Jueves, 30 de octubre de 2014

| 2007/06/20 00:00

Aumenta explotación y abuso sexual de niños en Colombia

Tanto UNICEF como la Agencia Pandi coinciden en que las agresiones sexuales contra menores en Colombia son un flagelo en ascenso. El ICBF no se atreve a dar cifras, pero reconoce que hay fallas en los planes de acción contra estos delitos.

Aunque se tienda a confundirlos, la explotación y el abuso sexual en niños son fenómenos diferentes. El abuso sexual va relacionado con situaciones incestuosas, donde los mismos familiares son los victimarios. Las cifras que se manejan sobre esta problemática son producto del número de denuncias, sin que por ello coincidan con el de casos ocurridos.

La explotación sexual se presenta cuando se utiliza al niño como objeto sexual a cambio de algún beneficio económico. Las cifras que se conocen sobre este delito, provienen de las denuncias sobre casos específicos y de la detención, por parte de las autoridades, de focos de explotación. Sin embargo, estas fuentes cuantitativas tampoco garantizan el grado de ocurrencia.

La explotación y el abuso sexual en niños son realidades que no sólo afectan a la sociedad colombiana. Son problemáticas de carácter mundial que difícilmente se pueden categorizar o describir ya que en su desarrollo llevan implícitos factores que involucran otros fenómenos sociales como el consumo de drogas, los adolescentes delincuentes, la violencia intrafamiliar, entre otros.

Las diferencias sociales, el analfabetismo, la pobreza, la represión familiar, etc., son algunos de los factores que deterioran la calidad de vida de los niños. Sin embargo, no son elementos determinantes de todos los casos. La explotación y el abuso sexual en infantes no son realidades propias de los pobres, ni de los desplazados en conflictos armados. Las clases sociales más favorecidas son igualmente víctimas de estos males.

Los delitos contra la libertad e integridad sexual abarcan la explotación sexual, el abuso sexual, la violación y cualquier otra forma de contacto sexual que persiga obtener beneficio o placer, a través de la incitación o coerción de los niños. Incluyen el uso de los menores de edad a cambio de retribución o remuneración, además de la pornografía, el turismo sexual, etc.

En una investigación realizada por UNICEF, se estima que en Colombia hay 18.000.000 de menores de edad, de los cuales aproximadamente 35 mil niños y niñas están vinculados a la explotación sexual. Según el mismo estudio, la edad en que se induce a la actividad se ha reducido incluso por debajo de los 10 años.

No obstante, para Elenita Motta, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, las cifras sobre explotación sexual infantil son inciertas. “Es un problema clandestino, donde las labores de inteligencia no permiten conocer cifras claras. UNICEF habla de 35 mil víctimas, yo por mi parte no me atrevería a precisar ningún dato”.

Aunque, la actividad predominante continúa siendo la prostitución, se han presentado cada vez más casos de trata y utilización sexual en grupos armados ilegales.

En Colombia, quien dirige las estrategias en la lucha contra estas problemáticas es el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que tiene como misión prioritaria administrar los ingresos provenientes del Presupuesto general de la Nación para canalizarlos hacia actividades de protección y atención a la población infantil afectada.

Con el ICBF colaboran otras organizaciones como la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría Delegada para la defensa del menor y la familia, las Instituciones de vigilancia y control, la Unidad de Delitos contra la libertad sexual y la dignidad humana de la Fiscalía General de la Nación, entre otras.

Elenita Motta, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, afirma que hay un compromiso gubernamental para atacar ambas problemáticas. En el caso de la explotación infantil, sostiene que existe un pacto entre las autoridades nacionales competentes y organismos internacionales para la captura y detención de las bandas que se dedican a explotar niños. Sin embargo, reconoce que los recursos no son suficientes para lograrlo.

En lo que corresponde al abuso sexual infantil, sostiene que en el marco de la Política Nacional de Paz y Convivencia Familiar, se atiende de forma especializada a los niños víctimas y a sus agresores. “Estamos estableciendo un modelo de atención integral a las víctimas de la violencia y a sus familiares, para ello contamos con equipos psicosociales y defensores de familias, además de otras organizaciones gubernamentales dentro de la misma infraestructura, como la Fiscalía, el Ministerio Público, entre otras”.

A pesar de los esfuerzos de las instituciones competentes para ayudar a la víctimas y crear conciencia sobre las consecuencias de estos fenómenos, la explotación y el abuso sexual en menores, son una problemática en ascenso.

En materia de explotación infantil, Guillermo Camacho, de la Asociación Afecto, considera que los planes de acción orquestados por el Ejecutivo Nacional carecen de recursos económicos para impulsar una verdadera fuerza especializada en atacar casos de explotación. Según el funcionario de la ONG, “los recursos y las autoridades son precarias, necesitamos una policía transparente y capacitada para esta lucha, ya que quienes ejercen la explotación infantil pertenecen a redes criminales poderosas de alcance internacional que manejan altas sumas de dinero (...) falta que el Estado invierta en la niñez, pareciera que estuviera de brazos cruzados. Colombia necesita un doliente con recursos y tecnología para darle un zarpazo final a las bandas de explotadoras que tienen azotados a nuestros niños”.

