Lunes, 27 de febrero de 2017

| 2007/11/15 00:00

Autogol del Pereira

El equipo matecaña no solo está a un paso de perder su cupo en la categoría A del balompié nacional. También sigue en la mira de la justicia por los malos manejos de su ex presidente, Ramón Ríos, quien acaba ser llamado a juicio.

Roberto Jiménez Naranjo, hermano de alias ‘Macaco’, aparece en varias conversaciones acopiadas por la Fiscalía en la investigación sobre los paras y el fútbol. En ellas habla sobre traspasos de jugadores al Deportivo Pereira.

El Deportivo Pereira está ante el partido más importante de toda su vida. En el preciso momento en que usted lee esta nota y mientras el once ‘matecaña’ se prepara para jugarse ante la Academia de Bogotá el derecho a permanecer en la élite del fútbol nacional, el equipo tiene un partido más decisivo en los estrados judiciales.

Se trata de la investigación adelantada por la Fiscalía contra los clubes que fueron infiltrados por los narcotraficantes y paramilitares. El Pereira, uno de los primeros cuadros mencionados en el proceso, sigue bajo la lupa del ente investigador, que en las últimas horas llamó a juicio a su ex presidente Ramón Ríos.

La decisión de la Fiscalía tiene que ver con los cargos de lavado de activos, enriquecimiento ilícito y abuso de confianza calificado, conductas en las que habría incurrido Ríos durante la contratación de jugadores. La Fiscalía encontró además que el ex directivo del plantel no pudo justificar de manera satisfactoria el ingreso de recursos de terceras personas a la entidad deportiva. La medida cobija además a Gonzalo Bedoya, otro ex funcionario del equipo.

Desde julio de 2006 SEMANA reveló que las pesquisas apuntaban hacia Ríos y publicó las conversaciones entre directivos del plantel y Roberto Jiménez Naranjo (hermano de alias ‘Macaco’) sobre la compra de jugadores para el Pereira.

Tiempo después el Fiscal General, Mario Iguarán, precisó que uno de esos casos tenía que ver con la transferencia de Alfonso “Bendito” Fajardo, ex jugador de la selección Colombia y ficha clave del Atlético Nacional de finales de los años 80. Precisamente las contrataciones que generaron las primeras dudas a la Fiscalía fueron efectuadas entre Nacional y Pereira y entre Pereira y Bucaramanga. Hoy la indagación compromete a varios equipos más.

La penetración paramilitar en el fútbol comenzó, como en los años ochenta, a través del narcotráfico. Luego, cuando los grandes capos compraron franquicias de las autodefensas para recibir los beneficios de la desmovilización de Ralito, se hizo la transición. Los ex ‘paras’ más interesados en el tema del fútbol fueron alias Don Berna (de quien se dice que puso a Gustavo Upegui al frente del Envigado, y que fue quien ordenó su asesinato), Macaco y Jorge 40. Su llegada no se hizo a través de los grandes equipos, sino mediante cuadros de la división B que ocasionalmente llegaban a la máxima categoría a ocupar los últimos lugares de la tabla. Luego se extendió a elencos de mayor renombre.

El factor que permitió dicha penetración fue la informalidad con la que es manejado el deporte en el país, que durante muchos años facilitó el ingreso y la salida de recursos sin mayor preocupación por los registros legales.

La más reciente decisión judicial que comprometió al ex presidente de un equipo ocurrió en marzo pasado cuando Luis Eduardo Méndez, ex presidente de Santa Fe, se entregó a la justicia de Estados Unidos que lo procesaba por varios cargos, entre ellos el de obstruir una investigación sobre narcotráfico. Días atrás, Méndez había renunciado al cargo argumentando motivos personales.

Pero su caso no fue el único en el que la mafia le metió gol al fútbol. En 1983 el ex ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla denunció que la mafia se había tomado el fútbol. Batallas como esta fueron las que a la postre le costaron la vida cuando el narcotráfico lo consideró demasiado incómodo para sus intereses.

Hace dos décadas, en la época fuerte de los carteles de Medellín y Cali, no solo se compraban jugadores sino que se asesinaban árbitros por un resultado. Eran los tiempos en los que los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela tenían el poder en el América, Pablo Escobar Gaviria hablaba duro en el Atlético Nacional y Gonzalo Rodríguez Gacha, el ‘mexicano’ controlaba a Millonarios.

Lo que mucha gente creía era que esos tiempos se habían acabado.

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