Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/09/20 00:00

Aumenta el abuso de drogas de prescripción médica

La periodista Ilse Borrero escribe sobre una tendencia de la vida contemporánea: las adicciones creadas en casa al consumir “analgésicos, antidepresivos y estimulantes, de esos que se encuentran al alcance de toda la familia en el gabinete de medicinas, o en las mesas de noches de los padres”.

Cualquier ciudadano tiene hoy al alcance de su mano un sinnúmero de medicamentos que le pueden crear dependencia.

Por un intenso dolor de espalda, Marta * se dio cuenta de que el analgésico que tenía en su casa, una “muestra médica” que le habían regalado, además de aliviarle su malestar lumbar le daba una sensación de placidez y relajación que le gustó. La droga contiene 50 mg de acetaminofén y 50 mg de codeína , un derivado del opio. En Colombia la fabrican distintas casas farmacéuticas y se consigue en cualquier droguería por un precio que varía entre los 7.000 y los 30.000 pesos, dependiendo del laboratorio productor. Eso sí, en ninguna parte exigen fórmula para venderla.

Casi siete años después, el dolor de espalda de Marta sigue siendo crónico, como también su adicción a la codeína. Empezó tomando dos, luego cuatro, luego seis… Hoy ingiere hasta 20 pastillas diarias, en tomas de a cinco pepas que se atraganta una detrás de otra y pasa con un trago de agua. Lo peor es que en su afán de dejarlas, ahora las combina con relajantes y antidepresivos que se autorreceta como el Ativán o el Xanax, que también venden sin mucho problema en las farmacias del país. Lo increíble de esta historia es que Marta es enfermera e hija de médico, lo que sin duda facilitó su exposición temprana a las supuestas “drogas de prescripción” y el acceso a estas sustancias.

Cada vez que intenta dejar de tomar la codeína aparece el síndrome de abstinencia: padece diarrea, dolores musculares, escalofríos y cólicos que la retuercen y mandan a la cama por lo menos una semana. “Demasiado tiempo pues tengo que seguir en mi trabajo y no me puedo enfermar”, argumenta Marta, sin darse cuenta de que ya está muy enferma y de que su adicción a los fármacos a ese ritmo la puede llevar a la muerte. Ella se consuela revelando un dato que preocupa aún más: la ingesta de antidepresivos y estimulantes es una práctica “vieja y frecuente” entre el personal médico, sobre todo entre aquellos especialistas que tienen más fácil acceso a estas sustancias de control.

Los opioides, además de bloquear el dolor, producen somnolencia, estreñimiento y euforia porque afectan las regiones del cerebro que controlan lo que percibimos como placer. Su consumo prolongado genera dependencia física y emocional, y una sola dosis grande de codeína puede causar una severa depresión respiratoria que puede ser mortal. Eso lo sabe bien Marta, una joven profesional que está atrapada en su adicción a la codeína, sustancia que contienen muchos analgésicos de esos que se guardan en el botiquín de cualquier casa y se venden sin control.

Situación en Colombia

Según un estudio de mayo pasado del Ministerio de Protección Social y la Embajada norteamericana, en el país el 9 por ciento de los jóvenes consumen drogas controladas como antidepresivos, tranquilizantes y otros medicamentos de prescripción. La Oficina Anticonsumo del Ministerio informó que hoy su preocupación no se centra sólo en las drogas conocidas, para las cuales las campañas y programas de prevención están muy avanzados, sino en el reporte creciente de abusos y nuevas adicciones a este tipo de medicamentos.

Por su parte, la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito en Colombia también denunció que el 70 por ciento de los menores colombianos consumen algún tipo de droga, y en especial destacó el aumento en el número de jóvenes que toman medicamentos relajantes como sustitutivo de otras drogas convencionales, pues su fácil acceso les permite un mayor consumo.

“Son drogas de control de venta por fórmula médica, y alrededor del 10 por ciento de los jóvenes escolarizados menores de 17 años han consumido alguna vez tranquilizantes”, dice el comunicado de Naciones Unidas.

Una situación que, según los expertos, devuelve las miradas a los hogares y cuestiona a los padres de familia, pues evidencia que el consumo de sustancias no permitidas se está haciendo en la casa.
Disparado consumo en EE. UU.

En Estados Unidos el problema está a punto de convertirse en una epidemia. Así lo advirtió el año pasado Joseph Califiano, Director del Centro Nacional de Adicción y Abuso de sustancias de ese país, Casa –por sus siglas en inglés–, que funciona en la Universidad de Columbia.
Luego de tres años de investigación, el organismo presentó un revelador estudio sobre la situación de abuso de drogas de prescripción controlada en Estados Unidos. El informe concluye que hoy hay más personas adictas a este tipo de medicamentos que el número total de consumidores de cocaína, alucinógenos, inhalantes y heroína. Y lo peor, los expertos sospechan que hay un alto subregistro en las ya alarmantes cifras.

