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| 7/21/2008 12:00:00 AM

¿Ahora sí se autorreformará el Congreso?

En su nuevo período el cuerpo legislativo tendrá que demostrar que sí es capaz de cambiar para reestablecer su frágil legitimidad.

Llega un nuevo período legislativo para el Congreso de la República. Los representantes y senadores alistan sus argumentos y proyectos para asumir la tarea que les fue encomendada por los colombianos que los eligieron en 2005: expedir, derogar o modificar las leyes, controlar al Ejecutivo, elegir al Defensor del Pueblo, al Procurador, entre otros.
 
Tras un mes de receso, la ciudadanía espera que el Congreso aborde con responsabilidad la deuda que dejó el período anterior: una autorreforma seria.

El Congreso que se posesionó este 20 de julio, viene del período legislativo más crítico de la última década. Las acusaciones, y también condenas, contra los congresistas por haberse beneficiado políticamente por sus relaciones con grupos ilegales armados, y las evidencias de que algunos de ellos negocian sus decisiones a cambio de prebendas y su falta de autonomía, hirieron gravemente al cuerpo legislador.

A estos embates contra la legitimidad de la institución, se sumó su incapacidad de autorreformarse. Cuando representantes de la sociedad civil le pidieron que aprobara una tímida Reforma Política, pero que incluía sanciones a los partidos políticos con miembros aliados con grupos ilegales, se rajó. Primaron los intereses del gobierno, que argumentó que si se quitaba las curules a los detenidos por parapolítica o farcpolítica, perdía la gobernabilidad.

Sin embargo, este organismo creado para representar políticamente a las regiones, las minorías y los partidos, en su última yarda, cuando se iba a terminar el período, logró avanzar el trámite a varios proyectos que merecieron el aplauso de los colombianos, entre los que estuvieron la ley que protege a las víctimas y la que castiga la violencia sexual contra las mujeres con más severidad. Y haciendo méritos de su autonomía, el Senado aprobó el primer proyecto en contra del gobierno.

El cuerpo legislativo que se instala para comenzar un nuevo período tendrá los mismos integrantes, contará con las mismas bajas por cuenta de las investigaciones de la Corte (uno de cada 4 congresistas cedieron la curul por las sospechas de parapolítica: 68 continúan siendo investigados y 31 están en la cárcel). Será el mismo Congreso que el pasado mes de abril, según una encuesta de Gallup, llegó al índice de favorabilidad más bajo de sus últimos cinco años con un 32 por ciento.

“Este ha sido un Congreso sumamente debilitado, que ha perdido la capacidad de maniobra y la legitimidad por cuenta de la parapolítica y la yidispolítica. Ha sido un Congreso no activo sino reactivo, es decir, que se ha acostumbrado a responder a las propuestas del gobierno y no ha tenido iniciativa propia. Parece estar más interesado en salirle al paso al escándalo de la parapolítica que en legislar”, dijo a Semana.com Juan Felipe Cardona, analista político de Congreso Visible.

No obstante, el nombramiento de los presidentes de cada cámara, la conformación de las comisiones -especialmente las primeras de Cámara y Senado Primera que son las encargadas de las reformas constitucionales-, y sus respectivas mesas de trabajo, eventualmente, podría darle una mayor capacidad de acción. Como lo dijo a Semana.com Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral:
“La primera prueba que tiene el Congreso en su nuevo período será el nombramiento de las mesas directivas y de los presidentes del Senado y la Cámara. Quienes queden en los cargos directivos tienen que ser los mejores hombres y mujeres, que no tengan tacha ética ni moral. Ahí comenzará a verse que tan capaz será el Congreso de hacer una buena gestión”

Los retos

En el nuevo período legislativo el Congreso tendrá los siguientes retos: la reforma política y electoral, que quedó pendiente; la reforma a la justicia, anunciada por el gobierno para lo cual cuenta con el nuevo Ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio como su promotor; los nombramientos de cuatro magistrados del Consejo Superior de la Judicatura, de seis de la Corte Constitucional, del Procurador General y del Defensor del Pueblo; y el proyecto de referendo de iniciativa popular que presentará el partido de U para permitir que un presidente que ha ocupado dos veces la Presidencia de la República, pueda presentarse una tercera vez a elección popular. Esta modificación a la Constitución le permitirá al presidente Uribe presentarse en 2010 o en 2014 una vez más como candidato presidencial.

La que tendrá mayor importancia para el propio Congreso será la reforma política y electoral de fondo, que fortalezca las instituciones democráticas y las proteja de los embates de las mafias. Con tamaña responsabilidad se abre la pregunta de si el Legislativo tendrá la capacidad de asumirla.

Para sacar de la crisis institucional en la que está sumida el legislativo, el gobierno nombró una Comisión de Ajuste. Conformada por siete connotados miembros, esta Comisión de notables, durante este período de receso del legislativo ha estudiado el contenido que debe incluir la reforma política que será presentada por el Ministro del Interior el 15 de agosto. Pero el Congreso es el que tendrá la última palabra.

¿Ahora sí podrá autorreformarse?

“Este Congreso ha demostrado ser muy dependiente del Ejecutivo, pero cuando el gobierno amenaza con reformarlo, lo que ha ocurrido históricamente es que internamente se genera la voluntad política de cambio. Así busca dejar claro que sí tiene la intención de afrontar la crisis”, dijo Cardona.

En el mismo sentido Barrios de la Moe, destacó que hay un buen ambiente para que el Congreso haga un buen trámite de la que los analistas consideran una tarea urgente para la democracia: reformar las reglas del juego de elecciones y partidos. “Sin pretenderlo se encontró sintonía entre diferentes representantes de las organizaciones civiles, congresistas y con la Comisión de Reajuste. Diferentes miradas coincidieron en varios temas como la necesidad de limpiar la densidad de la política y devolverle la ética. El Congreso ya entendió que ese debe ser el piso y no el techo, el punto de partida de una buena gestión”.

El Congreso tendrá que demostrar independencia, solidez y compromiso con la institucionalidad. De lo contrario su legitimidad seguirá tan flaca como hasta ahora y, por tanto, el corazón mismo de la democracia colombiana en alto riesgo de infarto.

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