Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

Angela Merkel, ícono de la nueva Alemania

Domingo 16. José Alejandro Cepeda y Richard Ortiz-Ortiz explican por qué se dice que la futura canciller alemana será una democratacristiana en un gobierno socialdemócrata

Angela Merkel, ícono de la nueva Alemania

Angela Merkel, la nueva canciller en ciernes, es de muchas maneras la síntesis de seis décadas de historia alemana. Merkel representa a aquellas mujeres que desde la esfera privada o la pública -y con bastante discreción- han contribuido a rearmar ladrillo por ladrillo el maltrecho rompecabezas heredado de la locura nacional-socialista del régimen de Adolf Hitler.

Merkel nació en el occidente alemán, pero creció en la Alemania comunista, la desaparecida República Democrática Alemana (DDR). Esta mujer, de carácter reservado y maneras frías, que ha conocido la realidad de su país a los dos lados del antiguo Muro de Berlín, inició su carrera política como portavoz suplente del último ministro presidente de la DDR y, después de la reunificación alemana, en 1990, se unió al partido conservador alemán. El desgaste y los escándalos por financiación de este partido después de la caída de su líder Helmut Kohl permitieron el vertiginoso ascenso de Merkel a la cumbre del Partido Demócrata Cristiano, lo que le dio el derecho a aspirar al puesto de Canciller o jefe de gobierno alemán.

Las últimas elecciones de septiembre de 2005 en Alemania le abrieron el camino para la conquista del poder, pero a base de una gran coalición (Großkoalition) entre los dos partidos más importantes: el partido demócrata cristiano (CDU) y el socialdemócrata (SPD). La lucha por las cuotas de poder en las negociaciones ha sido intensa y árida. Cada partido luchó por ganar el mayor número de ministerios e imponer sus objetivos programáticos.

A primera vista puede parecer que una Großkoalition puede ser la respuesta más adecuada para responder a los grandes desafíos de la reforma del modelo del Estado de Bienestar europeo en el contexto de la globalización y los avances de los espacios de integración económica y política. Pero la única experiencia previa con una gran coalición (la que llevó a Kurt Georg Kiesinger del CDU a la Cancillería de 1966 a 1969) ha demostrado que las coaliciones de ese tipo son estructuralmente inestables y lentas en la toma de decisiones. La dura exigencia de consulta y consenso entre los grandes frena la dinámica política, mientras los pequeños se concentran en ejercer una débil oposición. Y, como en todo sistema parlamentario, la posibilidad de convocar a nuevas elecciones si las cosas no salen bien permanece abierta.

A pesar de esto, la otra salida en esta última elección, el juego de sumar una coalición múltiple entre partidos pequeños y uno de los grandes, no fue viable programáticamente, lo cual le abrió la puerta finamente al CDU.

En este contexto, Angela Merkel tiene el mérito de haber sabido imponerse en una sociedad modernamente machista y conservadora. Como mujer, socializada en una cultura comunista, protestante, con un arribo tarde a la política -antes se ocupaba en el área de las ciencias naturales-, divorciada, casada por segunda vez y sin hijos, no representa el prototipo del político que la mayoría de alemanes quisiera. Pero la coincidencia de varios factores ha hecho posible su incontenible ascenso.

Sin embargo, el precio que el Partido Demócrata Cristiano (CDU) ha tenido que pagar para llevar al poder a una mujer es bastante alto. El Partido Socialdemócrata ha logrado un reparto paritario de los ministerios, reservándose para sí la política exterior y los ministerios clave de la política social. Debido a que el CDU ha renunciado a casi la totalidad del programa que presentó en la campaña electoral, se dice que Merkel será una Canciller democratacristiana en un gobierno socialdemócrata.

Pero también se dice que aquellos que subestimaron a Merkel tuvieron después que ceder al ímpetu de la mujer de hierro 'made in Germany'. Así sucedió al interior del CDU/CSU sobre la figura de Kohl y del anterior candidato de la Unión, Edmund Stoiber. Y aunque el Partido Social Demócrata continúa siendo fuerte, la figura de Merkel ha pesado mediáticamente y le ha torcido el brazo al actual Canciller, Gerhard Schröeder quien, a pesar de haber salido relativamente con éxito de su posición contraria a la guerra de Irak o del manejo en las inundaciones en la zona de Dresden en el verano de 2002, no ha podido ahuyentar el fantasma del desempleo entre los alemanes ni repuntar en la última campaña para mantenerse en su puesto.

En todo caso, un gobierno marcado por una gran coalición no será fácil. No sólo por las posibles fricciones entre los dos partidos, sino por los grandes desafíos que enfrenta la economía europea que más exporta en el mundo. Los alemanes están a la expectativa.

* Candidatos a doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Heidelberg (Alemania)      

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