Mientras el total de la población norteamericana creció entre 1992 y 2003 en un 14 por ciento, la cantidad de consumidores de estas sustancias aumentó en un 94 por ciento. Pasó de 7,8 millones a 15,1 millones, y entre los adolescentes se triplicó. Particularmente alarma el aumento en un 212 por ciento en el consumo en menores de entre 12 y 17 años. Las drogas que más consumen son: opioides como Oxycontin o Vicodin; depresores del sistema nervioso central como Valium y Xanax, y estimulantes como la ritalina o adderall. Según los expertos, los adolescentes que consumen estas sustancias son el doble de susceptibles a combinarlas con alcohol, y cinco veces más propensos a combinarlas con marihuana y otras drogas como éxtasis o cocaína.

La razón que explica este alarmante aumento en el consumo de estas drogas en particular se relaciona con la facilidad que tienen los jóvenes de acceder a ellas. Las consiguen con doctores amigos, parientes, compañeros de clase, falsificando la firma de los padres o, sin ir más lejos, en el cajón de las medicinas de sus casas, o haciendo un clic en Internet. En la red existen cientos de sitios que promocionan y venden estas drogas. El 95 por ciento de ellos no exige prescripción y venden sobre todo opioides y esteroides; sólo se necesita una tarjeta de crédito y un computador, y llegan hasta sus puertas en pocos días.

‘Pharm parties’: rumbas peligrosas

Las familias sin duda desempeñan aquí un papel clave. Mantener estas drogas en los gabinetes o botiquines caseros es una invitación abierta a los menores a que se inicien en esta nueva y peligrosa tendencia. En Estados Unidos son cada vez más frecuentes las llamadas pharm parties, que algunos padres despistados confunden con farm de granjas y creen que sus hijos van a una fiesta en una finca, cuando en realidad van a celebraciones donde los fármacos que cada invitado aporta y trae muchas veces de sus casas se reparten en bandejas y los jóvenes los combinan sin ninguna precaución.

Otro estudio reciente también conducido por el Casa y revelado el mes pasado alerta sobre el creciente consumo de marihuana, alcohol y drogas de prescripción entre los adolescentes cuando los padres están presentes. El informe dice que mientras el 80 por ciento de los padres cree que en las fiestas a las que asisten u ofrecen sus hijos no hay riesgo de que consuman drogas ni alcohol, el 50 por ciento de los jóvenes reportó que en todas las fiestas encuentran alcohol y drogas. “Los padres tienen que despertar y oler los vasos y revisar las bandejas que circulan en sus casas. No sólo deben estar ahí sino estar pendientes de qué pasa”, advierten los expertos.

Aunque sin duda el incremento de este consumo entre adolescentes y jóvenes preocupa de manera especial, la población adulta no está exenta y ha caído también en las garras de esta reciente modalidad de adicción. De hecho, el estudio del Casa demuestra que el abuso de estos medicamentos de prescripción en mayores de 18 años creció en un 81 por ciento. El hecho de que sean drogas aprobadas por la FDA y recetadas por médicos, les da la falsa tranquilidad de que son más seguras a la hora de consumirlas. En el 2002 el 30 por ciento de los casos de muerte por sobredosis en las salas de emergencia norteamericanas estuvo relacionado con las drogas de prescripción. Los opioides, como la codeína que consume Marta, resultaron implicados en el 19,9 por ciento de esos eventos fatales.

En las encuestas realizadas en el 2004 por los expertos del Casa, la mayoría de los médicos (59,1 por ciento) y los farmaceutas (51,8 por ciento ) entrevistados culparon a los pacientes de simular síntomas que se tratan con opioides, tranquilizantes y estimulantes, y de incluso visitar a varios médicos para conseguir y alterar las fórmulas de compra de estas drogas de prescripción controlada, práctica que se ha bautizado “doctor shopping”.

Las autoridades que se ocupan de este tema en Estados Unidos han hecho un llamado urgente a padres de familia, médicos, farmaceutas, compañías de laboratorios, escuelas y empleados de salud pública para aunar esfuerzos y frenar esta nueva amenaza. Se preparan campañas de prevención y endurecimiento de las leyes en esa cruzada.

La pregunta inevitable que surge y se traslada entonces a nuestro medio es si esto ocurre allá, donde es más rigurosa la vigilancia de estas sustancias pues se exige la fórmula médica para su venta, y aun así se las ingenian para conseguirlas, ¿cómo estaremos de expuestos aquí, donde se venden sin mayor control? Por ahora, la primera recomendación para los padres es prestar más atención a sus hijos y darles llave a sus cajones y botiquines, aunque sin duda eso no será suficiente.

* El nombre del testimonio ha sido cambiado para proteger su identidad.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.