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| 7/4/2006 12:00:00 AM

Ciudad sin carruseles

El domingo 25 de junio en Salitre Mágico, una falla en el sistema hizo que se soltaran los cinturones de seguridad del barco pirata. Aunque nadie murió, se volvió a poner sobre el tapete la seguridad de estas atracciones mecánicas.

Lo paradójico es que Salitre Mágico es uno de los pocos lugares de diversión que ha logrado obtener la licencia de funcionamiento de la Alcaldía. Los gusanitos, carruseles y trencitos de la mayoría de parques zonales de Bogotá están paralizados hace más de un año pues no han logrado cumplir con el engorroso trámite que les exige la Administración Distrital para darles la licencia de funcionamiento.

Luego de la polémica por la muerte de la niña Valentina Cortés Rendón, de 3 años de edad, que se cayó de la rueda de Chicago del centro comercial Plaza de las Américas, la Alcaldía de Bogotá lanzó en febrero del 2005 un nuevo plan de seguridad para los niños con el fin de revisar las condiciones en que operan las atracciones mecánicas de la ciudad.

De los 62 parques y 15 escenarios que administra el Instituto de Recreación y Deporte de Bogotá, varios tienen alquilados a terceros una zona para el funcionamiento de los juegos mecánicos que representan un bajo nivel de riesgo para los niños. La mayoría de estos se encuentran parados.

Entre certificados, contratos, pólizas, conceptos técnicos y de seguridad, son nueve los requerimientos de la Alcaldía (ver decreto) para que un simple carrusel o gusano funcione. Después de esto, y si los documentos están en orden, se debe hacer registro y obtener la autorización ante la Secretaría de Gobierno, que además, se debe renovar cada año.

Muchas familias y sobre todo los niños, han extrañado los caballos mecánicos de los parques de barrio. Beatriz Sarria, la mamá de Felipe Báez, de cuatro años, dice que el carrusel del Parque la Independencia hace mucha falta sobre todo los domingos y durante las vacaciones de su hijo. “Costaba 600 pesos. No me parecía peligroso pues estaba junto a él todo el tiempo. Me dio tristeza que dejara de funcionar porque a mi hijo le encantaba. No nos dieron ninguna explicación. Solo un día dejó de funcionar y ya”.

La misma frustración siente Lucrecia Ospina, habitante del barrio La Macarena. “Mis hijas venían a montar en el carrusel. Había muchísimos niños. Hacían fila, montaban y luego salían corriendo para volver a hacer fila,” afirmó.

Ahora Lucrecia cuida a Lena, una niña de 6 años, quien también solía montar en el carrusel. “Si el carrusel funcionara, yo no tendría que ponerme a jugar a la pelota con ella”, agrega, mientras observa a los 20 caballos de este parque que permanecen inmóviles desde hace más de un año porque su propietario no ha realizado los trámites exigidos por la Alcaldía.

La seguridad en este tipo de juegos es importante, mas aún cuando existen antecedentes trágicos que justifican la regulación de los mismos. Pero es absurdo que se les exija los mismos requerimientos a los propietarios de los gusanos o carruseles de los parques zonales que a los dueños de los parques de diversiones como Salitre Mágico o Mundo Aventura. La regulación no se puede convertir en una barrera para que los niños puedan disfrutar de una simple atracción, que al parecer, se convirtió en privilegio de pocos.

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