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| 5/15/2005 12:00:00 AM

Alicia en el país de las maravillas

Valentino Giacomin, psicopedagogo italiano creador del proyecto Alicia enseña en Colombia técnicas para desarrollar la inteligencia emocional en niños y adolescentes. Silvia Camargo habló con él.

La semana pasada, durante un recreo en su colegio, Pedro le dijo a Juan que era un estúpido. A él le dio mucha rabia. Tanta que quiso pegarle. Pero antes de que él moviera un dedo, su profesora intervino. No le echó sermones ni regaños. Simplemente se acercó a hacerle una serie de preguntas a Juan.

-¿Qué fue lo que te molestó? -Inquirió.

-Que me dijera estúpido -respondió Juan.

-¿Y qué es estúpido?

-Es una palabra -le respondió.

-¿Y de dónde salió esa palabra? -continuó la profesora.

-De la boca de Pedro -dijo.

En ese momento, el estudiante pudo visualizar la escena y entender que no valía la pena meterse en una pelea por ese incidente. Imaginó las palabras salir y entrar de nuevo en la boca de su compañero de clase. "La palabra estúpido está en la mente de Pedro. Es solo una palabra y no tienes por qué permitirle que entre y afecte tu cabeza", le dijo.

Este ejercicio entre la profesora y su alumno se conoce como gimnasia de la mente y ha sido parte fundamental de un entrenamiento para desarrollar la inteligencia emocional de los estudiantes del colegio Centro Piloto de Educación Nueva Tibabuyes, ubicado en el sector de Suba, al Noroccidente de Bogotá.

Allí se adelanta desde la semana pasada una capacitación para niños y profesores sobre cómo educar las emociones. La capacitación está basada en el proyecto Alice, que desarrolló hace 20 años el psicopedagogo italiano Valentino Giacomin con el fin de aterrizar en el aula de clase los planteamientos de Daniel Goleman, el psicólogo que popularizó el término 'inteligencia emocional'. Giacomin se encuentra en Colombia, en donde ha compartido su experiencia con niños de entre 10 y 17 años. El tema de la inteligencia emocional se había aplicado en el área de trabajo, en la política, en las empresas, "pero no con escolares", dice. El proyecto Alicia actualmente maneja tres colegios en la India con más de 800 estudiantes.

Sus técnicas se basan en los lineamientos de Daniel Goleman. Sin embargo, Giacomin, a diferencia del psicólogo estadounidense, ha enfocado toda la gimnasia mental para modificar las ideas y no la emoción. "Antes del sentimiento hay una pensamiento, y esto es lo que provoca una reacción", dice . "Los problemas emocionales de hoy ocurren porque pensamos en forma equivocada, y quizás si cambiamos lo que pensamos esa emoción también se modificará".

Si bien los pedagogos están en el aula de clase para transmitir conocimiento y no tanto para lidiar con los problemas sicológicos del alumno, el entrenamiento de la inteligencia emocional de Giacomin le permite al educador involucrarse en el tema porque finalmente la raíz de la emoción tiene que ver con la capacidad cognitiva de los estudiantes, "y el profesor puede trabajar en este aspecto racional a pesar de no ser un psicólogo".

La mayoría de ejercicios buscan darle un nuevo marco a la emoción. Este proceso conocido como reframe consiste en reconstruir la percepción errada para cambiar el sentimiento.

Las emociones perturban a los estudiantes e interfieren en su desempeño académico. Para ayudarlos a manejarlas desde muy pequeños, Giacomin procura que los pequeños las conozcan en toda su variedad y expresión: celos, rabia, prepotencia, tristeza. En sus talleres, en lugar de reprender a un niño por lo que está sintiendo, él lo exhorta a que exprese sus percepciones acerca de esa sensación. ¿Cómo es tu rabia?, ¿qué tamaño tiene?, ¿cuál es su color?, ¿qué te hace sentir?, son el tipo de preguntas que les hace. "Cuando ellos hablan de la rabia o de cualquier otra sensación, se sienten liberados y esa es una manera de controlarla", afirma Giacomin.

