Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/7/2008 12:00:00 AM

Chicó y un final feliz

El Boyacá Chicó se coronó campeón por primera vez después de una controvertida final. El volante argentino Miguel Caneo, la figura del equipo y del torneo.

Seguramente el árbitro Wílmar Roldán no celebró el definitivo penal desviado por Prono Velázquez y que le dio el título al Boyacá Chicó. Pero sí debió sentir un fresquito. Y es que de haber ganado el América, su inexplicable decisión de anular el gol de la victoria al Chicó en el partido de ida, habría pasado de ser una simple anécdota, a tener unos efectos lamentables en el fútbol colombiano.

En un torneo donde tuvimos hinchas metidos en las canchas, muertos a las afueras de los estadios, árbitros amenazados por técnicos y directivos, esa simple decisión pudo terminar en tragedia. Afortunadamente, en su momento, salió a relucir la admirable cordura de los hinchas boyacenses (y que ese miércoles todos los colombianos estábamos en un estado de felicidad y hermanad por el rescate a los secuestrados, que no daban ganas de pelear). A partir de ahora esa decisión será recordada como una simpática anécdota más del nuestro fútbol. Nada más.

Chicó ganó y es merecido campeón. A Eduardo Pimentel, su presidente, se le pueden criticar y reprochar una cantidad de cosas: es mal educado, grosero, agresivo, altanero, pero el tipo sabe bastante de fútbol. Al terminar el partido que puso en la gloria el equipo que preside, le preguntaron las razones por el título: regularidad y respeto por los procesos, concluyó con acierto.

En un torneo muy irregular, Chicó fue el más regular. Para eso basta con mirar las frías estadísticas. Se clasificó segundo a los cuadrangulares y fue cabeza de su grupo en las finales. Siempre estuvo entre los ocho primeros, no perdió un solo partido de local en todo el campeonato, metió el doble de goles que los que recibió, tuvo al goleador del toreo (Miguel Caneo) y se llevó la copa con un invicto de trece fechas.

Pero, además, ha sido un equipo que ha respetado y creído en el trabajo de sus técnicos. Tres entrenadores en seis años en un fútbol donde el Junior, Bucaramanga o Millonarios tuvieron dos en seis meses. El actual, Alberto Gamero, está en la institución desde sus inicios y lleva dos como entrenador. Ha ganado y, por supuesto, ha perdido. Igual, confiaron en él. Le dieron continuidad y apoyo en las buenas y en las malas. Durante todo este periodo le quitaron jugadores importantes (Watson Rentería, Luis Yanez), pero le trajeron o produjeron nuevos (Miguel Caneo, Juan Alejandro Mahecha). Después un tiempo, los resultados le empezaron a dar la razón: gracias al buen 2007 se ganó el derecho de jugar la fase previa de la Copa Libertadores en 2008. No se clasificó, pero dejó una competitiva nómina para afrontar el torneo local. Hoy ya da la vuelta olímpica.

A la regularidad y la constancia, se le suman indiscutibles dosis de buen juego. Tal vez la mejor presentación del Boyacá Chicó, la hizo en Bogotá frente a Millonarios en la treceava fecha. Aquella noche, entre Caneo, Pacheco y Movil, deleitaron y humillaron (0-4), a los azules (y de paso le expidieron el acta de defunción al técnico Mario Vanemerak). Pero además, a lo largo del torneo consiguió resultados con contundencia (7-2 frente al Tolima en casa) y en el momento justo (no perdió ningún partido de visitante en los cuadrangulares).

Entre los jugadores que hoy ponen a disfrutar una región tradicionalmente poco futbolera, sobresale la figura de un argentino: Miguel Caneo. El mejor de todos. Hábil, pausado, con visión de jugo y goleador. Una grata sorpresa para un torneo lleno de jugadores en el insípido rango de aceptables. Sería una lástima perder su talento por una factible transferencia al exterior.

Mucha cerveza recorrerá Tunja y sus alrededores por estos días. Merecido lo tienen. Boyacá disfruta de un equipo que Bogotá dejó ir. Hoy la Capital lo mira con envidia y a la espera de que Quintabani o el Bolillo Gómez, logren en el Clausura-08, lo que Gamero ya pudo hacer.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.