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| 5/27/2006 12:00:00 AM

¡A votar!

Colombia acudirá este domingo a las urnas en medio de una campaña polarizada y atípica. Con la consolidación de Álvaro Uribe en la punta, las inquietudes son respecto a la posibilidad de una segunda vuelta presidencial y a quién ganará el pulso entre Carlos Gaviria y Horacio Serpa.

En medio de una campaña polarizada y atípica por la falta de debate sobre los programas, Colombia saldrá a votar este domingo en las elecciones de presidente de la República para el periodo 2006-2010. Además del picante característico de una elección presidencial, la jornada tiene mucho de novedoso tanto por la reglamentación que la regirá como por la condición en la que llegan los candidatos.

El principal atractivo es la competencia propiamente dicha. Las encuestas señalan a Uribe como ganador con amplia ventaja sobre Carlos Gaviria (del Polo Democrático) y el candidato liberal, Horacio Serpa. La gran duda es si la favorabilidad de Uribe será suficiente para mantener la presidencia en primera vuelta, o si tendrá que ir a una segunda tres semanas después.

Mientras el candidato presidente se mantiene solitario en la punta, Serpa y Gaviria parecen jugar su partido aparte en busca del segundo lugar y de la posibilidad de forzar a la segunda vuelta. Las proyecciones señalan que es más factible que lo logre el candidato del Polo Democrático, pero tanto Serpa como Gaviria dicen tener el potencial para dar la sorpresa. Las masivas concentraciones del Polo en las principales ciudades, por un lado, y el voto liberal arraigado, por el otro, figuran entre los argumentos de uno y otro aspirante.

El orden de preferencias del electorado horas antes de las elecciones tiene mucho que ver con la polarización de la campaña entre el presidente candidato (al cual todos los demás aspirantes querían controvertir) y Carlos Gaviria, a quien Uribe convirtió en su principal contendor a punta de frases mordaces y calificativos agresivos.

Uribe llega a las elecciones en el primer puesto gracias a la percepción ciudadana sobre su política de seguridad y economía. Analistas como Pedro Medellín consideran que también le favoreció su decisión de no asistir a los foros con los demás candidatos, la cual “degradó el debate electoral”.

En cuanto a las reglas de juego el gran atractivo está en la implantación de la reelección presidencial. Gracias a esta figura, el presidente Álvaro Uribe pudo volver a postular su nombre y su programa en busca del favor popular. En este punto la controversia giró en torno a las garantías brindadas a los demás aspirantes para enfrentar a un candidato que maneja la chequera y el poder del gobierno. Mientras sus rivales se quejaron por la falta de equidad para la competencia, la campaña uribista alega que si hubo desigualdad, fue en su contra.

Lo que está en juego

Con las elecciones del domingo, Colombia se está jugando la posibilidad de dar continuidad o no a la política de seguridad democrática de Uribe, que aunque no ha cumplido con las propuestas de acabar con la guerrilla ni lograr la paz, presenta indicadores de mejoría (reducción de homicidios y secuestros, alivio en la economía) y tiene un alto nivel de aceptación en el electorado. En este aspecto, el país parece estar decidido a respaldar a Uribe. El cumplimiento de sus principales promesas de campaña (mano dura con la guerrilla, reactivación económica) y un acertado manejo de la imagen aparecen como sus grandes aciertos frente a sus adversarios, quienes, según indican las encuestas, no pudieron convencer al electorado de que era necesario cambiar de mando.

Pese a que aparece como el favorito, Uribe sabe que lo que está en juego para él es la posibilidad de conseguir gobernabilidad para su segundo mandato. Con una campaña gerenciada por sus amigos y en la que han tenido poca participación los políticos, el candidato presidente busca ganar “como el llanero solitario”, al decir del politólogo Fernando Cepeda. Mientras tanto, los grupos uribistas del Congreso parecen no haberse jugado a fondo por la defensa de su candidato, quizá a la espera de una segunda vuelta electoral en la cual puedan hacer valer su condición de socios del presidente. De darse este escenario, el gabinete de Uribe para su segundo mandato sería más político que el del primero.

Serpa se juega su futuro y el del Partido Liberal. Si no logra el segundo puesto tendrá que aceptar que dejó de ser el líder de otras épocas y dar paso a la renovación generacional, dejando el camino libre para que el liberalismo siga deslizándose hacia el uribismo. El panorama para Gaviria es distinto porque podría ganar -incluso siendo tercero-, en la medida en que logre una cantidad de votos cercana a los dos millones, lo cual sería un hito electoral en la historia de la izquierda colombiana.

Seguridad

Para la jornada electoral fueron habilitadas 55.510 mesas con 333.060 jurados en 9.820 puestos de votación de los 1.098 municipios del país. 220 mil efectivos de las Fuerzas Militares trabajarán en el 93.3% de las mesas para evitar alteraciones del orden público y, según el ministro del Interior, Sabas Pretelt, “todas las garantías están dada para que los colombianos salgan a votar”.

En las elecciones podrán votar 26.412.655 personas. Sin embargo, los expertos consideran que sólo lo hará la mitad, debido a que Colombia tiene una abstención histórica superior al 52% en las elecciones presidenciales.

La más alta votación para elecciones presidenciales en Colombia fue en la segunda vuelta de 1998 entre Horacio Serpa y Andrés Pastrana. En esa ocasión sufragaron 12.310.107 de personas y la abstención fue de 40.98%. En las de 2002, la participación bajó más de un millón de votos, pese a que el censo electoral había subido a 24 millones de personas.
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