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| 9/22/2003 12:00:00 AM

Colombia después del fracaso

El fracaso de la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún dejó un sabor agridulce en Colombia. Contrario a lo que podría pensarse, el gobierno dijo recientemente que el panorama no es tan desolador. Para despejar las dudas, el Ministerio de Comercio escribió para Semana.com un informe con las proyecciones y conclusiones de la cumbre.

Desde el inicio, Colombia ha tenido un papel activo y constructivo en la OMC, al considerar que un sistema de comercio estable, con reglas claras y una apertura de los mercados mundiales es importante para nuestros intereses comerciales.

Colombia apoyó el lanzamiento de la Ronda Doha de negociaciones comerciales multilaterales, confiada en que ésta contribuiría al mejoramiento de la economía mundial y tendría un efecto particularmente benéfico sobre los países en desarrollo.

En la Declaración de Doha, en noviembre de 2001, los países adoptaron una serie de compromisos. Uno de ellos se relacionaba con el establecimiento de mayores disciplinas para la agricultura en cuanto a: eliminación de subsidios, reducción de ayudas domésticas a la producción y mayor acceso a mercados (reducción de aranceles y manejo de cuotas).

Otros compromisos contraídos en Doha incluyen: negociación de acceso a mercados en bienes no agrícolas (reducción de aranceles y medidas no arancelarias); establecimiento, por consenso, de modalidades para iniciar negociaciones en los denominados Temas de Singapur (políticas de competencia, transparencia en compras públicas, inversiones y facilitación del comercio); resolución de temas de interés de los países en desarrollo (trato especial y diferenciado, implementación); asuntos puntuales en reglas, comercio y medio ambiente y propiedad intelectual.

Las negociaciones iniciadas en Doha deben concluir el 31 de diciembre de 2004. En Doha se previó la realización de la V Conferencia Ministerial en Cancún, en septiembre de 2003, para revisar los avances en las negociaciones, dar orientación específica en algunos temas y adoptar modalidades de negociación en otros.

En Ginebra, sede de la OMC, se vienen adelantando las actividades relativas a la actual ronda de negociaciones. Pese a los esfuerzos realizados, no se ha cumplido, dentro de los plazos fijados por los Ministros en Doha, con ciertas tareas, una de ellas la adopción de modalidades para negociar los tres pilares de la agricultura mencionados. Tampoco se ha logrado avanzar en la adopción, por consenso, de modalidades para iniciar negociaciones en los Temas de Singapur o en bienes no agrícolas.

Para la mayoría de países en desarrollo y para muchos desarrollados, un buen avance en las negociaciones en agricultura es elemento fundamental para el éxito de la ronda. Ello se debe a: 1) El sector exhibe distorsiones agudas del mercado, ocasionadas por ayudas internas a la producción y subsidios a la exportación; 2) En muchos países en desarrollo, la agricultura provee una porción importante del PIB; 3) En muchos países en desarrollo, un alto porcentaje de la población se dedica a actividades agrícolas; 4) Muchos países en desarrollo derivan un alto porcentaje de sus ingresos de la exportación de bienes agrícolas; 5) Hay una directa relación entre la estabilidad de la agricultura y la estabilidad socioeconómica del sector rural en países en desarrollo.

Por las razones anotadas, Colombia, como miembro del denominado Grupo de Cairns, ha venido abogando, desde hace mucho tiempo, por mayores disciplinas para la agricultura mundial. En esta ronda en particular, hemos sido partidarios de un alto nivel de ambición en la negociación agrícola, por ofrecernos posibilidades para mejorar la posición de nuestras exportaciones.

Previamente a las reuniones de Cancún, un grupo de países en desarrollo, de todo el mundo, particularmente de América Latina, trabajó en un documento de propuesta de negociación en agricultura, que proponía un alto nivel de ambición. Este documento fue suscrito inicialmente por 20 países (incluidos Brasil, India, China, México, Argentina, Chile, Costa Rica y todos los países andinos). A raíz de la suscripción de dicho documento, que se refiere exclusivamente a agricultura, comenzó a hablarse de un Grupo de los 20 o G-20.