Según datos de la Agencia Periodismo Amigo de los Derechos de la Infancia (Pandi), las últimas cifras sobre abuso infantil en Colombia son:

· Durante 2006 el abuso sexual infantil en Colombia aumentó en un 6% respecto al año anterior.
· El rango más alto se encuentra en niños y niñas entre 5 y 14 años de edad.
· Bogotá y Antioquia son identificadas como las zonas en donde más se cometen abusos.
· Se denunciaron 14.840 casos ante Medicina Legal en el último año.
· El 86% de las víctimas de abuso sexual que se presentan en Medicina Legal son menores de edad.
· 12.247 niñas y 2.593 niños fueron abusados sexualmente durante el año pasado.
· 3 de cada 100 menores asistieron a Medicina Legal por abuso sexual.
· El silencio es la cifra más importante pues se estima que el 70% de los casos no es denunciado por temor, conflictos sociales o coerción.
· Existen 2.406 casos reportados indirectamente por institutos médicos o servicios sociales obligatorios.
· Cada 14 minutos se presume que se presenta un caso de abuso sexual contra un menor de edad en Colombia, que es denunciado. Se cree que la cifra de casos no denunciados es mucho mayor.

Se estima que sólo un 30% de los casos se denuncian, pues en ocasiones, el agresor es un miembro cercano de la familia del menor, que muchas veces cuenta con la complicidad o mutismo del resto de familiares, bien sea por miedo, o por considerarse esta práctica delincuencial como un problema insignificante. Por otro lado, el abuso infantil de tipo sexual tiene muchos matices, tanto físicos como psicológicos, y no sólo el de la violación carnal per se.
Por ello, resulta importante aprender a “leer” algunas señales que ayudan a determinar cuando un niño ha sido víctima de abuso sexual. Según el investigador Víctor Solano, las siguientes son algunas pistas a considerar.

En el físico:

· Dificultades para caminar o sentarse.
· Ropa rota, especialmente la interior o presencia de sangre en ella.
· El niño empieza a tocarse mucho, jalarse el pantalón o la falda, repetitivamente.
· Trauma en los senos, nalgas, parte baja del abdomen, en los muslos. · Embarazo
· Durante juegos, clases de educación física, práctica deportiva, etc., hay movimientos que se le dificultan al niño o niña.
· Infecciones venéreas. La más común es el condiloma que se presenta como una verruga dolorosa que se deben tratar con cremas o cauterizaciones. Cuando el niño es portador lo acompañarán siempre, especialmente cuando se le bajen sus defensas.

En lo emocional:

· El niño puede volverse muy retraído y silencioso, algunos desarrollan mutismo. O por el contrario, su comportamiento es agresivo en exceso.
· Repentina caída en el rendimiento académico.
· Alucinaciones visuales, táctiles o sensoriales en general.
· Depresión permanente.
· Ponerse ropa sobre ropa, necesidad de utilizar muchas prendas de vestir para dificultar el abuso.
· Después de que el niño ya aprendió a ir al baño vuelve a la etapa de no controlar esfínteres. En algunos casos puede retener las heces para que el abusador sienta incomodidad y no lo intente nuevamente.
· Aversión al acto de acostarse, sueños alterados o con pesadillas, no quiere dormir solo, ni que lo dejen solo en su habitación.
· En relación con otros niños, sus relaciones son pobres: no participan en sus juegos o son demasiado complacientes.
· Son “demasiado juiciosos o juiciosas” porque se acostumbraron a complacer.
· No les gusta ir a visitar la casa de algún familiar o amigo. Quiere evitar los viajes familiares o las reuniones.
· Comportamientos y comentarios de adulto con referencias sexuales.
· Terminan huyendo del hogar y acercándose peligrosamente a la prostitución o al suicidio.

UNICEF, tiene como meta lograr para el 2010 una erradicación total de estos fenómenos, garantizándole a la población infantil protección absoluta ante cualquier tipo de explotación y abuso. Para ello, considera importante aprovechar el aparato legislativo que respalda a las víctimas (las leyes 360 de 1997 , 575 de 2000 y de la Convención Internacional para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer). Además, estima necesario darle mayor cobertura mediática a las problemáticas, sin hacerle daño a los menores, con el fin de informar y sensibilizar a la opinión pública sobre las gravísimas consecuencias de estas actividades en la generaciones futuras.

Sin embargo, a juicio de Liliana Burbano, del Departamento de Comunicaciones del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Ipec), para disminuir y erradicar estos fenómenos, es necesario transformar los patrones culturales. Según Burbano, de nada sirve establecer planes de acción en contra del abuso y explotación infantil, si la sociedad, incluyendo a las autoridades competentes en estos planes, no deja de considerar a los niños y a las mujeres como actores débiles, sin credibilidad para defenderse. “En ocasiones los agresores se escudan argumentando que las jóvenes los sedujeron, y los fiscales toman esos elementos en cuenta a la hora de procesarlos, no se logra nada con las leyes, si no se supera el imaginario cultural machista”.

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