Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/09/18 00:00

Alemania, entre Galicia y Catalunya

Martes 20. El académico Joaquín Roy explica quiénes ganaron y quiénes perdieron con los vagos resultados de las elecciones alemanas.

Alemania, entre Galicia y Catalunya

Las declaraciones de los partidos políticos alemanes parecen una ilustración de la simpática ocurrencia con la que Pío Cabanillas, un ministro gallego de Franco y la transición española, recibió los resultados de uno de los iniciales comicios de la renacida democracia española: "hemos ganado, pero no sabemos quiénes". Lo que sería un irónico autorretrato de la deliciosa indecisión gallega, es también una fiel imagen de la coyuntura alema hoy. Todos habrían ganado, incluso los democristianos que han recibido uno de los peores resultados desde el renacimiento de la democracia alemana.

Paradójicamente, el gran ganador, sin embargo, es el canciller en funciones Gehrard Shroeder. Consiguió reducir una desventaja de 20 puntos a un empate virtual. Ganadores netos en el centro derecha son los liberales del FDP, socios naturales de los conservadores, que han llegado al 10 por ciento. Se han quitado la espina de 2002 al haber contribuido a la debacle de Edmund Stoiber. Se han reivindicado y son cortejados por Angela Merkel y los socialdemócratas. Pero una "gran coalición" los dejaría en la oposición.

Por otra parte, los Verdes de Fischer han superado el desgaste de su apoyo a los socialdemócratas. Pero en la extrema izquierda el trofeo se lo lleva la inédita coalición de comunistas reciclados y socialdemócratas fugados. Apoyados por el resquemor de los votantes de la antigua Alemania del este, los marxistas se han visto reforzados por los disidentes liderados por Oskar Lafontaine que dejó en la estacada al SPD, al que arañó los votos que le faltaron para conservar el cargo de canciller. Es el precio que Shroeder pagó por inclinarse por una moderadas reformas liberales.

Entonces, ¿quién ha perdido? Aparentemente, los que se expresaron decididamente por la necesidad de cambiar drásticamente la política económica. No repararon en que el empate reflejado en los resultados simplemente constata que más de un 50% de electorado alemán (fiel espejo del resto de Europa) no acepta la cirugía extrema. También pierden los que anhelaban una más cerrada identificación con los intereses de la administración norteamericana. Unos y otros se sienten ahora defraudados.

También se lamentan los sectores feministas que, por fin, podían ver cumplido el sueño del surgimiento de la heredera de Margaret Thatcher y ya habían impreso las nuevas tarjetas de visita con el etiquetado de "Dama de Hierro", con resonancias de Kaiser y condecoración militar. Aunque su pupila todavía llegue a ser la primera mujer canciller de la historia de Alemania (si se cuecen las coaliciones necesarias, o decide formar gobierno en minoría), es perdedor Helmut Khol, huérfano de un triunfo espectacular de su protegida. También ha perdido Stoiber, escaldado en 2002, ahora arrepentido de haber puesto la imponente maquinaria democristiana de Baviera al servicio de Merkel.

Y ahora, ¿qué? Con cierta sorna semejante a la gallega, desde Catalunya se observa el fenómeno alemán, ofreciendo un panorama que bien puede considerase como un laboratorio para aplicar una de las soluciones para el galimatías germano. Recuérdese que en las elecciones autonómicas de 2003, la fuerza que consiguió más escaños (aunque no el voto popular) fue la coalición de Convergencia i Unió, la federación plasmada por el partido, de tendencia liberal, dirigido por el veterano presidente Jordi Pujol, y el resistente partido de origen democristiano Unió, superviviente de la fusión de esta tendencia en los conservadores del partido de Aznar.

Con Pujol retirado de la escena, su delfín Artur Mas fue desplazado del cargo que tenía destinado en la Generalitat por una maniobra liberada por el ex alcalde olímpico de Barcelona Pasqual Maragall. Con la ayuda de dos socios insólitos, Esquerra Republicana, un partido independentista, y los herederos de los comunistas reconvertidos, y modernizados de toques ecologistas, el líder de los socialdemócratas catalanes capturó la Generalitat para el llamado Tripartit, desde entonces bajo el acoso de la derecha del Partido Popular y los herederos de Pujol.

Como que Rodríguez Zapatero también necesita el apoyo los socios de Maragall para garantizar la gobernación de España, el Tripartit sigue su mandato. Salvando las distancias (Esquerra y los liberales alemanes contrastan en sus ideologías, pero comparten el respaldo de las clases medias), Shroeder podría contratar a Maragall como consultor.

* Catedrático 'Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami

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