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| 10/20/2002 12:00:00 AM

Canje: ¿qué tan oportuno?

La semana pasada un grupo de personalidades publicó una declaración instando al gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez, y al secretariado de las Farc, a que se sienten en una mesa de contacto, sin exigencias unilaterales, a buscar un acuerdo especial que sea excepcional, preciso y creíble y que conduzca a la liberación de los colombianos secuestrados por ese grupo guerrillero. Salud Hernández, periodista y columnista, escribe sobre las inconveniencias de esta propuesta. Lea varias ponencias

Nada es casual en política. Siempre hay intereses personales o colectivos detrás de toda iniciativa. Desde que López, oráculo nacional, habló de canje, la clase dirigente vio el camino abierto para presionar un intercambio de unos pocos secuestrados por unos cuantos guerrilleros encarcelados.

La chispa que encendió el súbito interés de esa gente por un delito que hace sufrir a miles de familias todos los años, fue el secuestro de los diputados de Cali pero, sobre todo, el del GOBERNADOR de Antioquia y del ex ministro de Defensa. Ni siquiera el de Ingrid, denostada por esa dirigencia, despertó su solidaridad. Por ella no movieron un dedo, les importó cero que se la llevaran porque, además, decían, ella fue la única responsable de su secuestro. Ahora la necesitan.

Tampoco se ocuparon nunca de la suerte de congresistas como Consuelo de Perdomo. Tanto es así, que un senador español, a quien se le pidió ayuda para presionar a las Farc, preguntaba por qué ellos tenían que movilizarse cuando sus colegas colombianos no hacían nada.

Y qué decir de los oficiales y suboficiales que llevan cuatro y cinco años en poder de las Farc. Despreciaron a sus madres, de escasos recursos económicos, y cuando esas admirables mujeres intentaron unir fuerzas con familiares de políticos, casi todos les cerraron la puerta pensando que sin ellas sería más fácil concertar una liberación.

Sé que todo esto es duro decirlo, pero es la verdad. ¿Por qué entonces van ahora todos de la mano? Por la sencilla razón de que la sociedad colombiana, que tiene el peor concepto de la clase política, no permitiría un intercambio de políticos por guerrilleros, ignorando al resto de cautivos. Tendría un alto costo de imagen que ningún gobierno querría pagar. Por esa razón, buscaron la unión con los familiares de los soldaditos, como les suelen llamar. Los colombianos sí comprenderían un canje si esos muchachos, que perdieron su libertad defendiéndolos, regresan a sus hogares.

Falta ahora comprender la volteada de las ONG. En enero pasado, esas organizaciones participaron en Cuba, junto al gobierno y otras instituciones, en una reunión con el ELN. Todas intervinieron en el encuentro. La palabra secuestro sólo la pronunció la Fundación País Libre, que habló sobre la participación del ELN en ese crimen. Fue mal recibida, porque las ONG la consideraron excesivamente dura. Luego, en la redacción del acuerdo final, el representante de la Fundación no consiguió que se incluyera el secuestro como un delito por erradicar ni como nada. Sólo aceptaron mencionar, fuera de los puntos del acuerdo, la necesidad de trabajar a futuro para sacar del conflicto los delitos de lesa humanidad.

Y no hablemos de los tres años y medio del proceso de paz. La primera vez que la guerrilla tuvo que soportar duras críticas por el secuestro fue cuando un grupo de diplomáticos extranjeros fueron hasta el Caguán para hablar de cultivos ilícitos. En su lugar, les recriminaron por ese crimen. Pero nunca se logró que ni ONG ni gobierno incluyeran en la agenda el secuestro.

Entonces, ¿por qué ahora ese interés? Supongo que por la presión que ejercen agrupaciones como la de Presos Políticos, léase Farc, empeñados en sacar a 82 guerrilleros de las cárceles. Hay que tener en cuenta que los subversivos con varios años de cárcel también presionan a sus jefes en el monte para que los saquen, y que para Marulanda el canje fue siempre una prioridad.

