Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/08/22 00:00

Cátedra segunda instancia

Eduardo Arias reconstruye lo sucedido en la audiencia contra la Revista Soho.

Cátedra segunda instancia

No parecía un juicio. Más bien un debate multidisciplinario a cargo de un panel de sabios. Porque no sólo hablaron de derecho civil ni de derecho penal. También de filosofía, de sociología, de historia de las religiones, de literatura, de mecánica cuántica, de cosmología, de semiótica, de estética, de capitalismo salvaje y cien disciplinas más. Porque los querellantes y los querellados (así se les dice en el léxico jurídico a acusadores y acusados) echaron mano de toda su cultura acumulada en décadas y décadas de lecturas para intentar inclinar a su favor el fiel de la balanza del juez 32 penal del circuito. No sólo se citaron a egregios tratadistas del derecho cuyos nombres se me escapan. También sacaron a relucir a Euclides, a Hume, a Einstein, a Miguel Ángel, a Jung, a Rockefeller... y todo para ver si el juez archivaba el caso o declaraba que Daniel Samper Ospina, Fernando Vallejo, Alejandra Azcárate y los 12 Apóstoles que participaron en la versión SoHo eran unos delincuentes.

Los delegados de la Fiscalía y la Procuraduría manifestaron de manera contundente que, desde el punto de vista de la Constitución Política de Colombia, no había méritos para acusar a los responsables de la publicación de SoHo. Luego vinieron el ir y venir de interpretaciones de la Biblia, el derecho a la diversidad, el derecho a expresar ideas literarias, a realizar expresiones artísticas, el derecho que tienen los creyentes a que no los ofendan con imágenes agresivas.

Al final quedó en el aire un tema que, más allá de lo que digan las leyes, sigue sin resolver: ¿Hasta dónde se puede utilizar de manera irreverente la simbología religiosa sin ofender a los creyentes?

Esta vez se impuso la tesis liberal. La tesis del error calculado, la tesis de que no se debe confundir el pecado con el delito, aquello de que “a César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Esta vez no condenaron a pagar cárcel a unos ciudadanos de un país donde los autores materiales e intelectuales de masacres y robos de tierra andan de compras por los centros comerciales como Pedro por su casa.

Fueron cuatro horas muy ilustrativas para los asistentes pero... ¿se justifica que en un país con la justicia embotellada se le gaste tanta labia y tanta filosofía y tanta retórica a un asunto menor mientras centenares de personas esperan en las cárceles a que las juzguen?

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