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| 10/10/2006 12:00:00 AM

Arranca histórico juicio contra Simón Trinidad en Estados Unidos

En caso de que la justicia norteamericana lo declare culpable de conspiración, en adelante cualquier miembro de las Farc podría ser extraditado con el mismo argumento. ¿Qué tanto incidirá el caso de Trinidad en la posibilidad de un intercambio?

Se inició el juicio contra Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, en la corte distrital de Washington. El guerrillero de las Farc, quien se hizo famoso en los medios de comunicación porque formó parte del Comité Temático en las frustradas negociaciones de paz en el Caguán, enfrenta cargos por el secuestro de tres estadounidenses. Se trata de un hecho sin precedentes por ser éste el primer líder de esta guerrilla procesado ante un jurado norteamericano.

De acuerdo con las informaciones conocidas sobre las condiciones en que está recluido Simón Trinidad, quien es considerado el mayor trofeo en la persecución contra las Farc, éste se halla encarcelado bajo medidas de extrema seguridad en una prisión especial en Washington. En su celda de 1,50 por tres metros sólo hay una sencilla cama, un lavamanos y un inodoro iluminados por una perpetua luz artificial. El guerrillero fue extraditado el 31 de diciembre de 2004.

Requerido por el juez Tomás Hogan, Simón Trinidad compareció con la palabra ‘conspiración’ gravitando en el escenario. En este están dos fiscales del equipo acusador, 12 jurados, el juez Hogan y los cuatro abogados defensores.

Según diferentes pronunciamientos del abogado Paul Wolf, quien es un experto en derecho internacional y sigue con atención el caso de Palmera, en este juicio el concepto de conspiración será determinante ya que el ente acusador, encabezado por los fiscales Kenneth Col y John Crabb del Departamento de Justicia, buscará convencer al jurado y al juez de que Simón Trinidad debe ser juzgado con leyes criminales de confabulación.

Los fiscales, aportando alrededor de 20 testimonios, en su mayoría colombianos, orientarán su tesis hacia la demostración de que el guerrillero colombiano es un eslabón de la gran cadena conspirativa contra Estados Unidos llamada Farc. De prosperar la estrategia del Departamento de Justicia, se marcaría un auténtico hito legal que además sería una carambola a dos bandas.

Al parecer no hay una prueba reina que demuestre la participación directa de Simón Trinidad en el ataque al avión Cessna 208 derribado por las Farc el 13 de febrero de 2003 en el Caquetá y en el que viajaban los estadounidenses Keith Stansell, Thomas Howes y Marc Gonsalves, quienes fueron secuestrados por la guerrilla. Por ello los fiscales intentarán formular la responsabilidad conexa del acusado por ser miembro de esa organización guerrillera, la cual es catalogada por el gobierno de Estados Unidos como terrorista. De concretar su objetivo no sólo lograrían una condena de 30 a 40 años para Simón Trinidad sino que además dejarían trazada la línea jurídica para procesar en adelante a cualquier miembro de la guerrilla, que en tal caso sería un ‘conspirador’ más, a la luz de este probable precedente.

Por su parte, el abogado de Simón Trinidad en Colombia, Óscar Silva Duque, considera que la tesis de la conspiración como vía condenatoria del guerrillero “es bastante ilógica y laxa”. Silva ve poco probable que en un sistema judicial riguroso como el de Estados Unidos tenga acogida ese planteamiento porque “en tal caso habría que extraditar a cuanto guerrillero se capture, sea raso o no, y el supuesto delito no estaría saldado hasta que no fueran capturados y extraditados todos los integrantes de las Farc”.

El juicio, que podría prolongarse por seis semanas, se desarrollará como se estila en el sistema estadounidense. Las acusaciones y descargos se harán frente al juez y un jurado conformado por ciudadanos del común que viven en Washington. Este grupo, seleccionado con la veeduría de las partes querellantes, es denominado ‘jurados de conciencia’ y está compuesto por 12 principales y tres suplentes. Todos estos deben abstenerse de entrar en contacto con información externa sobre el caso del que se ocupan. Conforme se desarrollen las distintas sesiones del juicio, el grupo evaluará las argumentaciones de lado y lado y al final determinará si el acusado es culpable o inocente.

