Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/05/02 00:00

Anna Politovskaya, Premio Mundial a la Libertad de Prensa Guillermo Cano

La reportera rusa entregó su vida por contar la verdad y así se convirtió en un símbolo de los atropellos a la libertad de prensa en el mundo. Por eso, la Unesco le hace un homenaje póstumo. El galardón se entregó en Medellín.

Anna Politovskaya

El cuerpo de la periodista rusa Anna Politovskaya fue encontrado en el suelo del ascensor del edificio donde vivía, rodeado por un charco de sangre, cuatro balas y una pistola.

La trágica muerte ocurrió el pasado 7 de octubre y con ella callaron una de las voces que más gritaban las violaciones de derechos humanos en su país. En el ámbito periodístico, aquel homicidio se convirtió en símbolo de la mordaza que quienes ostentan poder suelen ponerle a la prensa en todo el planeta.

Por eso, la Unesco quiso rendirle un homenaje póstumo, al otorgarle el premio Guillermo Cano, a propósito del Día de la Libertad de Prensa, que se celebra el 3 de mayo.

El homicidio de aquella valiente reportera ocurrió justo 20 años después del asesinato del periodista colombiano Guillermo Cano. En aquel entonces, él era el director del diario El Espectador, desde donde hizo todo tipo de denuncias en contra del narcotráfico, que impregnaba las esferas políticas y económicas del país.

Como reconocimiento a las aguerridas denuncias que cobran las muertes de miles de periodistas, la Unesco decidió establecer el premio a la libertad de prensa y le dio el nombre de don Guillermo.

La primera vez que se entregó aquella estatuilla fue hace 10 años. Desde entonces, la han recibido reporteros víctimas de amenazas y abusos por parte de diferentes poderes en todo el mundo. Pero la versión de 2007 es especial, puesto que es la primera vez que se le otorga el reconocimiento a una periodista fallecida.

Y no es para menos. Politovskaya fue, quizá, la reportera que más verdades conoció de la segunda guerra en Chechenia y las reveló en el periódico Novaya Gazeta. Mientras se hacían célebres sus historias en aquel impreso, publicó libros contando a profundidad las atrocidades ocultas que pasaban en el campo de batalla.

Aquella guerra se inició en 1999, después de que guerrilleros chechenos atacaran a Dagestán y Moscú. Entonces se encendió un conflicto en el que cualquier persona era sospechosa y candidata para la muerte.

En un libro de Politovskaya llamado Un pequeño rincón del infierno, la periodista narra de manera detallada escalofriantes relatos sobre torturas, homicidios y desapariciones efectuadas por soldados rusos. Con base en los hallazgos de sus investigaciones, se volvió crítica de la política de mano dura impulsada por el presidente Vladimir Putin, desde cuando asumió el poder en 1999.

Por eso, sus denuncias no pararon ahí. También descubrió violaciones dentro de las guarniciones militares, donde los reclutas eran sometidos a golpizas, violaciones y hasta los hacían comer excrementos. Después de muchas escenas como esas, el conflicto en Chechenia redujo su intensidad en 2004.

Sin embargo, ese mismo año un comando de fuerzas prochechenas hizo una toma armada a una escuela de Beslán, en Osetia del Norte. De inmediato, fuerzas armadas de Rusia acudieron al rescate del plantel educativo. En el tiroteo murieron militares, alumnos y maestros. Hoy se estima que el número de muertos en aquel hecho no es inferior a 600.

Para aquel entonces, la periodista Politovskaya ya sabía muchas verdades sobre el conflicto. Y, fuera de conocerlas, las había revelado. Según sus relatos, cada vez que los hombres de Putin aparecían en escena, había violación de los derechos humanos. Entonces sus versiones representaban una amenaza para el poder ruso.

Ella era una ficha clave para que el mundo se enterara de lo que pasó realmente aquella desastrosa mañana. Pero su llegada al lugar de las múltiples muertes fue imposible. Antes de salir hacia la escuela, para conocer detalles de semejante barbarie, se tomó un té. A los pocos minutos, debió acudir a un centro médico. Estaba envenenada.

Esa fue tan solo una de las artimañas con que pretendieron callarla. Ella sabía muy bien a qué se sometía con sus denuncias. Y así lo dejó claro públicamente en 2005, cuando la organización Reporteros sin Fronteras la invitó a una conferencia sobre la libertad de prensa.

“Hay personas que a veces pagan con su vida el manifestar en voz alta lo que piensan. También te pueden matar sólo por transmitir informaciones. No soy la única que está en peligro”, dijo.

Apenas un año después de haber pronunciado aquellas palabras, fue muerta a tiros en el edificio donde vivía, en el centro de Moscú.

La presidenta de la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Helen Flautre, declaró en su momento que “Anna Politovskaya fue asesinada por contar la verdad”. Por eso, la Unesco la reconoció con el Premio Guillermo Cano, que se entregó en Medellín, y que recibió su hijo, Ilya Politkovskiy, en medio de enérgicos aplausos por parte de estudiantes y periodistas que asistieron al acto.

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