Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/10/31 00:00

A 30 asciende el número de municipios donde hubo disturbios por los resultados electorales

Enfrentamientos contra la Policía, quemas de cinco registradurías a lo largo de todo el país y daños en alcaldías y viviendas marcan la clausura de las elecciones del pasado 28 de octubre.

La Alcaldía de Ciénaga de Oro, en Córdoba, ardió en llamas después de que se conociera que el próximo alcalde será Plinio D’Paola, del partido de la U. Foto: Garibaldy Jiménez/EL MERIDIANO de Córdoba

Para muchos candidatos, el jolgorio por el triunfo de las elecciones estuvo seguido por la algarabía de los disturbios y las protestas en algunos municipios del país.

Según datos recopilados por la Fundación Seguridad y Democracia, estas elecciones fueron las menos violentas de los últimos 10 años. Pero, en contraste con aquella disminución de muertes y secuestros de candidatos, de esta jornada queda el recuerdo también de una gran cantidad de asonadas después de contar los votos. Eso no se veía desde hace muchos años en Colombia.

Si bien son frecuentes los descontentos, las solicitudes de recuento de votos y hasta las irregularidades, esta vez los ánimos reventaron en pedreas, quemas, enfrentamientos contra la fuerza pública y reparos.

Hasta ahora, los reportes cuentan que la mayoría de disturbios se desataron porque el pasado domingo a varios municipios llegaron buses cargados de gente de otros lugares y votaron por determinados candidatos. Eso se llama trashumancia electoral. Otros descontentos ocurrieron porque desde antes de las elecciones se sospechaba que había candidatos comprando votos y, en efecto, ganaron las elecciones.

Esas triquiñuelas políticas son comidilla de cada época electoral en Colombia. Pero, ¿qué fue lo extraño que hizo salir a las calles a miles de manifestantes? Según la Fundación Seguridad y Democracia, el marco especial para estas elecciones fue un cambio en el orden público regional. Disminuyó la violencia.

Esto, debido a “la desmovilización de los grupos paramilitares, el debilitamiento de las guerrillas y la caída de la confrontación violenta entre esos grupos irregulares, como resultado de su debilitamiento”. (Ver documento adjunto).

Además, a lo largo del país se realizó una fuerte campaña sobre la importancia de votar bien y el rechazo a las maniobras de los políticos para llegar al poder.

Así, pues, los disturbios no son otra cosa que la manifestación ciudadana para pedir transparencia democrática ante la reducida presencia de actores intimidantes y una convicción de que democráticamente sí se puede elegir a los mandatarios. Fuera de este hecho, es difícil explicar las pedreas, incendios y reclamos de los últimos días en cerca de 30 municipios de diferentes regiones de Colombia.

La hipótesis que maneja el registrador Juan Carlos Galindo sobre estas movilizaciones es otra. Según dice, “en estas elecciones no hubo posibilidades de hacer fraudes y, ante esa situación, muchos quieren quemar los resultados para obligar a repetir las elecciones”.

Lo cierto es que esta vez, no hubo cohibiciones para protestar ni ganadores irrefutables en el primer conteo. Eso quiere decir que hubo posibilidades para salir a rebatir, pero los reclamos pasaron a otro extremo. Un muerto, cientos de daños y heridos son el saldo de las asonadas a registradurías, alcaldías, viviendas y vehículos. Nada justifica la violencia, así sea una expresión de gentes que por muchos años han visto hacer con su política lo que los caciques y los grupos armados querían.

Así, en Ciénaga de Oro, en Córdoba, se desató el domingo a las 8 de la noche una manifestación violenta. Según cuentan en el municipio, a esa hora iba ganando el candidato a la alcaldía Eduardo Elías Zarur, de Alas Equipo Colombia.

Pero al puesto de votación que había en el colegio Madre Bernarda llegó su adversario, Plinio D’Paola, del partido de la U, con una bolsa de tarjetones y, en el siguiente boletín de la Registraduría, ya iba ganando con 45 votos.