Que nadie entienda que digo que las ONG (a excepción de la de presos) son correa de transmisión de las Farc. En absoluto. Estoy convencida de que ninguna apoya ni justifica la lucha armada. Sólo creo que son más proclives a escuchar unas voces que otras.

En mi criterio, habrá intercambio humanitario pero más adelante, cuando el gobierno encuentre la forma de disfrazarlo o la ONU establezca un mínimo acercamiento con las Farc.

Para mí es un error un canje aislado de un proceso de paz así como privilegiar a 23 políticos olvidando a otros mil colombianos secuestrados y desaparecidos en cautiverio por las Farc. Nada me agradaría más que verlos de nuevo en sus casas, especialmente si con ellos arrastran a la libertad a los militares y policías que llevan tantos años en ese infierno. Pero un Estado no puede sucumbir al chantaje de una banda armada por muy dolorosas que sean las tragedias individuales. Siempre debe primar el interés común.

El acuerdo, a mi juicio, sólo debe producirse en el marco de un proceso de paz, incluso como primer punto de discusión de la agenda, vieja aspiración de País Libre, y con el compromiso expreso de las Farc de abandonar esa criminal forma de financiación. Debe incluir, además, a todos los rehenes sin distinción alguna.

El resto es fomentar el secuestro, delito con el que los colombianos se tendrán que acostumbrar a vivir precisamente porque la sociedad no ha querido enfrentarlo unida y por la indiferencia estatal.

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La chispa que encendió el súbito interés de esa gente por un delito que hace sufrir a miles de familias todos los años, fue el secuestro de los diputados de Cali pero, sobre todo, el del GOBERNADOR de Antioquia y del ex ministro de Defensa. Ni siquiera el de Ingrid, denostada por esa dirigencia, despertó su solidaridad. Por ella no movieron un dedo, les importó cero que se la llevaran porque, además, decían, ella fue la única responsable de su secuestro. Ahora la necesitan.

Tampoco se ocuparon nunca de la suerte de congresistas como Consuelo de Perdomo. Tanto es así, que un senador español, a quien se le pidió ayuda para presionar a las Farc, preguntaba por qué ellos tenían que movilizarse cuando sus colegas colombianos no hacían nada.

Y qué decir de los oficiales y suboficiales que llevan cuatro y cinco años en poder de las Farc. Despreciaron a sus madres, de escasos recursos económicos, y cuando esas admirables mujeres intentaron unir fuerzas con familiares de políticos, casi todos les cerraron la puerta pensando que sin ellas sería más fácil concertar una liberación.

Sé que todo esto es duro decirlo, pero es la verdad. ¿Por qué entonces van ahora todos de la mano? Por la sencilla razón de que la sociedad colombiana, que tiene el peor concepto de la clase política, no permitiría un intercambio de políticos por guerrilleros, ignorando al resto de cautivos. Tendría un alto costo de imagen que ningún gobierno querría pagar. Por esa razón, buscaron la unión con los familiares de los soldaditos, como les suelen llamar. Los colombianos sí comprenderían un canje si esos muchachos, que perdieron su libertad defendiéndolos, regresan a sus hogares.

Falta ahora comprender la volteada de las ONG. En enero pasado, esas organizaciones participaron en Cuba, junto al gobierno y otras instituciones, en una reunión con el ELN. Todas intervinieron en el encuentro. La palabra secuestro sólo la pronunció la Fundación País Libre, que habló sobre la participación del ELN en ese crimen. Fue mal recibida, porque las ONG la consideraron excesivamente dura. Luego, en la redacción del acuerdo final, el representante de la Fundación no consiguió que se incluyera el secuestro como un delito por erradicar ni como nada. Sólo aceptaron mencionar, fuera de los puntos del acuerdo, la necesidad de trabajar a futuro para sacar del conflicto los delitos de lesa humanidad.

