Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/02/22 00:00

Cinco años sin Íngrid Betancourt

El 23 de febrero de 2002 la candidata presidencial Íngrid Betancourt y su compañera Clara Rojas fueron secuestradas por las Farc. Han pasado 1.824 días desde ese entonces y ellas aún no regresan a la libertad. El presidente Uribe insiste en la posibilidad de rescatarlas por la vía militar.

Doña Clara Rojas y doña Yolanda Pulecio junto a una foto de Íngrid en un acto religioso este viernes en Bogotá. FOTO: PAOLA CASTAÑO / SEMANA

¿Quién puede concebir semejante sufrimiento para un ser humano? Cinco años atrapado en una selva, acosado por los mosquitos, resistiendo al monte tupido, con vigilancia permanente de guerrilleros armados, la ropa húmeda por los constantes aguaceros y sin saber cuándo llegará la libertad. ¿Quién puede resistir semejante prueba de fuego? Aunque no hay una certeza, varias señales indican que Íngrid Betancourt y Clara Rojas han sobrevivido a estas y a otras adversidades. Quizás en algún lugar perdido de Colombia. O posiblemente en el extranjero, como lo aseguró el presidente Álvaro Uribe desde Francia.

El 23 de febrero de 2002, la candidata presidencial por el partido Verde Oxígeno, y su fórmula presidencial fueron secuestradas por las Farc en la vía que de Florencia conduce a San Vicente del Caguán, en Caquetá. Dos días antes, el presidente Andrés Pastrana había roto los diálogos con el grupo guerrillero, tras el secuestro del senador Jorge Gechem Turbay, al que un comando elite se llevó en un avión comercial. Ahí fue Troya.

Betancourt, quien para la época del secuestro tenía 41 años, era una de las más férreas opositoras del gobierno Pastrana. Su formación como política tuvo mucho que ver con su padre Gabriel Betancourt, ministro de Educación durante la presidencia de Carlos
Lleras Restrepo y creador del Icetex, y con su madre, doña Yolanda Pulecio, ex senadora y embajadora de Colombia en Guatemala. Su paso por Europa, especialmente por Francia, también fue determinante para su discurso político, ya que su movimiento, Oxígeno Verde, fue análogo a los Partidos Verdes europeos. Todo esto sin contar que fue esposa de un diplomático francés, lo que le mereció la nacionalidad de ese país. De ahí que la movilización de franceses por su liberación no tenga comparación con la relativa apatía que frente al tema existe en Colombia.

Para muchos, Íngrid pecó por tozudez al insistir en viajar a San Vicente del Caguán, el epicentro de las frustradas conversaciones de paz. Para otros, Íngrid ratificó su coherencia, pues el alcalde de aquel municipio era de su movimiento y viajó allí con el propósito de blindarlo, pues creía que en su condición de aspirante a la Presidencia, las Farc no se iban a meter con ella. Se equivocó.

Hoy cumple cinco años de estar secuestrada. La retención de Íngrid y Clara no es la única prolongada del país. Con ella hay otros políticos y militares que llevan eternidades bajo la custodia de las Farc: los soldados Pablo Moncayo y José Martínez, por ejemplo, fueron secuestrados en la toma a la base militar de Patascoy hace nueve años, y el ex gobernador de Meta, Alan Jara, está hace seis años en las mismas condiciones. Nadie tiene novedad sobre ellos.

El tire y afloje por un acuerdo humanitario ha visto pasar dos gobiernos del mismo titular por la Casa de Nariño, pero no ha sido posible llegar a un pacto con las Farc para lograr la libertad de 59 canjeables y un número indeterminado de presos guerrilleros. En principio, los gobiernos de Suiza, España y Francia estaban autorizados para gestionar el pacto. Pero como las Farc exigieron nuevamente el despeje militar de Florida y Pradera, en el departamento del Valle, Uribe volvió a decir lo mismo de hace cuatro años. Que hay que encontrar a todos los secuestrados e intentar rescatarlos.

