Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/01/19 00:00

23 de julio de 2001, el día que se firmó el pacto con el diablo

Durante más de cinco años, la historia del ‘acuerdo de Ralito’ entre los ‘paras’ y políticos era tema prohibido en el país. Salvatore Mancuso la desenterró en su confesión ante la Fiscalía. ¿Cómo se gestó el acuerdo que tiene en aprietos a más de 10 congresistas?

El ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso reanudó está semana su versión libre ante la Fiscalía.

El 23 de julio de 2001 fue un lunes soleado en Santa Fe de Ralito. Los habitantes del caserío no tenían idea sobre las razones del bullicio, ni se imaginaban a qué se debía la llegada de tanto carro blindado. La gente prefería no mirar, no preguntar. En la calle principal los pocos expendios de cerveza, con sus equipos de sonido a todo volumen, invitaban a los pobladores a reunirse para observar el partido de fútbol entre Colombia y Perú, por un cupo a la semifinal de la Copa América. Las gitanas leían cartas y le recordaban a la gente que a partir de aquel día terminaba la era de Cáncer y comenzaba a regir Leo. Los carros blindados seguían pasando.

Los lugareños más osados sabían a dónde irían a parar tantos visitantes, pero por más que se esforzaban no reconocían a los miembros de la caravana. Allá va el ‘Mono’ (Salvatore Mancuso). Esa es la escolta de Jorge 40 y ésta la de Diego Vecino. Después de que llegó alias Adolfo Paz cruzaron la caravanas de varios políticos de la región. Eleonora Pinera, entonces concejal de Tierralta, Córdoba, era una de ellas. Dicen que no vieron más. No quisieron ver.

En las radios del caserío las emisoras que transmitían noticias dijeron que el general ( r ) Rito Alejo del Río fue capturado por la Fiscalía y que pocas horas después rindió indagatoria en un proceso por conformación de grupos paramilitares entre 1995 y 1997, cuando fue comandante de la Brigada XVII del Ejército con sede en Carepa, Antioquia. En Ralito, todo seguía su curso ‘normal’. EU no firmó el acuerdo sobre el Protocolo que Kioto. El Papa Juan Pablo II recibió al presidente de E.U., George Bush en su residencia de verano de Castelgandolfo. Todo listo en Armenia para el partido entre Colombia y Perú. En Ralito, todo seguía sin novedad. Tan normal era la situación que los paramilitares no tuvieron problemas para garantizarle la seguridad a los 28 dirigentes a los que convocaron para un inédito acuerdo político.

Seis años después, el ahora ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso le acaba de decir a un fiscal de la unidad de justicia y paz qué fue lo que ocurrió ese día. Según Mancuso, 11 congresistas y una veintena de dirigentes regionales se reunieron en Ralito con la cúpula paramilitar de la época para firmar un ‘pacto por la paz de Colombia’. El mismo que hace dos meses reveló el senador Miguel de La Espriella y que durante este tiempo fue negado por la mayoría de quienes llegaron en autos blindados hasta Ralito el 23 de julio de hace seis años.

Los invitados a la reunión llegaron puntuales: William Montes, José ‘Pepe’ Gnecco, Rodrigo Burgos, Juan Manuel López, Reginaldo Montes, Alfonso Campo Escobar, José María Imbeth, Luis Carlos Ordosgoitia, Fredy Sánchez Artega, Álvaro Cabrales, Eleonora Pineda, José de los Santos Negrete y De la Espriella fueron los congresistas y ex congresistas que acudieron. También estuvieron los ex gobernadores Jesús María López y Salvador Arana (hoy procesado por paramilitarismo), así como varios alcaldes de municipios vecinos y el ganadero Joaquín García.

Tras la revelación de Mancuso, que se convirtió en su primer impulso al ventilador paramilitar, la mayoría de ellos dicen haber sido obligados a asistir. “A mí me habían matado un concejal de Tierralta por negarse a ir a una reunión de ellos”, asegura Reginaldo Montes, hoy senador de Cambio Radical. “Yo fui obligado a asistir porque estaba amenazado por ellos”, recuerda el senador liberal Juan Manuel López Cabrales. Por el momento, ambos cuentan con el respaldo de sus respectivos jefes políticos. Sin embargo, Montes renunció a Cambio Radical para no afectar al movimiento con la investigación que le pidió a la Corte Suprema de Justicia sobre su propio caso.

Eleonora Pineda, en cambio, asegura que asistió por voluntad propia para discutir un acuerdo político. ¿En qué consistía tal acuerdo? López, Montes y el resto de los asistentes aseguran que no lo hubo. Y que sólo se limitaron a escuchar a los cuatros jefes paramilitares convocantes a la reunión, quines al final los obligaron a firmar un documento que certificaba su asistencia al encuentro. A esa reunión asistieron algunos profesores de la universidad de La Sorbona, París, quienes les compartieron algunas impresiones sobre su visión de la política colombiana. Los asistentes compartieron impresiones sobre la conveniencia de fortalecer la seguridad en la región y algunas fórmulas para lograr su pacificación. Expidieron un documento de cinco párrafos con igual número de alusiones a la Constitución en el que se comprometían a “refundar nuestra Patria (y) firmar un nuevo pacto social”.

A esa misma hora, el entonces comisionado de paz, Camilo Gómez, anunciaba en Bogotá la propuesta del gobierno Pastrana a las Farc para la concreción del cese al fuego que nunca llegó. El ejecutivo planteaba la concentración de la totalidad de la guerrilla en una ‘zona de reconciliación’. Las Farc pedían una zona de concentración por cada uno de sus 70 frentes y la eliminación del paramilitarismo. No sabían que en ese momento dirigentes políticos de la Costa Atlántica gestaban un acuerdo para perpetuar la estrategia de las autodefensas. Los entonces ministros de Defensa y Justicia, Gustavo Bell y Rómulo González Trujillo, respectivamente, asistían en México a la reunión del Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia de México y Colombia.

La cumbre de Ralito terminó y los asistentes salieron con la sensación de haber pactado con el diablo. Colombia terminó campeón de la Copa América, el general Del Río terminó recibiendo homenajes de desagravio por el entonces ex gobernador Álvaro Uribe Vélez y el proceso de paz con las Farc se acabó. Pero pese a ese aparente silencio sobre el tema, los lugareños comenzaron a hablar sobre esa y otras reuniones sostenidas por ‘paras’ y políticos de la región. Las voces silenciosas se hicieron cada vez más sonoras y ahora que el propio Mancuso entregó pruebas de que las citas existieron, muchos políticos preparan sus abogados para defenderse ante la Corte Suprema de Justicia, que ya tiene copia del documento.


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