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| 6/6/2007 12:00:00 AM

A la búsqueda del naipe

Carmenza Kline* publicará en los próximos días ‘CAJÓN DE TEXTOS’, una compilación de ensayos de escritores latinoamericanos sobre textos de literatura que han marcado e influido sobre diferentes ámbitos del desarrollo histórico del continente. Semana.com presenta el prólogo de la obra, del escritor cartagenero Roberto Burgos Cantor.

Estos ensayos críticos más que un cuerpo de análisis sobre un aspecto determinado de la literatura de América, constituyen un conjunto de atisbos, interesantes y ricos por cierto, que a la vez que muestran la complejidad de una producción, el estado de las exploraciones, sugieren también formas de acercamiento y propuestas de interpretación.

No es la primera vez que la compiladora, profesora Carmenza Kline, organiza y publica materiales que, salidos del ámbito de la academia universitaria, se ofrecen al conocimiento y la discusión de un ámbito más amplio de lectores. En lo que se refiere a su país, Colombia, han sido varios los seminarios, organizados por ella, donde lo específico de los textos literarios han tenido un marco de apreciación y vasos comunicantes que permite un examen donde cuenta la filosofía, la política, la economía, el derecho. Todo ello en un diálogo con interlocutores de distintos países y escuelas que amplia la posibilidad de indagación del texto crítico y ubica la producción literaria en un espacio de innegable encuentro y surgimiento de nuevas identidades

Si hubiese que caracterizar la virtud de los ensayos que siguen, no sería la menor la curiosidad que despiertan por las obras, autores, o asuntos tratados, y el discreto poder de las preguntas que sugieren. A lo mejor las summas críticas de América requieran de estos vidrios de un caleidoscopio cuyas probabilidades de figuras completas aún no concluye y poco a poco van fijando las señales de un territorio teórico vasto y en parte todavía sumergido.

Tener la oportunidad de leer en un mismo libro sobre una figura tan atrayente como la monja-alferez de 1585; o las implicaciones políticas en Centroamérica de las novelas de dictadores; o el efecto de los cambios ideológicos en la poesía de Guillén; o el dilema incrustado en la novela de Martí; o el cuidadoso develamiento de la premiada novela de Laura Restrepo; o la reflexión sobre la desesperanza y la violencia en una novela de Mutis; o la sugerente indagación de los motivos secretos de la poesía de Mutis a partir de Crónica Regia; o el riguroso y revelador paralelo entre las obras de Rojas Herazo, García Márquez y Álvaro Mutis; o el severo replanteo de la noción de literaturas nacionales a propósito de dos novelas, una mexicana y una ecuatoriana, del siglo XIX; produce en el lector una reconsideración del tiempo histórico. Parecería que los ensayos pueden postular el presente como un gran fresco con zonas de articulación que empiezan a ser puestas a la luz a medida que la escritura y la lectura arman el puzle.

Un naipe así abierto propone la reconfiguración de la mirada, el establecimiento de los vasos comunicantes que la creación artística presupone, el agotamiento de los entornos políticos y sociales de la construcción de nación. Tal riesgo teórico quizá esté inmerso en la especie de sincronías que subyacen en la historia y en la vida de América. Allí conviven el señor de tierras y almas cuyo ejercicio de la autoridad le escamotea el amor y la paternidad y su gesto, único, de rencor, es capaz de congelar la vida, darle forma a una concepción de eternidad, y un personaje errante con sentimientos que pertenecen más a la vida actual, al duro paisaje precario de la urbe despersonalizada. O la monja Catalina de Erauso cómo podrá vincularse con los personajes transvestidos de Severo Sarduy o de Rubem Fonseca. Un tejido así es el que arman los ensayos aquí presentados.

Colombia ha tenido la suerte y el infortunio de contar con íconos literarios acogidos en el mundo. Novelas como María, La vorágine, Cien años de soledad, tuvieron la virtud de convocar a millones de lectores y de influir en sus existencias. También su sombra ha disuelto las luces de otros textos antecedentes o situados en la época que en un recto entendimiento potencian la significación y el sentido de la obra de éxito.

La anterior fatalidad llevó a críticos como Ángel Rama a aseverar que la literatura de Colombia se desarrollaba por demolición y no por evolución. Es decir sólo quedaba el texto literario reciente, autónomo y solitario, a manera de una producción espontánea.

Es probable que un mal hábito así esconda una deficiente proclividad cultural. El desconocimiento de los empeños colectivos; la afición a ser devotos de los milagros y la negación del esfuerzo, la voluntad y la constancia que las obras humanas demandan; la exigencia de los resultados inmediatos; un catálogo completo de defectos lamentables asumidos sin vergüenza como razones de orgullo.

Es tan fuerte la tendencia descrita que si al descomunal alborozo de los lectores por Cien años de soledad no le sigue una esforzada respuesta crítica, lo más probable es que obras de interesante valía como La hojarasca, La siesta del martes, El coronel no tiene quien le escriba habrían quedado para siempre en la penumbra azarosa de los años.

Por supuesto la producción artística y sus clarividencias en la conciencia del escritor le mostraron a Gabriel García Márquez que un escritor es apenas escritor mientras escribe y que para irse por el mundo a buscar minas de carbón en la alta Guajira, es el caso de Jorge Isaacs; o denunciar la explotación de los caucheros en las selvas del Amazonas, es el caso de Rivera, labores de alta y meritoria humanidad, hay muchas autoridades y ciudadanos que podrían hacerlo. Pero escribir una novela: apenas la escribe el escogido por el tema y el paciente y leal esperador de las palabras justas. Además la literatura no está hecha de un sólo libro.

Creo ver acá un mérito y una innegable utilidad de los persistentes empujes de la profesora Kline. Ella propone, y convoca para la aventura a sus colegas críticos y profesores, a escritores. La aventura consiste en fundar los naipes de la baraja. En señalar que una sustancia volcánica de imprevista erupción viene haciendo sedimentos por años. A esas nervaduras minerales, a esas huellas, de alguna manera nos pertenecemos. Y quizás entre la arqueología y la imaginación se va a recuperar el croquis que entre todos, de manera irresponsable hemos extraviado.

Basta pensar en lo que supondría para Colombia, con tantos gitanos desolados esparcidos por el mundo, sobreponer este rescate de la literatura de América, su mapa imaginario y bello y conflictivo, a la realidad diaria de oprobio y miseria. Su contundencia moral sería apreciable y además una señal de esperanza para quienes en la resistencia dentro del territorio vieran como las fronteras tienen una traslación hacia el corazón de quienes están afuera por las causas que fueren.

* Carmenza Kline es profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad James Madison del Estado de Virginia en Estados Unidos.
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