Por eso, salió la gente a las calles y destrozaron las instalaciones de ese colegio, la de la Registraduría, la de la Alcaldía, varias viviendas y coches. Hubo heridos y un muerto, el joven Luis Enrique Bedoya, de 21 años. Las protestas se extendieron, incluso, hasta el martes.

Similares disturbios se vivieron también en Moñitos, Momil, la Apartada, Chinú y Ayapel, municipios cordobeses también. Como medida de prevención, las autoridades prohibieron las manifestaciones públicas en todo Córdoba hasta el domingo 4 de noviembre y extendieron la ley seca hasta el primero de noviembre.

Nariño fue otro municipio con serios problemas por las manifestaciones después de la jornada electoral.

En La Llanada, líderes del Movimiento Pacífico por la Dignidad de La Llanada venían denunciando desde hacía seis meses que la administración municipal y la candidata Doralba del Carmen Bastidas, del partido Verde Opción Centro, estaban planeando transportar a personas de otros municipios para que votaran por ella.

A las 4 de la tarde del día de las elecciones, se cerraron las mesas. Cuando los testigos electorales llegaron a ejercer sus funciones de veedores, no los dejaron entrar. Horas más tarde, se conoció la noticia de que Bastidas ganó con el 67,79 por ciento de los votos. De segundo quedó Roiman Fabián Yela, del Partido Liberal, con el 30,65 por ciento de los sufragios a su favor.

Las manifestaciones no se hicieron esperar. Más de 400 personas salieron a las calles y se tomaron la sede de la alcaldía. Llegaron con la denuncia de que sabían que la candidata ganadora había llevado para que votaran por ella a personas de los municipios de Sotomayor y Samaniego.

La policía desalojó a quienes reclamaban por los resultados, pero ellos permanecieron en el parque, incluso, al anochecer del martes, esperando contar de nuevo los votos.

En el municipio el Cumbal, también en Nariño, la noche del domingo terminó en calma. Pero no fue porque los habitantes estuvieran contentos con los resultados y se hubieran ido a la cama satisfechos. Sino porque las autoridades se vieron en la obligación de decretar toque de queda.

La medida fue tomada después de que las calles se llenaran de gente que se enfrentaba con palos y piedras contra la Policía. Los disturbios se iniciaron tan pronto como se conoció que los resultados daban como alcalde electo a Gilberto Buenaventura, del movimiento Autoridades Indígenas con Colombia, con el 56,68 por ciento de los votos.

De inmediato, los simpatizantes de Gabriel Arcos López, del Partido Liberal, salieron a las calles. Su candidato se había quedado con el 39,65 por ciento de los votos. Denunciaban trashumancia electoral.

La misma queja se presentó en Buesaco, un municipio de Nariño también. Las sospechas se iniciaron desde el viernes previo a las elecciones, cuando del colegio Rafael Uribe Uribe sacaron las colchonetas del gimnasio sin permiso del rector.

De acuerdo con los testimonios de la gente del pueblo, lo hicieron para albergar a personas que venían de otras partes a votar por uno de los candidatos.

Según cuentan, el día de las elecciones, a las 11 de la mañana, los simpatizantes de José María Moncayo, del Movimiento Unidos por Buesaco, decían que éste ya era ganador con 1.000 votos de diferencia sobre su más fuerte adversario, Wilson Humberto Pabón, de Colombia Democrática.

A las 2 de la tarde, empezó la fiesta de quienes ya daban por triunfador a Moncayo. Dicho y hecho. En la tarde se conocieron los resultados. El primero tenía 4.278 votos y el segundo, 3.201. Más de mil votos de diferencia, tal y como lo habían pronosticado desde las 11 de la mañana los seguidores del ganador.

Eso provocó que el lunes la gente fuera a reclamar a las instalaciones de la Registraduría. No hubo recuento de votos, pero el martes cerca de 400 personas llegaron desde las 9 de la mañana a ese edificio.