Tomas Hogan, responsable de conducir el juicio y determinar los años de condena en caso de que el acusado sea hallado culpable, es un curtido juez de línea conservadora muy recordado por sus determinaciones en otros sonados procesos como las torturas en Abu Grahib y Guantánamo, la orden de encarcelamiento que expidió contra la periodista del New York Times, Judith Miller así como la orden de registro a las oficinas del congresista William Jefferson.

La defensa está en cabeza del abogado Bod Tucker, quien cuenta con el apoyo de otros tres colaboradores asignados por la corte como abogados de oficio pagados por Estados Unidos. Simón Trinidad entró en contacto con Tucker luego de que éste le fue asignado por el juez tras su declaración de inocencia rendida ante el Palacio de Justicia de Washington el mismo día de su extradición. Ese día el juez citó a una segunda audiencia efectuada el 5 de enero en la que el guerrillero escuchó en traducción simultanea la ampliación de cargos en su contra. En una tercera audiencia cumplida el 9 de febrero el juez Hogan determinó que el cargo de toma de rehenes imputado a Trinidad sería el primero en ser estudiado, para lo cual fijó un plazo de seis meses para la recolección de pruebas.

Según el abogado de Simón Trinidad en Colombia, quien representa al guerrillero en más de 80 procesos que se le siguen en el país, la defensa del acusado intentará demostrar que varias de las pruebas con que se acusa a Trinidad se obtuvieron mediante procedimientos irregulares adelantados por agentes encubiertos del FBI. Así mismo se expondrán documentos de inteligencia en los que se desmiente que Trinidad hace parte del estado mayor de las Farc.

La semana pasada, cuando el juez Hogan decidió posponer el juicio, un grupo de manifestantes marcharon por las calles aledañas a la corte protestando contra el enjuiciamiento del guerrillero por la justicia norteamericana. Aunque se había anunciado una protesta multitudinaria con ciudadanos venidos de ocho estados, los manifestantes, que actúan bajo el nombre de ‘Free Simón Trinidad’ (Libertad a Simón Trinidad), no pasaron de 20. El grupo está liderado por el norteamericano Tom Burke, activista de los círculos bolivarianos en Estados Unidos y quien sostiene que el procesamiento de colombianos en cortes estadounidenses y la lucha contra la droga en Colombia son excusas del gobierno Bush para acabar con los revolucionarios.

En Colombia, el juicio contra Simón Trinidad despierta gran interés en distintos sectores, especialmente por la actual coyuntura política que ha ambientado nuevamente la posibilidad del intercambio humanitario. El 18 de diciembre de 2004 el gobierno firmó la extradición de Trinidad condicionándola a que la guerrilla liberara a 63 secuestrados políticos.
 
Ante la negativa de las Farc el último día de aquel año el gobierno hizo efectiva la orden. En las últimas semanas, el gobierno y la guerrilla han hecho un intercambio de comunicados en relación con el canje de secuestrados por prisioneros. En su comunicado del 26 de septiembre pasado, la guerrilla reiteró explícitamente que el canje estaba condicionado a la inclusión en éste de Simón Trinidad y Omaira Rojas, alias ‘Sonia’, otra importante guerrillera extraditada a Estados Unidos.

Sin embargo, la semana pasada el presidente Uribe se refirió a la libertad de Simón Trinidad como una condición “imposible”. “Ese es un tema que ya tiene que ver con la justicia norteamericana y que escapa de nuestras manos. Ponerme a tratar ese tema, es ponerme a hablar sobre aquello que el gobierno colombiano no puede decidir”, explicó el Presidente.

Así las cosas, el juicio que enfrentael guerrillero mantiene también muy expectantes a los familiares de los secuestrados y a estos mismos, quienes esperan que ahora por cuenta de este proceso no vayan a tener que compartir el banquillo de Simón Trinidad y ser condenados a más años de secuestro en la selva, lejos de sus familias.

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