Sábado, 20 de septiembre de 2014

| 2007/11/16 00:00

“Chico, ¿a cómo amaneció el Bolívar hoy?”

Viaje al corazón del conflicto económico en la frontera de Colombia con Venezuela. Los ciudadanos que viven allí cada día se levantan con la incertidumbre de cuáles son las últimas medidas tomadas por Hugo Chávez y cómo los afectaran. César Paredes, de Semana.com, estuvo en la zona y esto fue lo encontró.

El bolívar ha llegado a la tasa más bajita del mercado. Para el año que viene entrará el bolívar fuerte a reemplazarlo. La nueva moneda tendrá tres ceros menos. Foto: Fotos: Guillermo Torres

En los últimos meses los clientes comenzaron a escasear. Poco a poco fueron disminuyendo las ventas del negocio que hasta ahora había sostenido los gastos familiares. Para Óscar Marín y su esposa, Sonia Bochagá, la explicación de sus pérdidas es la agravada caída del bolívar.

El negocio de la familia Marín desde hace ocho años es la comercialización de electrodomésticos financiados. Hace un año incursionaron en la venta de juguetería, para lo cual decidieron tomar un local en el Centro Comercial la Alejandría, en la ciudad de Cúcuta. Y desde hace un poco más de un mes, con la intención de mejorar las ventas en efectivo de electrodomésticos, tomaron otro local en el mismo sector. Sin embargo, no contaban con la inusitada depreciación de la moneda del vecino país.

Las ventas han diminuido un 80 por ciento. He tenido que despedir a tres empleados y para competir tengo que bajarle los precios a todo”, explica Óscar. La situación no parece mejorar para una familia que trata de soportar los gastos de tres hijos que tienen que estudiar. “Estamos considerando cambiar de negocio, según como nos vaya en la temporada de diciembre”, agrega Sonia.

Esta es una de las consecuencias que tiene la depreciación del bolívar, en uno de los centros comerciales que tradicionalmente en otras ciudades del país se conocen como san andresitos. Pero es sólo una de las aristas que tiene la economía en la frontera. Por otro lado está el crecimiento que ostenta en los últimos años, expresado en la construcción de nuevos centros comerciales y el auge de grandes supermercados como los tres Carrefour, los dos Éxito y el Ley con los que cuenta esta ciudad de 585.543 habitantes, según el censo de 2005. De lo que se concluye que la economía en la frontera tiene sus vericuetos a veces imprevisibles.

24 años de picada

Desde 1983 el bolívar comenzó a bajar. Fue desde el día que se conoció como el ‘viernes negro’. Los cucuteños y los venezolanos no estaban preparados para la debacle causada por una rebaja en el precio del crudo. Fue el adiós del “ta barato, dame dos” que se popularizó en la Perla del Norte, la ‘vitrina’ en la que se había convertido Cúcuta para los venezolanos.

El crecimiento del comercio dependía directamente de la bonanza petrolera. El bolívar se alcanzó a cotizar en 17 pesos. Con 4,5 bolívares se compraba un dólar. La moneda alcanzó a estar entre la categoría de “internacional de libre convertibilidad” asignada por el FMI. Pero, de un momento a otro, la moneda pasó de ser aceptada a rechazada. A partir del 18 de febrero el rumor de su devaluación comenzó a circular y el 22 de ese mes la gente amaneció con un bolívar que había perdido casi la mitad de su precio. El saldo fue la quiebra de varios negocios, despidos masivos y, como escribiría el diario La Opinión 20 años más tarde: fue “una aciaga época de la que la ciudad sigue sin reponerse y a la que le achaca aún parte de sus males”.

La crisis más reciente se dio en 2003, debido al paro petrolero en Venezuela, producto de la situación política de ese país. Las consecuencias económicas fueron gravísimas: hubo escasez de alimentos y de gasolina, se disparó la inflación, y el bolívar, nuevamente, se fue abajo. Para impedir la fuga de divisas, el presidente Hugo Chávez decretó el control cambiario a través de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). Hoy el dólar subsidiado, Cadivi, con el que se hacen las transacciones internacionales, se paga a través de este sistema a 2.150 bolívares. Pero cada venezolano tiene que solicitar un cupo para acceder a este dólar, ya sea para sus tarjetas de crédito o para las importaciones. Mientras tanto, el dólar “paralelo”, al margen de este sistema, puede llegar a costar entre 5.000 y 6.000 bolívares. Esta es una de las razones por las que 24 años después, el bolívar continúa bajando, y lo que auguran los expertos es que seguirá así: Por un lado, una economía que se sostiene por la intervención del Estado venezolano, que fija los precios y decrece en su producción, y por otro, un mercado “real” en el que desde la última semana de octubre se cotiza a 38 y 39 centavos de peso.

Diferencial cambiario: oportunidades y amenazas

Sin embargo, en Cúcuta se prepararon para la situación. Por esta razón, en medio de lo que pudo ser una crisis, la ciudad ha podido crecer económicamente. Luis Carlos Gaitán, Presidente de Fenalco, seccional Norte de Santander, explicó a SEMANA la razón por la que el comercio se sostuvo: “logramos que hubiera una activación del mercado interno de la ciudad. A pesar de que la crisis fue más fuerte (que la del 83), diseñamos una estrategia para estimular el consumo de los cucuteños y se aprovecharan las posibilidades internas de la región”.

Pero entonces, ¿por qué razón la familia Marín aduce que en su negocio tiene pérdidas? La explicación está en el diferencial cambiario, es decir, en la gran brecha que hay entre el dólar oficial y el dólar del mercado paralelo. Lo que para unos es una gran posibilidad, para otros se convierte en una amenaza.