Y no hablemos de los tres años y medio del proceso de paz. La primera vez que la guerrilla tuvo que soportar duras críticas por el secuestro fue cuando un grupo de diplomáticos extranjeros fueron hasta el Caguán para hablar de cultivos ilícitos. En su lugar, les recriminaron por ese crimen. Pero nunca se logró que ni ONG ni gobierno incluyeran en la agenda el secuestro.

Entonces, ¿por qué ahora ese interés? Supongo que por la presión que ejercen agrupaciones como la de Presos Políticos, léase Farc, empeñados en sacar a 82 guerrilleros de las cárceles. Hay que tener en cuenta que los subversivos con varios años de cárcel también presionan a sus jefes en el monte para que los saquen, y que para Marulanda el canje fue siempre una prioridad.

Que nadie entienda que digo que las ONG (a excepción de la de presos) son correa de transmisión de las Farc. En absoluto. Estoy convencida de que ninguna apoya ni justifica la lucha armada. Sólo creo que son más proclives a escuchar unas voces que otras.

En mi criterio, habrá intercambio humanitario pero más adelante, cuando el gobierno encuentre la forma de disfrazarlo o la ONU establezca un mínimo acercamiento con las Farc.

Para mí es un error un canje aislado de un proceso de paz así como privilegiar a 23 políticos olvidando a otros mil colombianos secuestrados y desaparecidos en cautiverio por las Farc. Nada me agradaría más que verlos de nuevo en sus casas, especialmente si con ellos arrastran a la libertad a los militares y policías que llevan tantos años en ese infierno. Pero un Estado no puede sucumbir al chantaje de una banda armada por muy dolorosas que sean las tragedias individuales. Siempre debe primar el interés común.

El acuerdo, a mi juicio, sólo debe producirse en el marco de un proceso de paz, incluso como primer punto de discusión de la agenda, vieja aspiración de País Libre, y con el compromiso expreso de las Farc de abandonar esa criminal forma de financiación. Debe incluir, además, a todos los rehenes sin distinción alguna.

El resto es fomentar el secuestro, delito con el que los colombianos se tendrán que acostumbrar a vivir precisamente porque la sociedad no ha querido enfrentarlo unida y por la indiferencia estatal.

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Nada es casual en política. Siempre hay intereses personales o colectivos detrás de toda iniciativa. Desde que López, oráculo nacional, habló de canje, la clase dirigente vio el camino abierto para presionar un intercambio de unos pocos secuestrados por unos cuantos guerrilleros encarcelados.

La chispa que encendió el súbito interés de esa gente por un delito que hace sufrir a miles de familias todos los años, fue el secuestro de los diputados de Cali pero, sobre todo, el del GOBERNADOR de Antioquia y del ex ministro de Defensa. Ni siquiera el de Ingrid, denostada por esa dirigencia, despertó su solidaridad. Por ella no movieron un dedo, les importó cero que se la llevaran porque, además, decían, ella fue la única responsable de su secuestro. Ahora la necesitan.

Tampoco se ocuparon nunca de la suerte de congresistas como Consuelo de Perdomo. Tanto es así, que un senador español, a quien se le pidió ayuda para presionar a las Farc, preguntaba por qué ellos tenían que movilizarse cuando sus colegas colombianos no hacían nada.

Y qué decir de los oficiales y suboficiales que llevan cuatro y cinco años en poder de las Farc. Despreciaron a sus madres, de escasos recursos económicos, y cuando esas admirables mujeres intentaron unir fuerzas con familiares de políticos, casi todos les cerraron la puerta pensando que sin ellas sería más fácil concertar una liberación.

Sé que todo esto es duro decirlo, pero es la verdad. ¿Por qué entonces van ahora todos de la mano? Por la sencilla razón de que la sociedad colombiana, que tiene el peor concepto de la clase política, no permitiría un intercambio de políticos por guerrilleros, ignorando al resto de cautivos. Tendría un alto costo de imagen que ningún gobierno querría pagar. Por esa razón, buscaron la unión con los familiares de los soldaditos, como les suelen llamar. Los colombianos sí comprenderían un canje si esos muchachos, que perdieron su libertad defendiéndolos, regresan a sus hogares.