El conteo se inició en la noche, cuando 200 personas siguieron pendientes de los escrutinios, a pesar de que llovía. Pero el cansancio y la fuerte lluvia los hizo ir cuando apenas habían recontado 10 de las 40 mesas.

Mientras tanto, otros habitantes fueron a denunciar al comando de la Policía la compra de votos por parte de Moncayo. Decían que a sus casas habían ido a ofrecerles 30 mil pesos por el sufragio y les dijo que si ganaba, les daba 90 mil pesos más.

En Chachagüí, municipio del mismo departamento, el primer conteo dio como ganador a Álvaro Gabriel Córdoba, del Partido Conservador, con el 44,17 por ciento de los votos.

Éste, en vez de celebrar, tuvo que esconderse. Huyó en medio de disturbios de pobladores que decían que, una vez más, se presentó trasteo y compra de votos y que eso impidió que ganara el candidato Fortunato González, del Polo Democrático, que se quedó con el 42,88 por ciento de los votos. La estrecha diferencia fue de apenas 30 sufragios.

Similares quejas se presentaron en Tablón de Gómez y Sandoná que hicieron de Nariño uno de los departamentos con más insatisfacciones después de los comicios del domingo.

En los municipios de Florida y Pradera, en Valle se presentó una paradoja. Estos municipios son los que las Farc piden despejar para dialogar con el gobierno nacional y acordar un intercambio humanitario.

A esa propuesta, el presidente Álvaro Uribe se niega rotundamente. Dice siempre que “jamás despejará ni un milímetro del territorio colombiano”. Justamente en ellos ganaron alcaldes ni más ni menos que del Partido de la U y en ambos se presentaron protestas y asonadas.

Los hechos más preocupantes ocurrieron en Pradera. Cuando los primeros conteos arrojaron como ganador a Guido Germán Caicedo, de ese partido, con el 30,75 por ciento de los votos, salieron a las calles unas 200 personas.

Quemaron la sede de la Registraduría, atacaron varias viviendas, entre ellas la del presidente del Concejo, Carlos Andrés Pava, y la del alcalde actual, Luis Mina.

Según contaron en el pueblo, la mayoría de los manifestantes apoyaban al candidato que quedó de segundo con el 28,68 por ciento de los votos. Se trataba de Adolfo León Escobar, del movimiento Alas Equipo Colombia, y que obtuvo una diferencia de 458 votos.

Los desórdenes se prolongaron incluso hasta la noche del martes, cuando el Alcalde ordenó toque de queda, después de conocerse que había 15 heridos.

En Florida se presentaron disturbios en menor medida, en rechazo del triunfo del candidato a la alcaldía Salvador Rodríguez, del partido de la U, que ganó con el 21,11 por ciento. Quienes protestaban eran los seguidores de Wilson Lulico Ramos, del movimiento Alianza Social Indígena, que perdió con el 16,93 por ciento de los votos.

El martes, los disturbios no cesaban en el país. Al anochecer se conoció que habitantes de Coveñas, en Sucre, quemaron los tarjetones y destruyeron las instalaciones de la Registraduría.

De acuerdo con los testimonios de los pobladores, quienes hicieron los daños fueron los seguidores de Iván Darío Romero, candidato a la alcaldía por Apertura Liberal, que perdió con el 35,06 por ciento de los votos frente a Sergio Tapias, de Colombia Democrática, que tuvo el 41,56 por ciento de los sufragios a su favor.

Aunque los votos físicos ya no están, el registrador Galindo dice que el escrutinio definitivo se hará con base en las actas que levantaron los jurados de votación después de los comicios.

Manifestaciones pacíficas

Mientras en varios municipios la protesta se hacía con pedreas e incendios, en el municipio de Bojacá, en Cundinamarca, 150 personas llegaron el martes en total calma para pedir el recuento de los votos.

Había ganado Luis Núñez Durán, de Cambio Radical, con el 43,62 por ciento de los sufragios. De segunda estaba Ana Eliana García, del Partido Liberal, con el 33,30 por ciento.

