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| 7/14/2008 12:00:00 AM

¡A por ellos!

La épica victoria de Rafael Nadal en Wimbledon se sumó a recientes hazañas como la Eurocopa de fútbol, el Tour de Francia y el Mundial de básquet. España se convirtió en una superpotencia deportiva.

Todo se pudo haber venido abajo en un pestañeo. Por un instante, pareció que el suizo Roger Federer, el otrora invencible número 1 del mundo, iba a coronar una histórica remontada frente a Rafael Nadal para repetir la secuencia que han refrendado en las finales de los últimos años: el español, especialista en polvo de ladrillo, se quedaba con Roland Garros y a las pocas semanas el orden se restablecía cuando el suizo lo derrotaba en el césped de Wimbledon. En efecto, Nadal, de apenas 22 años, venía de arrasar a Federer en el abierto francés. Pero no se conformó con el título que ha ganado los últimos cuatro años y demostró en las canchas inglesas que es un todoterreno. Aguantó la embestida y después de casi cinco horas ganó 6-4, 6-4, 6-7, 6-7 y 9-7 el que John McEnroe, uno de los grandes tenistas de todos los tiempos, calificó como “el mejor partido de la historia”.

Su victoria llegó una semana después de que la selección española de fútbol se despojara de una buena vez de sus fantasmas en Viena para derrotar a los alemanes en la final de la Eurocopa. Por fin los ibéricos, eternos favoritos que se quedaban en segundas rondas, ganaban un torneo importante después de la Euro de 1964. Y lo hacían con todos los honores. Era una nómina joven, eliminaron a los campeones del mundo, fue el equipo más goleador, el único que terminó invicto y con elogios casi unánimes por su estilo de juego. Al terminar el torneo, la Fifa anunció que la ‘furia roja’ había pasado a ser el mejor equipo del mundo en su escalafón.

Las hazañas de los españoles están atestando las estanterías y estos son sólo los dos ejemplos más recientes de lo que los comentaristas deportivos ya comienzan a llamar “la edad de oro”. ‘A por ellos’, el grito de batalla de los aficionados, ha adquirido una nueva dimensión. “Hay siglos en los que un país no está para nada y, en cambio, semanas, como la pasada, en las que se sacude de golpe los complejos más arraigados”, escribía un jubiloso columnista en el diario deportivo Marca.

Estos embajadores copan portadas en todo el mundo. Hoy está Nadal. Hace una semana, Xavi, elegido el mejor jugador de la Eurocopa, o David Villa, goleador del certamen. Una más atrás, Pau Gassol, finalista con Los Angeles Lakers en la NBA norteamericana. El basquetbolista catalán es una superestrella desde cuando España se coronó campeón Mundial en 2006 y varios compatriotas han seguido sus pasos. La próxima temporada serán por lo menos cinco en la NBA de Estados Unidos, la liga más famosa del mundo. No en vano en España se habla, en broma, de la ‘ÑBA’.

Los españoles parecen omnipresentes. Figuran en los deportes colectivos y en los individuales. En los de campo abierto y en los de motor.

La expresión “la armada española” se acuñó para hablar de los tenistas que abundan en el circuito profesional. Aunque Nadal –el más destacado, con cinco títulos de Grand Slam– todavía sigue siendo el número 2 del mundo, podría desplazar a Federer en las próximas semanas. El equipo español ya fue campeón de la Copa Davis en 2004 y este año enfrentarán en semifinales a Estados Unidos en septiembre. En automovilismo, Fernando Alonso es el único piloto en actividad de la Fórmula 1 que puede presumir de dos campeonatos, los que ganó con Renault en 2005 y 2006, cuando el alemán Michael Schumacher todavía estaba en las pistas. Y en motos Dani Pedrosa ha ganado tres campeonatos mundiales en distintas categorías. España tiene ligas profesionales en prácticamente todas las actividades deportivas. La lista sigue: Alberto Contador ganó el Tour de Francia del año pasado; Sergio García es un golfista destacado; los equipos españoles fueron campeones mundiales de balonmano en 2005 y de Waterpolo en 2001.

El fútbol merece un capítulo aparte. Aunque sólo en esta Eurocopa los españoles triunfaron en mayores, en las categorías juveniles lo habían ganado todo, incluso el título olímpico. En el nivel de clubes, el Real Madrid y el Barcelona suman 11 Ligas de Campeones, el Sevilla fue bicampeón de la Copa Uefa en 2005 y 2006 e incluso quienes ubican a ‘La Liga’ española muy por debajo de la Premier League inglesa –declarada por unanimidad como el mejor campeonato en los últimos tiempos– reconocen el protagonismo en el torneo británico de jugadores ibéricos como Cesc Fabregas, el eje del Arsenal, y Fernando Torres, el goleador del Liverpool.

Ningún otro país europeo ofrece tal espectro de figuras. ¿En que momento España se convirtió en una superpotencia deportiva? Un proceso de estas dimensiones no se da por generación espontánea y está atado a la historia del país.

Después de la muerte de Francisco Franco, en 1975, España vivió la llamada ‘transición’. Vinieron las primeras elecciones democráticas y, después, el ingreso a la Unión Europea en 1986. Pero después de 40 años de atraso y aislamiento por cuenta de la dictadura, hacía falta una vitrina exterior para exhibir a España como un país moderno. “La transición política española se cerró, por lo menos de forma simbólica, con los juegos olímpicos de Barcelona en 1992. Faltaba un acontecimiento que transmitiera al mundo una España nueva”, explicó a SEMANA Santiago Segurola, jefe de deportes del diario El País durante varios años y actualmente adjunto del director en Marca.

En esas olimpíadas comenzó el despertar deportivo. Ingredientes sociológicos y anímicos a un lado, allí surgió un programa de becas deportivas de alto rendimiento que aún se mantiene, conocido como Ayuda al Deporte Olímpico (ADO). El éxito es evidente. Hasta la muerte de Franco, España había ganado 11 medallas en toda la historia moderna de las justas. Desde Barcelona 92 ha obtenido 69 preseas y se espera que supere su récord en Beijing 2008.

Entre los factores, además de las ayudas, se puede incluir las instalaciones deportivas, un país optimista, el crecimiento económico sostenido e incluso un clima que permite practicar una amplia diversidad de disciplinas. Pero si se trata de escoger un elemento clave, Segurola hace hincapié en la democracia, con la que llegaron más oportunidades. El deporte refleja la sociedad. Mejoró la renta, mejoró la alimentación y eso, por ejemplo, permitió un inusual aumento en la talla de los españoles, algo fundamental para los deportistas de elite. ¿Qué tienen en común Gasol, Nadal, Alonso y Fábregas? Que todos nacieron en la España pos Franco. La misma que ya organizó unos olímpicos con lujo de detalles y espera repetir con la fuerte candidatura de Madrid a las justas de 2016.
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