Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/12/26 00:00

¿A qué juega Minardi en la Fórmula 1?

Aunque no suben al podio ni destapan champaña, los coleros de la Gran Carpa tienen sus propias motivaciones. Así lo descubrió Paulo Andrés Castrillón.

Al final de la carrera en Indianápolis, la novena del campeonato de Fórmula 1 y la octava que ganaba Schumacher en el año, el húngaro Zsolt Baumgartner, piloto del equipo Minardi, fue el héroe de la jornada. A pesar de ser pilotos del primero y del último equipo del campeonato, ese día, Michael Schumacher y Baumgartner vivían la misma situación: ambos estaban empapados de champaña. Los dos habían terminado, como es tradicional en las celebraciones de Fórmula 1, mojados desde la cabeza hasta los pies.

Michael, desde lo más alto del podio, levantó el trofeo del primer lugar y se abrazó con su director técnico, Jean Todd. Baumgartner, saludando al público y las cámaras de la prensa en la zona de pits junto a su jefe, el australiano Paul Stoddart, celebró con su equipo, pese a haber llegado, otra vez, en el último puesto.

Las carreras dan puntos a los ocho primeros corredores que crucen la meta y ese día, el húngaro cruzó de octavo entre ocho corredores que llegaron hasta el final. Se ganó un punto, el primero en su carrera profesional, y el único del campeonato para Minardi.

En la Fórmula 1 no todos compiten para ser campeones. Ser tres años seguidos el peor de los equipos de la categoría -la poca digna posición que ocupa Minardi- parecería no dar mucho espacio para las celebraciones.

Desde 1985, con 321 grandes premios corridos, esta escudería no ha ganado ni una carrera. Sin embargo, la situación no necesariamente es lamentable para Paul Stoddart, dueño del equipo, y Gian Carlo Minardi, su fundador y aún muy activo en el equipo.

La victoria para ellos no consiste en alcanzar las primeras posiciones. Sus metas tienen que ver con otros intereses que también se mueven dentro de la máxima categoría del automovilismo.

Estar involucrado en la Fórmula 1 es un lujo que cuesta, pero que a su vez trae consigo rendimientos monetarios atractivos. Un espectáculo que, de acuerdo con los resultados de sintonía, tiene más audiencia que un mundial de fútbol se convierte en un gran escenario donde muchas empresas quisieran pautar sus productos. Las inversiones de los equipos están en un rango que oscila entre los 50 millones de dólares y los 600 millones.

Minardi es el que menos dinero tiene dentro de la categoría. En la temporada 2004, corrió todo el año con un presupuesto de entre 40 y 45 millones de dólares. Por el suministro de los motores, pagó a su asociado, la compañía Cosworth, unos 17 millones de dólares. El costo por las operaciones en carrera estuvo por el orden de los 8,7 millones, mientras que en el salario de todos los integrantes del equipo, a excepción de los pilotos, gastó aproximadamente 5,3 millones de dólares. Las cifras indican que Minardi gasta más del 75 por ciento de su presupuesto en elementos indispensables para mantenerse en la competencia, no para ganarla.

Un equipo como Ferrari o Williams, además de utilizar gran parte de su dinero en estos mismos puntos, también emplea buena parte de sus ingresos en entrenamientos y en investigación y desarrollo. Un carro de Fórmula 1 tiene más cosas en común con un avión de guerra que con un carro de la calle. La aerodinámica se ha convertido en la clave del éxito en este deporte y los equipos gastan millones de dólares en investigaciones y perfeccionamiento sobre el tema cada año.

En el túnel de viento, quizá la herramienta más importante dentro de la categoría, Ferrari gasta anualmente más de 15 millones de dólares, mientras que Minardi invierte tres millones. El túnel simula todas las situaciones reales que puede vivir un carro en competencia. En su interior se crean vientos artificiales que soplan a diferentes velocidades gracias a una turbina de cinco metros de diámetro y cuenta con los sistemas más avanzados de mediciones digitales para ajustar la aerodinámica del vehículo y las distintas fuerzas que actúan sobre él, simulando los movimientos, tal como en una carrera.

Esta información junto con el trabajo de los mecánicos que analizan el comportamiento del motor con todas sus piezas y los ingenieros que miran hasta el material de construcción de las partes del carro hacen que los rojos lleguen en óptimas condiciones para afrontar cada carrera.

Por eso no es de extrañarse que durante el campeonato Ferrari marcara los mejores tiempos desde el primer día de entrenamientos en cada competencia. Es el resultado de un estudio cercano a la perfección del ambiente y las variables que puede encontrar un Fórmula 1.

Durante el campeonato 2003, los 10 equipos en competición invirtieron un total de 2.500 millones de dólares. El podio de los que más gastaron está integrado por Ferrari, Toyota y Mc Laren Mercedes, quienes suman más de 1.100 millones.