Falta ahora comprender la volteada de las ONG. En enero pasado, esas organizaciones participaron en Cuba, junto al gobierno y otras instituciones, en una reunión con el ELN. Todas intervinieron en el encuentro. La palabra secuestro sólo la pronunció la Fundación País Libre, que habló sobre la participación del ELN en ese crimen. Fue mal recibida, porque las ONG la consideraron excesivamente dura. Luego, en la redacción del acuerdo final, el representante de la Fundación no consiguió que se incluyera el secuestro como un delito por erradicar ni como nada. Sólo aceptaron mencionar, fuera de los puntos del acuerdo, la necesidad de trabajar a futuro para sacar del conflicto los delitos de lesa humanidad.

Y no hablemos de los tres años y medio del proceso de paz. La primera vez que la guerrilla tuvo que soportar duras críticas por el secuestro fue cuando un grupo de diplomáticos extranjeros fueron hasta el Caguán para hablar de cultivos ilícitos. En su lugar, les recriminaron por ese crimen. Pero nunca se logró que ni ONG ni gobierno incluyeran en la agenda el secuestro.

Entonces, ¿por qué ahora ese interés? Supongo que por la presión que ejercen agrupaciones como la de Presos Políticos, léase Farc, empeñados en sacar a 82 guerrilleros de las cárceles. Hay que tener en cuenta que los subversivos con varios años de cárcel también presionan a sus jefes en el monte para que los saquen, y que para Marulanda el canje fue siempre una prioridad.

Que nadie entienda que digo que las ONG (a excepción de la de presos) son correa de transmisión de las Farc. En absoluto. Estoy convencida de que ninguna apoya ni justifica la lucha armada. Sólo creo que son más proclives a escuchar unas voces que otras.

En mi criterio, habrá intercambio humanitario pero más adelante, cuando el gobierno encuentre la forma de disfrazarlo o la ONU establezca un mínimo acercamiento con las Farc.

Para mí es un error un canje aislado de un proceso de paz así como privilegiar a 23 políticos olvidando a otros mil colombianos secuestrados y desaparecidos en cautiverio por las Farc. Nada me agradaría más que verlos de nuevo en sus casas, especialmente si con ellos arrastran a la libertad a los militares y policías que llevan tantos años en ese infierno. Pero un Estado no puede sucumbir al chantaje de una banda armada por muy dolorosas que sean las tragedias individuales. Siempre debe primar el interés común.

El acuerdo, a mi juicio, sólo debe producirse en el marco de un proceso de paz, incluso como primer punto de discusión de la agenda, vieja aspiración de País Libre, y con el compromiso expreso de las Farc de abandonar esa criminal forma de financiación. Debe incluir, además, a todos los rehenes sin distinción alguna.

El resto es fomentar el secuestro, delito con el que los colombianos se tendrán que acostumbrar a vivir precisamente porque la sociedad no ha querido enfrentarlo unida y por la indiferencia estatal.

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Aportes sobre el intercambio humanitario

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La chispa que encendió el súbito interés de esa gente por un delito que hace sufrir a miles de familias todos los años, fue el secuestro de los diputados de Cali pero, sobre todo, el del GOBERNADOR de Antioquia y del ex ministro de Defensa. Ni siquiera el de Ingrid, denostada por esa dirigencia, despertó su solidaridad. Por ella no movieron un dedo, les importó cero que se la llevaran porque, además, decían, ella fue la única responsable de su secuestro. Ahora la necesitan.

Tampoco se ocuparon nunca de la suerte de congresistas como Consuelo de Perdomo. Tanto es así, que un senador español, a quien se le pidió ayuda para presionar a las Farc, preguntaba por qué ellos tenían que movilizarse cuando sus colegas colombianos no hacían nada.

