Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/09/14 00:00

Adiós a un gran creador

Adiós a un gran creador

Quien no conoció al cineasta Jaime Osorio Gómez, nacido en Viterbo, Caldas, en 1947, sentirá profundamente la muerte del director de dos insólitas películas colombianas, la estupenda Confesión a Laura y la desigual Sin Amparo, en las que se investiga la vida en pareja, sin concesiones aparte de la compasión, como una en la que la identidad se desgasta poco a poco. Lo sentirá aún más si se le dan más pruebas de lo importante que fue aquel hombre amable para el cine hecho en Colombia, si se le recuerda que Jaime Osorio fue asistente de dirección de Milagro en Roma, si se le hacer caer en cuenta de que Osorio estuvo detrás, como coproductor, como mentor, mejor, del éxito de largometrajes de la altura de La virgen de los sicarios, María llena eras de gracia y La sombra del caminante. Fue un director al que jamás le dio vergüenza volver a ser dirigido, un maestro que jamás vio por encima a sus discípulos, un cinéfilo que siempre entró de buen ánimo a los teatros. Fue, en resumen, un hombre generoso. Y que lo haya sido en el mundo del cine, que haya sido un cineasta brillante capaz de hacer las películas que le pasaron en la vida, es un agregado que hace increíble su paso por el mundo.

* crítico de cine de SEMANA

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