De otra parte, Jordan y Minardi invirtieron 80 y 46,5 millones de dólares, respectivamente, una diferencia que se evidencia desde la vuelta de clasificación, la que define el orden de salida de la carrera.

En Japón, Schumacher le sacó 14 segundos de diferencia al tiempo de Gian Maria Bruni a bordo de su Minardi en esa sola vuelta, toda una eternidad en un deporte donde la diferencia entre un primer y un segundo puesto está dada en décimas de segundos. El alemán salió de primero mientras que los Minardi cerraban la cola de partida, uno detrás del otro.

Por eso la escuadra dirigida por Paul Stoddart se traza unos objetivos diferentes a los de los grandes en competencia. "Al lado del grande come el chiquito", dice Germán Mejía, corresponsal desde hace varios años de la radio colombiana en la Fórmula 1.

El experto se refiere a las ganancias que le quedan a este modesto equipo por competir en la máxima categoría del automovilismo en el mundo. Mientras la multinacional energética Shell gasta unos 85 millones de dólares por temporada patrocinando su marca en Ferrari, un anuncio en Minardi puede estar por el orden de los 10 ó 15 millones de dólares.

Más allá de las diferencias en términos de dinero, este equipo con sede en Faenza, Italia, ha conseguido, en la temporada 2004 que terminó el pasado mes de octubre, mantener una regularidad dentro del campeonato suficiente para que uno de sus pilotos, el italiano Gian Maria Bruni, lograra permanecer más tiempo en carrera que Kimi Raikkonen, quien va tras el volante de un Mc Laren Mercedes, uno de los grandes en la Fórmula 1.

Este tipo de logros hacen que Minardi se valorice entre los que no están dentro de la gran carpa del campeonato pero tienen posibilidades. En este mundo de lujos y de glamour, el rebusque también cuenta.

El húngaro Zsolt Baumgartner, por ejemplo, tiene patrocinadores de su país, empresarios interesados en tener un piloto nacional en competencia para que cuando corran en el circuito de Húngaroring de este país, la gente se sienta más interesada en acompañar la carrera. Los patrocinadores de Baumgartner aportaron ocho millones de dólares al equipo. En el pasado, otros corredores que se han iniciado en Minardi también han llegado con algo más que talento y ganas.

Fernando Alonso es una prueba de ello. El corredor español debutó en 2001 en la Fórmula 1 a bordo de un Minardi. Su llegada a la escuadra italiana fue de la mano de quien es hoy su jefe, el italiano Flavio Briatore.

Cuando Briatore descubrió al talentoso español, negoció con Minardi y lo ofreció con el ánimo de foguearlo. La negociación incluía que Flavio cubriese parte del salario del español, quien posteriormente llegó a Renault para trabajar de la mano de Briatore, primero como piloto de pruebas y luego como titular. En su segundo año de competencia, se ha ubicado con orgullo en el quinto puesto del campeonato de pilotos.

El australiano Mark Webber, que el próximo año estará al volante de un BMW Williams, también pasó por Minardi. Comenzó tímidamente como piloto de pruebas de la desaparecida escudería Benetton. En 2002 llegó a Minardi y en la primera carrera de la temporada en Melbourne, Australia, Webber llegaba en el quinto puesto, una posición más que meritoria no solo por su condición de novato en la categoría, sino por llegar dentro de la zona de puntos manejando un Minardi.

La importancia de estar en la zona de los puntos para un equipo chico en la Fórmula 1 es vital. Más allá de entrar en las estadísticas y en la historia de la categoría, ganar puntos significa ganar plata. La Federación Internacional de Automovilismo garantiza recursos importantes para los equipos que logran alcanzar puntos en las competencias. Con el dinero que la organización reparte a Minardi le alcanza para cubrir gastos de transporte en la temporada.

Por eso, para Minardi llegar de quinto aquella vez en Melbourne, o el octavo puesto de Zsolt Baumgartner en la mítica pista de Indianápolis en Estados Unidos, la pasada temporada, es un alivio económico. La imagen de este piloto con su jefe, abrazados ante los fotógrafos y con el dedo pulgar de la mano hacia arriba, reflejaban el triunfo de la escudería Minardi ese 20 de junio. La rueda de prensa dejó constancia de la satisfacción de Baumgartner al llegar de octavo. "Es una gran sensación alcanzar un punto", dijo y añadió: "Lo ocurrido hoy es como un milagro".

Por ahora, la Fórmula 1 se alista para la temporada 2005 que se iniciará, como ya se ha vuelto tradicional, en Melbourne, Australia. De ahí el campeonato se moverá por todos los continentes, excepto África. Se estima que al menos 170 millones de espectadores, en cada carrera, estarán atentos a lo que suceda con Schumacher, Montoya, Raikkonen, Alonso y por supuesto, con los Minardi, que no son protagonistas pero que también tienen un tiempo en la pantalla garantizado y quién sabe, tal vez obtengan un nuevo milagro.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.