Y qué decir de los oficiales y suboficiales que llevan cuatro y cinco años en poder de las Farc. Despreciaron a sus madres, de escasos recursos económicos, y cuando esas admirables mujeres intentaron unir fuerzas con familiares de políticos, casi todos les cerraron la puerta pensando que sin ellas sería más fácil concertar una liberación.

Sé que todo esto es duro decirlo, pero es la verdad. ¿Por qué entonces van ahora todos de la mano? Por la sencilla razón de que la sociedad colombiana, que tiene el peor concepto de la clase política, no permitiría un intercambio de políticos por guerrilleros, ignorando al resto de cautivos. Tendría un alto costo de imagen que ningún gobierno querría pagar. Por esa razón, buscaron la unión con los familiares de los soldaditos, como les suelen llamar. Los colombianos sí comprenderían un canje si esos muchachos, que perdieron su libertad defendiéndolos, regresan a sus hogares.

Falta ahora comprender la volteada de las ONG. En enero pasado, esas organizaciones participaron en Cuba, junto al gobierno y otras instituciones, en una reunión con el ELN. Todas intervinieron en el encuentro. La palabra secuestro sólo la pronunció la Fundación País Libre, que habló sobre la participación del ELN en ese crimen. Fue mal recibida, porque las ONG la consideraron excesivamente dura. Luego, en la redacción del acuerdo final, el representante de la Fundación no consiguió que se incluyera el secuestro como un delito por erradicar ni como nada. Sólo aceptaron mencionar, fuera de los puntos del acuerdo, la necesidad de trabajar a futuro para sacar del conflicto los delitos de lesa humanidad.

Y no hablemos de los tres años y medio del proceso de paz. La primera vez que la guerrilla tuvo que soportar duras críticas por el secuestro fue cuando un grupo de diplomáticos extranjeros fueron hasta el Caguán para hablar de cultivos ilícitos. En su lugar, les recriminaron por ese crimen. Pero nunca se logró que ni ONG ni gobierno incluyeran en la agenda el secuestro.

Entonces, ¿por qué ahora ese interés? Supongo que por la presión que ejercen agrupaciones como la de Presos Políticos, léase Farc, empeñados en sacar a 82 guerrilleros de las cárceles. Hay que tener en cuenta que los subversivos con varios años de cárcel también presionan a sus jefes en el monte para que los saquen, y que para Marulanda el canje fue siempre una prioridad.

Que nadie entienda que digo que las ONG (a excepción de la de presos) son correa de transmisión de las Farc. En absoluto. Estoy convencida de que ninguna apoya ni justifica la lucha armada. Sólo creo que son más proclives a escuchar unas voces que otras.

En mi criterio, habrá intercambio humanitario pero más adelante, cuando el gobierno encuentre la forma de disfrazarlo o la ONU establezca un mínimo acercamiento con las Farc.

Para mí es un error un canje aislado de un proceso de paz así como privilegiar a 23 políticos olvidando a otros mil colombianos secuestrados y desaparecidos en cautiverio por las Farc. Nada me agradaría más que verlos de nuevo en sus casas, especialmente si con ellos arrastran a la libertad a los militares y policías que llevan tantos años en ese infierno. Pero un Estado no puede sucumbir al chantaje de una banda armada por muy dolorosas que sean las tragedias individuales. Siempre debe primar el interés común.

El acuerdo, a mi juicio, sólo debe producirse en el marco de un proceso de paz, incluso como primer punto de discusión de la agenda, vieja aspiración de País Libre, y con el compromiso expreso de las Farc de abandonar esa criminal forma de financiación. Debe incluir, además, a todos los rehenes sin distinción alguna.

El resto es fomentar el secuestro, delito con el que los colombianos se tendrán que acostumbrar a vivir precisamente porque la sociedad no ha querido enfrentarlo unida y por la indiferencia estatal.

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