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| 5/29/2005 12:00:00 AM

Cinco mitos sobre neoliberalismo

"Una vez uno logra -con dificultad- una definición de neoliberalismo es posible identificar muchos mitos creados a su alrededor". Hernán Vallejo da cinco ejemplos.

Quince años después de la llamada apertura económica colombiana, todavía prevalecen muchos mitos sobre lo que algunos llaman el neoliberalismo. Posiblemente el problema radica en que definir qué es neoliberalismo no es tarea fácil, tal y como lo explicaba hace unos años Roberto Steiner (2001). 

Una buena aproximación es que el neoliberalismo es la aplicación de las políticas del llamado Consenso de Washington, que incluye según Williamson (2002), medidas como: deuda pública sostenible; bases tributarias amplias y tasas de tributación bajas; tasas de cambio competitivas; mayor apertura comercial; subsidios solamente para mejorar la eficiencia o la distribución del ingreso, y respeto a los derechos de propiedad. A ello podríamos agregar que el Consenso daba por sentado que los países tenían una política monetaria responsable y una inflación baja. Una vez uno logra -con dificultad- una definición de neoliberalismo es posible identificar muchos mitos creados a su alrededor. Cinco ejemplos de ello son:

Los neoliberales creen que los mercados lo solucionan casi todo y que el rol del Estado es marginal.
Falso.  Es sencillo verificar que todos los países del mundo tienen gasto público positivo como proporción de la producción total de bienes y servicios (el PIB), aunque obviamente esas proporciones cambian entre naciones.  Es decir que, en mayor o menor medida, en todos los países del mundo se reconoce la importancia del Estado como ente que regula los mercados con imperfecciones y los recursos comunes, y que provee bienes públicos -incluyendo la defensa nacional, la justicia y la redistribución del ingreso-.

Ahora, la idea de que hay un grupo influyente de políticos y economistas -en Colombia y en el mundo- que creen que los mercados lo solucionan casi todo y que el rol del Estado es marginal, se aleja por completo de las prescripciones del llamado Consenso, y no deja de ser más que un instrumento artificial y teórico, radicalmente alejado de la realidad.

Colombia se abrió al comercio internacional de forma agresiva en la década de los 90.
Falso. Medir el grado de apertura de un país es bastante complejo.  Sin embargo un indicador útil es la evolución de la participación de las exportaciones mas las importaciones en la producción total de bienes y servicios de un país. Al revisar cómo cambió la participación de las exportaciones más las importaciones en el PIB colombiano, encontramos que la misma aumentó en un 13,89 por ciento entre 1990 y 2002.  Igualmente encontramos que en ese mismo periodo hubo 99 países con un incremento mayor en ese indicador, llegando incluso a aumentos del 500 por ciento.  Por tanto podemos concluir que nuestra apertura comercial fue bastante tímida en relación con los estándares internacionales.

Colombia ha venido aplicando metódicamente políticas neoliberales desde 1990.
Falso.  Es cierto que en Colombia hemos liberado -tímidamente- nuestros mercados a la competencia internacional desde 1990 y que hemos reducido sustancialmente la tasa de inflación, pero hemos estado lejos de aplicar a fondo el llamado Consenso de Washington. Hemos fallado en la ampliación de las bases tributarias y nos falta mucho camino por recorrer en el respeto efectivo de los derechos de propiedad. Ahora, lo que hemos hecho de forma diametralmente opuesta al Consenso, ha sido prácticamente duplicar el gasto público entre principios de los años 1990 y 2001, lo cual vino acompañado de un incremento insostenible en la deuda pública, la cual se triplicó en el mismo período, como se puede apreciar en el gráfico.

Deuda pública como porcentaje del PIB
1905 - 2003





Gráfico: Es un avión; es un cohete; es Superman.;  no, es el neoliberalismo 'a la colombiana'.  Fuente de datos:  Deuda pública del Gobierno Nacional Central como porcentaje del PIB, Junguito y Rincón (2004).

Las cifras muestran que, contrario a la creencia popular, en Colombia ha venido creciendo la conciencia -no sólo en buenos deseos sino en gasto público efectivo- de que el Estado debe cumplir una función importante en la sociedad, no sólo en materia de promoción de la eficiencia sino también en materia de redistribución.

Los problemas económicos de Colombia se deben a la apertura comercial.
Falso.  Quince años después de la apertura, en Colombia el valor de las exportaciones es similar al valor de las importaciones -es decir, que sí pudimos competir en el mercado internacional y que las mayores importaciones de la llamada apertura, no arrasaron con nuestra economía. Es más, contrario a lo que algunos nos hacen pensar, las cifras del Departamento Nacional de Planeación DNP (2005) muestran que casi 15 años después de iniciada la apertura, Colombia exporta más de lo que importa en productos agrícolas legales, e igualmente exporta más de lo que importa en alimentos.