Así como el conocimiento es poder en otros ámbitos, conocer las propias emociones también genera una especie de dominio sobre sí mismos. En la mayoría de casos, entre el insulto de una persona y el golpe de respuesta de la otra solo hay milésimas de segundos. Pero si se introduce cualquier tipo de razonamiento entre estas dos acciones, el tiempo de reacción será más largo, y mientras más se tarde la acción es mucho más factible que el daño sea menor. "No les decimos que sean buenos ni que les peguen. Los animamos a que piensen", afirma. De esta forma, cuando la misma sensación aparezca de nuevo podrán pensar en algo que los aleje de la respuesta impulsiva. "Lo que pretendemos es prevenir la violencia".

La mayoría de sistemas educativos actualmente clasifican las emociones en negativas y positivas, y buscan a toda costa reprimir las primeras. El sistema de Giacomin les hace ver a los niños y jóvenes todo lo contrario, que las emociones no son ni buenas ni malas. Tanto la rabia como la felicidad o el amor provienen de la misma mente y cualquier cosa que produzca el cerebro humano debe ser considerado como natural. Con esto busca evitar que los estudiantes se sientan mal de sentir la rabia o el odio pues la culpa es como la leña para el fuego, solo ayuda a avivarlas. "No hay que cortarlas ni reprimirlas sino darles espacio", dice el experto.

Con estas técnicas el resultado es sorprendente. En su experiencia con los colegios de la India, no ha visto dos personas peleándose a golpes en los últimos 20 años. La vida discurre en una tranquila convivencia en donde hay espacio para la discusión pero no para las riñas. Lo anterior trae consecuencias positivas adicionales como un mejor desempeño académico, menos estudiantes problemáticos, una mejor visualización de los libros y textos escolares y menos trastornos por déficit de atención. Esto se alcanza gracias a que la gimnasia de la mente ayuda a visualizar los sentimientos y emociones. Cuando la maestra nota a un niño disperso se abstiene de regañarlo o de obligarlo a prestar atención a la clase. Nuevamente, la estrategia consiste en preguntar. "¿En qué piensas?", "¿Qué está pasando? "¿Dónde está tu mente?", "¿Puedes traerla de regreso?" Para Giacomin, este tipo de interrogatorios ayudan a los estudiantes a ser conscientes del presente y de lo que les pasa y a controlar su mente.

Las peleas entre los compañeros de clase son el pan de cada día. Y muchas de ellas se dan porque alguien asume alguna situación como una verdad. Con la ayuda de estas técnicas se les hace ver a los estudiantes que la verdad es un concepto relativo y en cuanto un alumno dice que otro es su enemigo, la profesora le replica con otra pregunta. "¿estás seguro de eso?". Según Giacomin, es una manera de involucrar la teoría de la relatividad en la vida emocional.

Esta pequeña labor que hace Giacomin en esta escuela al occidente de Bogotá, cuya subsistencia depende de fondos públicos y privados, es un semillero de paz pues en la medida en que estas personas aprenden a entender sus emociones desde muy pequeños, es muy probable que aprendan a controlarlas más fácilmente en el futuro. De esta forma no solo se evitará la violencia sino que los estudiantes pondrán enfocar con mayor destreza sus energías en el estudio y las metas profesionales que probablemente los ayuden a salir de la pobreza. Es un cambio de paradigma en la educación. La interacción con los demás es una danza de energías en donde no hay divisiones, no hay verdades absolutas y el mundo se puede pintar del color que cada cual quiera. Todo lo lleva a un ambiente más humilde y generoso en el que no tiene cabida la pelea.

Más información

Proyecto Alicia, Colombia

Centro Piloto de Educación Nueva Tibabuyes

Teléfono: 6898136
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