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| 7/30/2005 12:00:00 AM

¿Vive la familia?

El conflicto armado, la crisis económica y las obligaciones laborales están desintegrando a la familia. "Toda una paradoja en un país cuyo progreso se ha forjado desde la historia familiar", opina Ximena Gutiérrez.

Es un hecho. El efecto colateral primario del conflicto social que vive el país, es la recomposición de la familia.

Después de leer el desgarrador artículo de SEMANA.COM, escrito con sentimiento por Maria Fernanda Moreno, pienso que el testimonio de las mujeres viudas de la guerra -esposas o madres de soldados y policías caídos en combate- es como el colofón a una situación de angustia y desintegración, generada por esa crisis que parece prorrogarse en la nación de la eterna esperanza.

Es tal el impacto al interior de los hogares que, de alguna manera, hoy esa célula de la sociedad no es la misma de ayer.

Así como existen las viudas del deber -mujeres víctimas de esa excesiva responsabilidad con la cual sus hijos o esposos han enfrentado la tarea que les asignan-, de igual manera sobreviven los hijos huérfanos de padres vivos (aquellos muchachos obligados a enfrentar la vida sin la presencia del papá o la mamá, quienes delegan esa delicada tarea en los tíos o abuelos). Hace algunos años, la Cartilla Nacho Lee decía: "¡Mi mamá me mima!" Hoy, habría que decir: "No, me mima mi abuela, porque ella fue mi mamá".

¿Cuál es la asistencia social que presta el Estado a las familias de los secuestrados? Dos de las esposas de los Diputados retenidos por las Farc, desde abril de 2002, ya presentan problemas de adaptación, mientras el Presidente Uribe amaga con un Acuerdo Humanitario para su liberación. ¿Y qué no decir de los desplazados por la violencia rural, que hoy llegan a la escalofriante cifra de 1.500.000?

Pero quizá a quienes más golpea la sociedad, es a las "viudas" del desempleo -mujeres que han visto cómo su familia se desintegra porque él ella, no tienen trabajo-. Sujetos a la obligación de responder por sus hijos, algunos padres optan por acabar con su vida y de paso se quieren matar ellos. Es la negación de la propia existencia, por falta de subsistencia.

Hace un mes, en el barrio La Floresta, al oriente de Cali, una mujer dio veneno en lugar de almuerzo a sus dos hijos. Lo tenaz es que al intentar hacer lo mismo, quedó viva para contarlo, mientras su marido, desempleado, busca ayuda para sacarla de la cárcel. En el Distrito de Aguablanca, los parientes de un soldado implicado en el descubrimiento de la caleta guerrillera, hallada en el Caguán hace dos años, debieron "regar" a su familia en casa de amigos y otros cercanos, huyendo de las amenazas de muerte.

Pregunto: ¿Cuál es la relación sociológica que existe entre la recomposición de la familia, la violencia intrafamiliar y el conflicto bélico que soporta el país? Más sencillo, aún: ¿Vive la familia? Creo que no, porque al auge de los divorcios (que ahora también es competencia de los notarios), sobreviene -casi de manera automática-, la atomización familiar por cuenta de la violencia fratricida y la zozobra que nos embarga a diario.

Así las cosas, ¿se podrá hablar ahora de valores familiares? Ahora, cuando el matrimonio es una entidad en desuso y han crecido tres veces las uniones libres. Ahora, cuando los embarazos de adolescentes están disparados. Ahora que el hombre y la mujer prefieren vivir en casas o camas separadas y visitarse de vez en cuando. Ahora, cuando en Estados Unidos una pareja homosexual ganó el premio a la mejor familia. Ahora, cuando el número de hijos se redujo a dos y hay familias de un solo padre (incluida la mascota). Ahora mismo, esos valores merecen ser revisados y repensado el concepto de familia.

Los únicos que parecen no darse por enterados de los cambios vertiginosos que ha sufrido esa estructura social son los padres. pero de la patria. A los congresistas, eso no les llama la atención.

Aquí se legisla poco para mantener la unidad familiar, las penas por inasistencia alimentaria (el delito de mayor incidencia en Colombia, por encima del homicidio) siguen siendo irrisorias. El Código del Menor no habla del tema y, en el caso de los hogares víctimas de la guerra, son las entidades privadas, como la Corporación Matamoros o la Fundación Tejido Humano, las que velan por restaurar el vínculo familar de sus integrantes. Toda una paradoja, en un país cuyo progreso se ha forjado desde la historia familiar.

(*) Caleña. Becaria del National Democratic Institute, de Washington D.C. Ex edil de la Comuna Cinco de Cali. Coordinadora Políticas Culturales de Juventud, de la Gobernación del Valle.
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