Los problemas económicos de Colombia -y en particular la recesión de 1999- se han debido a que la explosión del gasto público y de la deuda pública, dejaron al país vulnerable a los choques externos y la crisis asiática nos cogió en mal momento (dicho sea de paso, esa vulnerabilidad sigue estando presente a pesar de los esfuerzos de los últimos gobiernos). La vulnerabilidad del país por sus niveles de deuda pública; la mala focalización y la ineficiencia del gasto público, y la pérdida de espacio para el sector privado por la expansión de ese gasto público explican fácilmente la insatisfacción de muchos colombianos con el pobre desempeño económico de los últimos años.

El neoliberalismo está acabado y debe ser sustituido.
Falso.
  No es que el neoliberalismo, interpretado como aquella forma de pensar en la que los mercados lo solucionan casi todo y el rol del Estado es marginal, esté acabado. Es que simplemente nunca ha existido, más allá de la imaginación de unos cuantos.

De otro lado, el neoliberalismo entendido como la aplicación de las políticas del llamado Consenso de Washington sigue vigente.  A pesar de que la apertura comercial aún desata debates en Colombia -y en otros países-, basta con identificar con juicio a los participantes en esos debates para entender -como lo explican los libros de texto- que esos debates se generan por la defensa de los beneficios de grupos de interés pequeños pero poderosos, que de paso se aprovechan de las discusiones legendarias e interminables de algunos académicos. 

Sin embargo la evidencia internacional muestra -dentro de las limitaciones propias de los estudios sobre crecimiento económico- que los países más abiertos crecen más -dado todo lo demás constante, como niveles de educación, tamaño del gobierno, respeto a los derechos de propiedad y aplicación del régimen de la ley. La evidencia internacional también muestra que los países más abiertos tienen más bienestar por mayor y mejor disponibilidad de bienes, servicios e insumos -dado todo lo demás constante-.

Ahora, es difícil encontrar un economista serio que hoy en día proponga aislar a un país de los mercados internacionales; incrementar la emisión de dinero a costa de tener mayor inflación, o generar una expansión del gasto público que haga insostenible la deuda externa y la deuda pública, y que lleve a una cesación de pagos y una contracción brutal de la actividad económica, en la que se pierdan décadas de progreso económico y social.  En todos esos escenarios los más perjudicados serían los segmentos más pobres y vulnerables de la población.  Es por eso que políticos de izquierda pragmáticos y eficaces -de la talla del español Felipe González-, han abandonado los debates estériles y han acogido con vigor los beneficios de la inserción de sus países en el mercado internacional; y de un manejo macroeconómico sano, transparente y responsable, con unos efectos positivos y significativos en el bienestar de sus pueblos.

También es difícil encontrar economistas que no recomienden mejorar el respeto a los derechos de propiedad, o el utilizar subsidios del Estado únicamente en los casos en los que promuevan la redistribución del ingreso y/o el bien común.

Algo en lo que casi todos los economistas están de acuerdo hoy en día es en que las políticas del Consenso de Washington no son suficientes. Se requiere complementarlas -más que sustituirlas- sobre todo en el campo de la redistribución, la focalización y la eficiencia del gasto público.  En eso en Colombia estamos crudos.  Buena parte de los instrumentos de las políticas sociales en nuestro país -incluido el salario mínimo, las Cajas de Compensación Familiar, el sistema pensional y parte del sistema de salud-,están diseñados para los que no son pobres. Un estudio reciente de Jairo Núñez y Silvia Espinosa (2005) muestra cómo en materia de gasto social Colombia tiene unos problemas dramáticos de focalización. Por dar tan sólo un ejemplo, se estima que 94 por ciento de los gastos en pensiones le llegan a población que no es pobre.

¿Y por qué?  Porque hacer cambios en la política social no es fácil, pues los rentistas del gasto público son grupos de interés pequeños pero poderosos (ya suena familiar ¿o no?). Y como enfrentar los problemas de fondo es muchas veces difícil, en Colombia nos dedicamos -por la ley del menor esfuerzo- a debatir sobre cosas abstractas y definidas con poca precisión -como el llamado neoliberalismo-, en vez de dedicarnos con juicio a atender y a solucionar los problemas más apremiantes de la población. Quince años después del inicio de la expansión significativa del gasto público en Colombia, todavía tenemos serios problemas de información sobre los efectos de ese gasto, y estamos terminando apenas -una vez más- la etapa de diagnóstico.

Referencias

DNP (2005) (www.dnp.org.co)

Junguito, R. and H. Rincón (2004)  "La política fiscal en el siglo XX en Colombia:  una visión global" Coyuntura Económica, vol XXXIV, No. 2, segundo semestre de 2004, Bogotá.

Núñez, J. and S. Espinosa (2005) "Exclusión y Asistencia Social en Colombia" Documento CEDE 2005-16.

Steiner, R (2001) "Sepultado el neoliberalismo, qué sigue?" Portafolio, noviembre 15.

Williamson (2002) "What Washington Means by Policy Reform" (http://www.iie.com/publications/papers/williamson1102-2.htm)

World Bank (2005) World Development Indicators Online (www.worldbank.org/data/onlinedbs/onlinedbases.htm)

*Profesor Investigador de la Facultad de Economía
Universidad de los Andes

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