60 meses en la selva

La historia trágica de estas dos mujeres comenzó el 23 de febrero de 2002, cuando Íngrid, en plena campaña, decidió ir hasta San Vicente del Caguán con varios miembros de su equipo. A los pocos minutos de haber arrancado desde la capital de Caquetá por tierra, el Ejército los detuvo. Uno de los uniformados del retén le advirtió a la candidata que a pocos kilómetros había presencia guerrillera y le recomendó no continuar su trayecto. Pero ella insistió y luego de firmar un papel en el que asumía su responsabilidad por lo que a ella y a su equipo les pudiera pasar, siguió su camino. La columna Teófilo Forero de las Farc las encontró y les comunicó que se llevaba a Íngrid. Sin embargo, Clara también acudió a la solidaridad y anunció que si ese era el caso, se iba con ella, pues no iba a dejarla sola. No sólo era su fórmula presidencial, sino también su amiga.

Cuando la noticia se conoció en el país, nadie se atrevió a pensar que el secuestro de las candidatas fuera a durar tanto. Pero el tiempo fue pasando y a los cinco meses del plagio, las pruebas de supervivencia vieron la luz por primera vez en un video revelado por Noticias Uno. En esa cinta, el impacto de las frases de Íngrid no tenía antecedentes. “Desde Bogotá llegó una orden para que las personas que habían viajado conmigo de mi personal de seguridad, tanto del DAS como de la Policía Nacional, no me acompañaran a San Vicente”, fue una de las afirmaciones que alcanzó a hacer la candidata, insinuando que la debilidad en su seguridad era responsabilidad del gobierno.

Pruebas así han sido muy pocas en los 60 meses de retención. En el segundo semestre de 2003, otro video que llegó al mismo noticiero mostraba a Íngrid, con un rosario envuelto en su puño derecho, con otra frase contundente que desconcertó al país: “uno no puede renunciar a sus derechos, a su libertad, ni siquiera por prudencia. Rescate sí, definitivamente sí, por principio, pero no cualquier rescate: rescate con éxito”, se le oyó decir. Pero desde hace tres años estas señales cesaron. Sus familiares no han vuelto a saber nada de ella.

En estos cinco años ha ocurrido toda suerte de hechos increíbles, dolorosos y difícilmente comprobables. Uno de ellos es que Clara Rojas tuvo un bebé en cautiverio que hoy podría tener tres años de edad. La noticia fue dada a conocer por el periodista Jorge Enrique Botero a comienzos del año pasado y anticipada por SEMANA. La revelación dio de qué hablar durante algunos días, pero del tema no se volvió a saber nada. (Ver “Si mi Clara tuvo un hijo...”)

Hoy, esa incertidumbre de la existencia del hijo de Clara también merodea el paradero de las dos mujeres secuestradas. El Presidente de la República dijo el martes a medios de comunicación de Francia que tenía información sobre Íngrid en el extranjero. Pero esa versión poco la cree Yolanda Pulecio, su madre, aunque dice que preferiría que así lo fuera para que su hija no corriera peligro, tras la orden de que las Fuerzas Militares siguieran buscándola en la selva.

El triste aniversario de Íngrid Betancourt y Clara Rojas se vuelve a conmemorar este viernes. Mientras doña Yolanda sigue impulsando a su hija en los mensajes de radio para que tenga fuerza y se sienta acompañada, doña Clara de Rojas, la mamá de ‘Clarita’, sólo espera a que vuelva pronto para morir en paz. En Francia, entre tanto, el tema ya está en la agenda de los candidatos a la Presidencia de la República, pero, lamentablemente, en Colombia no hay tanto interés por el tema. Parece más una tragedia de los secuestrados y sus familias y no de una sociedad que pasa los días mientras algunos de sus ciudadanos se pudren en la selva. Como Íngrid y ‘Clarita’.

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