Quienes estaban con García, denunciaron que, cuando se cerraron las urnas el domingo a las 4 de la tarde, los jurados de votación obligaron a los testigos electorales estar a cinco metros de distancia de las urnas. Pusieron los cartones de las mesas sobre el suelo, de tal manera que quedaran de barrea para que no se adelantaran ni un paso más.

Sin embargo, cuentan que desde esa distancia lograron ver que había tarjetones que no eran auténticos, sino copias de las que la Registraduría repartió previamente con la idea de que la gente aprendiera a manejarlo antes de entrar a las urnas. También había fotocopias.

Entre las denuncias, dijeron que, por ejemplo, en una mesa debía haber 303 tarjetones, pero que sólo fueron encontrados 290 votos y el resto nunca apareció.

Por eso, pedían volver a contar los tarjetones uno por uno, pero la solicitud fue negada. Jamás se hizo el recuento, a pesar de que en otros municipios aquella petición fue acatada.

Según cuentan, los funcionarios se limitaron a mostrar las actas con los resultados y nada más. “Lo único que pedimos es recontar los votos. Eso nos quita un poquito de tiempo, pero quedamos tranquilos todos de una vez”, dijeron los manifestantes.

Como no les hicieron caso, el miércoles presentaron las denuncias formales con todas las pruebas ante la Fiscalía, la Procuraduría y el Consejo Nacional Electoral.

En calma, cientos de habitantes de Barrancabermeja, en Santander, también manifestaron su descontento con el triunfo de Carlos Alberto Contreras, del Movimiento Alianza Social Indígena, que ganó con el 30,36 por ciento de los votos.

Salieron a las calles los simpatizantes de Alfonso Eljach, del Movimiento Autoridades Indígenas de Colombia, que quedó de segundo con el 27,63 por ciento de los sufragios. Denunciaron fraude electoral por parte del ganador y dijeron tener pruebas de que se encontraron tarjetones afuera de los puestos de votación, específicamente, tenían evidencias de que esto ocurrió en el puesto del colegio Ciudadela Educativa.

Según contaron, los estudiantes de esa institución encontraron el lunes los documentos en una de las aulas donde había mesas. Eran tarjetones de Asamblea y Concejo y no estaban marcados.

Quienes reclaman decían tener entre las evidencia un video en el que se muestra que una persona sale corriendo con una bolsa negra de uno de los puestos de votación y que se sube a una camioneta.

También aseguran que hay pruebas de que en el comando de la Policía había tres tarjetones en un rincón y que en el colegio Diego Hernández de Gallego había votos quemados en la basura, de los cuales la Personería hizo el levantamiento.

Conforme pasan las horas, se conocen descontentos en más.

Más allá de lo local

Fuera de los municipios, también fue cuestionada la gobernación de Sucre. En las localidades de La Mojana y Sucre se presentaron disturbios en la noche del mismo domingo, día de las elecciones, porque los resultados de los conteos cambiaron sorprendentemente.

Hasta las 8 de la noche favorecían al liberal Julio César Guerra Tulena. Pero, justo a esa hora, se presentó un supuesto fallo en la plataforma tecnológica de la Registraduría. Cuando volvió el sistema, los resultados cambiaron. Ahora, punteaba Jorge Carlos Barraza, del partido de la U.

Los resultados dieron como ganador a Barraza con una estrecha diferencia de 954 votos, que se reflejaron en los porcentajes como el 32,53 por ciento para el elegido y el 32,28 por ciento para el segundo.

A pesar de los reparos el registrador Galindo se mantiene firme en que sólo se repetirán las elecciones en dos municipios: Castilla, en Meta, y Argelia, en Cauca.

En el primero, se hará porque el material electoral fue destruido antes de hacerse las elecciones y, en el segundo, la guerrilla impidió la jornada de votación el pasado domingo.

Pese a los lamentables daños, la buena nueva de esta jornada electoral es que la gente no se quedó callada ante lo que vio y salió a manifestarse.

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