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| 7/23/2007 12:00:00 AM

Carta abierta de David Alberto Zuluaga

Un adolescente de 14 años cuenta cómo ha sobrellevado el horror que vivió en una vereda de Granada, Antioquia, cuando mataron a sus hermanos y a su profesor.

Empezaba la mañana del día 24 de octubre del 2000…

Vivía en una casa grande, había vacas, terneros, una finca grande y un buen potrero para echar los animales. Vivíamos felices y jamás nos imaginábamos que alguna tragedia fuera a suceder.

Llovía y no parecía que fuera a parar, el clima no favorecía y hacía de éste un día trágico. Lo que yo no sabía es que apenas empezaba a cambiar mi vida y la de mi familia para siempre.

Mi padre, Bernardino Zuluaga un hombre de 53 años de edad, realizaba en ese momento la labor de todos los días: Labrar la tierra, siempre lo hacía con esmero y dedicación, además amaba su trabajo; pero algo extraño le ocurrió porque de un momento a otro un sentimiento de tristeza lo invadió y acabó con sus ganas de trabajar por el resto del día.

Mi mamá, Oliva Montoya una mujer de 42 años de edad, molía el maíz para hacer arepas, lo hacía con regularidad, pero ese día algo la atemorizaba y obstruía su trabajo.
Algo oscuro parecía que iba a suceder algo que nadie se imaginaba pero sucedería, algo inevitable.

Aquel día mis hermanos Conrado y Wilmar Zuluaga murieron.

Ellos eran jóvenes trabajadores que tenían un gran futuro por delante; eran unidos, además a uno de ellos le faltaba un mes para casarse. Conrado tenía 23 años (Wilmar tenía 18 años) y tenía sus esperanzas puestas en quien iba a ser su mujer y su familia, tenía su propia finca, sus cultivos y su casa lista para vivir con ella; y precisamente ese día venía de Medellín de comprar algunas cosas para su casa y sus anillos de compromiso.

A las 8:00 AM fueron asesinados cada uno con 18 puñaladas alrededor de su cuerpo.

Cuando nos dimos cuenta mi familia y yo, se nos destrozo el corazón. El entierro fue doloroso y no quisimos volver a la finca. Todo quedó abandonado: los animales, la casa y los cultivos; todo por la maldita violencia.

Además el mismo día de la tragedia yo, David Alberto, un niño inocente que sólo contaba con siete años de edad, estaba estudiando en la escuela de la vereda Minitas, del municipio de Granada - Antioquia. A las 9:00 AM llegaron a la escuela unos hombres de muy mal humor preguntando por el profesor que enseñaba ahí.

Estos hombres se llevaron al profesor pegándole mientras que a lo lejos gritaban: "Encierren esos mocosos que si no, saben muy bien lo que les pasa".

Nos quedamos un rato en silencio hasta la 1:00 PM y mas tarde a la 1:05 PM, asustados y sin entender lo que sucedía; no desplazamos a nuestras casas y yo llegué llorando a mi casa diciéndoles a mis padres que jamás regresaría a esa escuela; pero lo peor ya había sucedido.

Hoy 7 años después, muchas personas me motivaron para que siguiera con el estudio y ahora estoy en el grado octavo, estudio en la mañana y diario en la tarde salgo a vender empanadas a la calle en donde me enfrento a las humillaciones de muchos que se creen mejores que yo, solo porque tengo que rebuscarme la forma honrada de ayudar a mi familia sin tener que recurrir a robar o algo peor.

Ahora estoy tratando de superar todo el daño que me ha causado la guerra, con la ayuda de mis amigos, los jóvenes de el grupo de teatro "SER JOVEN" y la formación que me da el proyecto "NUESTRA OPCION: ¡LA VIDA!" donde he aprendido infinidad de cosas y he diseñado mi proyecto de vida.

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