Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/02/29 00:00

¿A qué se debe el cambio de tono de Chávez hacia Uribe?

Tras la liberación de los cuatro congresistas secuestrados por las Farc, el Presidente de Venezuela mantuvo una posición discreta. Hace varios días que no insulta al gobierno colombiano. ¿Hay posibilidades de reconciliación?

La relación entre los mandatarios Chávez y Uribe tiene una nueva temperatura.

El mes pasado, el escritor William Ospina escribió en la revista Cromos una carta al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la que le recomendaba que no equiparara su proyecto bolivariano, pacífico y democrático, con el de las Farc, que le adeuda tantos muertos y secuestrados a Colombia. Ospina aludía a las frases que el mandatario había pronunciado después de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González: “Las Farc y al ELN son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”.

No se puede afirmar que el presidente Chávez esté haciendo caso de los consejos de Ospina, pero llama la atención que después de su mediación para la liberación de los cuatro congresistas que estaban en poder de las Farc, no hubiera salido a pedir estatus de beligerancia a los grupos guerrilleros o a reivindicarlos políticamente. Por el contrario, dijo: “Yo no apoyo a las Farc, yo apoyo la paz en Colombia”, y en otro momento, en el que insistió en la necesidad del diálogo: “Yo no estoy de acuerdo con la guerrilla, pero independientemente (de ello), no van a poder barrerla”. Además, pidió a Manuel Marulanda, el jefe guerrillero, que cambiara las condiciones del cautiverio de Íngrid Betancourt.

Días atrás su tono era agresivo y provocador hacia el gobierno del presidente Álvaro Uribe, en contraste con el silencio del mandatario colombiano. La temperatura de las relaciones binacionales hoy es distinta. Aunque no se sabe qué pasará mañana, ya van más de 15 días sin que de la boca del mandatario venezolano salga un agravio hacia Uribe. No obstante, hay quienes temen que en cualquier momento las Farc le pasen la cuenta de cobro a Chávez por haber liberado a los congresistas, y éste se la juegue a su favor.

Para Ronald Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, no se puede entender las reacciones de Chávez fuera de su contexto histórico. El investigador recordó que el presidente venezolano en 2001, como parte de su plan de desarrollo, incluyó el tema del conflicto en Colombia, pero que en 2002, cuando la oposición intentó su derrocamiento, la reacción del entonces candidato a la presidencia Álvaro Uribe, fue de simpatía hacia el golpe.

Luego vino el caso de Rodrigo Granda que fue capturado en territorio venezolano y por el cual se pagó una recompensa, por organismos de inteligencia colombianos, hecho que puso en entredicho los tratados de soberanía y la confianza que debe primar entre países vecinos. “Hasta ese entonces las declaraciones de Chávez eran mesuradas. La andanada de insultos vino cuando Uribe sacó a Chávez de la mediación a favor del acuerdo humanitario”, dijo Rodríguez. Respecto de el cambio en la forma de referirse de Chávez hacia Uribe, el investigador argumentó que el mandatario venezolano “siempre ha creído, honestamente, que la paz en Colombia es posible. Pero sabe que no sólo debe negociar con la guerrilla, sino que debe bajar el tono y buscar líneas de conciliación con el gobierno colombiano para ayudar a conseguirla”.

Para el profesor de historia de la Universidad Nacional Darío Acevedo, es muy prematuro creer que Chávez cambió de tono: “Es cierto que ha bajado la agresividad de sus declaraciones. Pero su anuncio de que asistiría a la cumbre regional de mandatarios en Cartagena es una provocación. Él sigue siendo, en términos coloquiales, entrometido, no guarda la distancia debida”. El historiador recordó que el Ministro de Relaciones Interiores y Justicia de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín, en el momento de la liberación de los secuestrados llamó “camaradas” a los insurgentes, lo que, según él, es una afrenta. “Habría qué esperar hasta el domingo para ver de qué manera Chávez va a aprovechar la liberación de los secuestrados políticamente”, concluyó.

“Con Chávez nunca se sabe” es la expresión más frecuente que usan los analistas para interpretar sus salidas mediáticas. ¿Estará cambiando de estrategia? La pregunta genera suspicacias.

La analista internacional Sandra Borda considera que en este nuevo panorama tiene mucho que ver la intervención del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Ella sostiene que el gobierno francés ha jugado un papel de “mediador entre mediadores”. “Sarkozy se ha parado en el medio (de Chávez y Uribe) para dejar claro que es muy importante la liberación de Íngrid. Y esa posición ha llevado a Chávez a tener una actitud más sensata, pues sabe que su participación en el proceso de las liberaciones de los secuestrados, ahora depende de la mediación de un tercero”.

La analista argumentó que el gobierno venezolano “está caminando una línea muy delgada”, producto del balance de los costos y beneficios de aproximarse tanto a las Farc: “Chávez está en un proceso de entender que su posición como mediador debe ser cerca de las Farc, como el único interlocutor que las escucha, pero no tan cerca. Si se acerca demasiado, el costo no es sólo que Colombia rechace su actitud, sino que internacionalmente tampoco sea aceptada. Para tener una posición legítima como facilitador de la resolución del conflicto colombiano, Chávez se está dando cuenta de que tiene que ser más cuidadoso”.

La salida al conflicto colombiano que muchos han predicado hasta el hartazgo y que poco eco ha tenido, porque hay quienes se niegan a aceptar que hay tal, es la negociada. No tiene sentido buscar la paz de un país echándose a cuestas crímenes que no se han cometido, tampoco insultando a un gobierno y atizando odios. Parece que Chávez está comprendiendo lo que Ospina justamente le pedía en su carta: que su discurso fuera más reflexivo.


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