Martes, 24 de enero de 2017

| 2005/08/07 00:00

Telesur y su telenovela

Teniendo en cuenta que "los culebrones son al venezolano como la arepa y los fríjoles al antioqueño", Thilo Hanisch Luque, lector de SEMANA.COM, cree que Telesur tiene que producir una para tener éxito. Hace una graciosa propuesta para que el canal pueda mantenerse fiel a sus ideales.

Telesur y su telenovela

Estas semanas he tenido la oportunidad de leer múltiples noticias, editoriales y columnas dedicadas al nuevo canal Telesur. En ninguno de los principales medios nacionales e internacionales, faltó un artículo sobre este boom noticioso tropical. Tanto sus críticos más severos, como moderados, temen que este nuevo medio informativo sea usado como maquinaria de adoctrinamiento político oficialista.

Y me pregunto, ¿qué chance tiene un documental llamado "Memorias del fuego", así contenga todos los "personajes históricos" de Chávez, frente al género de las telenovelas en Venezuela? En realidad, yo preferiría ver a las ex-reinitas venecas que se vuelven actrices.

Y es que para un venezolano, no importa si rico o pobre, si "revolucionario" u "oligarca", primero es lo primero. Los culebrones son al venezolano como la arepa y los fríjoles al antioqueño, el sancocho al costeño, o el ajiaco al bogotano.

Los documentales en cuestión han de competir contra producciones como 'Cristal', 'Kassandra' y 'Mi gorda bella'. Los programas más populares son el formato de '¿Quién quiere ser millonario?' (Rctv), y las telenovelas de Venevisión. Alrededor de estos dos gigantes comerciales gira más del 90% de la teleaudiencia venezolana. Eso sin mencionar el béisbol y los reinados de belleza.

Con ley mordaza, o sin ella, la única manera de que Telesur acapare el rating es inventándose sus propias telenovelas "revolucionarias". Una posible trama sería más o menos la siguiente :

Un honesto joven e idealista revolucionario, llamado Simón Chávez, es expulsado injustamente de su trabajo en una petrolera por coquetearle a una candidata al reinado de Miss Venezuela, llamada Manuelita Castro. Sobre ella también tiene pretensiones un malvado venezolano, hijo de padre norteamericano, oligarca de las clases dominantes. Llamémoslo George Pérez.

La familia de George se lucra de las ganancias de un pozo de petróleo que en realidad no les pertenece, porque lo obtuvieron fraudulentamente por una expropiación injusta, por ser títeres de los "del norte".

Al final resulta que George ni siquiera es venezolano, porque nació en Cúcuta. Pero esto lo averigua Simón sólo después de unos 313 capítulos, de 1 hora cada uno, y tras ganarse una beca para estudiar periodismo en Cuba y volver para practicar periodismo investigativo en Telesur. Felizmente logra vengarse y también recuperar a su amada.

Al ser descubierto, George consigue asilo en un país, también títere del norte. Entonces huye a Bogotá en un avión de la FAC. Manuelita reconocerá su error 10 minutos antes del final del último capítulo, y se casará con Simón en una sencilla pero emotiva ceremonia civil masiva, oficiada por un juez de la nueva Policía Política Bolivariana, porque la ceremonia católica también fue proscrita por la revolución. FIN

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