Los productos comprados en Colombia por los venezolanos, con dólares subsidiados, les salen en menos de la mitad del precio en relación con el precio del dólar en el mercado libre. Por eso es común encontrarse en Colombia con venezolanos haciendo compras de productos para vender en su país con tarjetas de crédito. Consiguientemente, ese producto lo pueden vender más barato y los consumidores colombianos ven una oportunidad para cambiar pesos por bolívares e ir de compras al otro lado.

Debido a que los productos de la canasta familiar en Venezuela también gozan de un subsidio del Estado, con un precio controlado, algunos cucuteños encuentran un costo de oportunidad para ‘hacer mercado’ en San Antonio y Ureña. SEMANA pudo constatar que en un supermercado de Venezuela, por ejemplo, una botella de aceite de litro vale 5.000 bolívares, el equivalente a 1.950 pesos, y un kilo de azúcar cuesta 2.000 bolívares, lo que equivale a 800 pesos.

Los empleados que ven que sus bolívares cada vez valen menos son quienes están preocupados con la situación. Fredy Barrera, un colombiano empleado en un granero en San Antonio del Táchira, se quejó de que su sueldo, 200.000 bolívares semanales, cada vez le alcanza para menos. “Para el que compra todo es barato. Pero para mí como empleado no me alcanza el dinero. Tengo que pagar pasajes desde Villa del Rosario (municipio cercano a  Cúcuta) y ver por mi familia con un sueldo que es menos que el mínimo en Colombia”, dijo.

Además, la cantidad de productos que pueden vender los supermercados en Venezuela es controlada si se trata de consumidores de ese país. Un venezolano que quiera comprar, así sea para consumo familiar, debe dar sus datos y someterse a las restricciones impuestas. “Esto ha hecho que la producción decrezca, porque los dueños del capital tienen miedo de invertir en un país que aplica medidas socializantes”, explicó a SEMANA Adolfo Yánez, ex gerente de zona de Bancolombia. El resultado ha sido el “desabastecimiento”, mayormente al interior de Venezuela, por eso las ventas de productos como lácteos, harinas, huevos y pollo han aumentado para los cucuteños.

Debido a las políticas restrictivas de Hugo Chávez, se augura que para el año que viene, los colombianos no podrán comprar con la misma libertad en al otro lado de la frontera y desde ya, los venezolanos están buscando una manera de salvaguardar sus capitales, pues han perdido la confianza en una moneda depreciada con el registro más bajo de la historia.

Otra oportunidad que da el precio doble de la moneda es lo que ocurre con lo que Yáñez, llamó las ‘colas productivas’. Se trata del giro de divisas que se ha convertido en un negocio rentable. Los venezolanos que certifiquen que tienen parientes en Colombia pueden girar mensualmente hasta 310 dólares por familiar, a un máximo de tres, o sea, 930 dólares por familia. Estos dólares son emitidos por el Banco Central de Venezuela al costo oficial, es decir a 2.150 bolívares por dólar. La inversión inicial equivale a 1.999.500 bolívares. Si se restan las comisiones, quienes reclaman los giros podrán recibir cerca de 1.740.000 pesos, que al convertirlos son aproximadamente 4.350.000 bolívares, dependiendo de la tasa del mercado libre. La utilidad es más del doble. Por esta razón es común ver gente haciendo cola desde las 4 de la mañana, en las oficinas de giros, de Cúcuta, con el objeto de conseguir un turno para el cobro del dinero enviado desde Venezuela.

Bolívar fuerte

Para el año entrante entra en funcionamiento una medida que busca aliviar la depreciación de la moneda venezolana: el bolívar fuerte. La nueva moneda será producto de dividir un bolívar actual por 1.000. En los negocios al otro lado de la frontera los artículos tienen dos precios. Así, un artículo que cuesta 5.000 bolívares, tiene un etiqueta que reza: “5 Bs. F.”

Como todo en Venezuela, no se sabe con certeza qué va a pasar con la implementación de esta medida”, dijo José María Gonzáles, vicepresidente de Asocambios, al respecto. Los expertos en el tema aseguran que la intención es crear un impacto de tipo sicológico, pero que a ciencia cierta las repercusiones no serán significativas.

La intención del Estado venezolano es devolverle la confianza a la gente en su moneda. Pero debe ir acompañada de otras medidas. Inicialmente puede ser positivo para la percepción que se tiene del bolívar, pero falta ver qué pasa”, agregó Gonzáles.

Por su parte, Yánez ve el ingreso del bolívar fuerte como una estrategia que tiene por objetivo el control de la inflación en Venezuela: “Las personas van a sentir que están ganando menos dinero y por esta razón van a disminuir sus gastos”. Sin embargo, esto durará hasta que la gente asimile que pueden comprar con un bolívar fuerte lo que compraban con 1.000 bolívares de hoy.

Lo que en principio se instaura para control inflacionario puede repercutir negativamente a la postre, según Yánez: “Un producto que valía 1.800 bolívares quedará costando 1,8 bolívares fuertes, que inmediatamente se redondeará a dos si no se aplica una medida policiva agresiva”.

Por otro lado está la palabra ‘fuerte’, cuyo significado para muchos es interpretada como una vuelta al pasado. Una quimera de los años de bonanza. El dólar oficial quedará a 2,15 bolívares fuertes, cercano a lo que cuesta un dólar en la moneda de Brasil, economía a la que Venezuela quisiera equipararse, según Yánez: “Con la palabra fuerte repetida, la gente podrá creer que tiene una economía tan sólida como la de ese país. Lo que no es cierto en términos reales. Las repercusiones a este lado de la frontera sólo serán los cambios de escala”, concluyó.

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