sabe de ellos pero que no los quiere ver tan cerca. Mientras estaban en El Cartucho no había problema, era como si no existieran.

La Alcaldía de Bogotá, a pesar de estar en manos de un gran dirigente de la izquierda, no tenía un programa alternativo, tal parece que tanto allí, como en otras partes, el fenómeno desborda las posibilidades de respuesta.

La desgracia de este sector es tal que donde quiera que vayan, los vecinos se consideran afectados por su presencia, salen a protestar y a exigir que sean llevados lejos de su alcance. Nadie los quiere. Esta sociedad consumista se niega a considerarlos como seres humanos y que lo mejor sería enviarlos bien lejos donde no molesten ni asusten ni dejen su rastro de malos olores.

Los ñeros constituyen el fenómeno más lacerante de la sociedad consumista. Son los desadaptados de los nuevos tiempos. Pero también son aquellos que, además de carecer de oportunidades o de haber naufragado, no tienen pan, ni techo ni afecto.

Dentro de los miles y miles de desplazados del campo por razón de la violencia, dentro de los miles que en las ciudades luchan infructuosamente contra la tragedia del desempleo, ellos ocupan el lugar más humillante, más allá del cual no hay nada, están debajo no ya del estrato uno, ni del estrato cero sino por debajo del cero.

Será por eso que los desalojan como si no fueran seres humanos, como si fuesen ratas. Los miserables retratados por el gran Víctor Hugo en la París del siglo XIX, están en nuestro derredor, como si los tiempos no cambiaran.

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