De otra parte, el presidente del Consejo General de la OMC, presentó en Ginebra un proyecto de declaración ministerial, que debía servir de base para las discusiones en Cancún.

La presentación del documento mencionado del G-20 nunca se propuso como una confrontación sur-norte, ni buscaba adoptar una posición conjunta en materia distinta a la agricultura. Al planteamiento de una postura común, de carácter comercial, por parte de un número de países miembros de la OMC, en torno a una propuesta en agricultura se le ha dado amplios ribetes políticos que no tiene, y que nunca hemos buscado ni promovido.

Durante las reuniones de Cancún se realizaron numerosas consultas en los diferentes temas, incluido el de agricultura. El presidente de la Conferencia, el Canciller de México, designó para el efecto a ministros de distintos países, denominados "facilitadores". Con base en los resultados de las consultas adelantadas por ellos, se redactó un nuevo proyecto de declaración ministerial. Si bien éste contenía avances frente al proyecto anterior, en agricultura aún se quedaba corto frente al nivel de ambición propuesto en el documento del G-20 y tradicionalmente por el Grupo de Cairns. Por ello, el G-20 se dedicó a realizar numerosas consultas internas y propuso nuevas reformas al documento.

El sábado 13 en la noche, después de escuchar las opiniones de todas las delegaciones en sesión abierta, el presidente de la Conferencia determinó adoptar el mecanismo de consultas informales y de discusiones dentro de un grupo más reducido de países. Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Japón, Canadá, Brasil, China, India, representantes del Caribe, de los países menos adelantados y de Africa. Colombia fue invitada y participó activamente y en forma constructiva.

El presidente de la conferencia dispuso iniciar las discusiones del "green room" con los denominados Temas de Singapur. Si bien ésta no se veía como un área central sino complementaria de la negociación, era importante por cuanto muchos países en desarrollo, encabezados por India, habían expresado dificultades para adoptar modalidades de negociación en cualquiera de ellas. Consideraban que era preciso un proceso de clarificación y entendimiento de los temas y su cobertura (especialmente inversiones), antes de empezar a negociar; en otros como competencia, sentían carecer de la capacidad técnica e institucional para enfrentar negociaciones o adoptar los compromisos resultantes.

De otro lado, la UE, Japón y Corea, entre otros, aducían que era muy importante adoptar modalidades de negociación en los cuatro temas para equilibrar un paquete de negociación con las concesiones que se les exigía en agricultura, particularmente.

El último proyecto de declaración incluía un enfoque mixto para estos temas: definía modalidades para facilitación del comercio y transparencia en compras públicas; señalaba un período adicional para discusión y clasificación en inversiones y posteriormente fijaba una fecha para iniciar negociación con modalidades establecidas; y dejaba por fuera el tema de competencia.

Para los países en desarrollo mencionados, esta propuesta del presidente aún era demasiado ambiciosa pues iba más allá de sus capacidades. Para Colombia, la propuesta era lo suficientemente flexible como para convivir con ella, siempre y cuando hiciera parte de un paquete negociador que incluyera un mayor nivel de ambición en agricultura.

En las discusiones del "green room", Colombia junto con Chile, manifestó que no tenía problema en la adopción de modalidades para negociar en todos los Temas de Singapur o algunos de ellos. En inversión, tenemos interés en fijar reglas claras y estables pues somos un importador neto de capital; en compras públicas hemos adoptado mecanismos de transparencia a nivel doméstico por decisión autónoma; la facilitación del comercio la consideramos esencial para reducir costos a todos los participantes; las políticas de competencia hacen parte de nuestras preocupaciones domésticas. Además, todos estos temas forman parte de nuestra agenda de negociaciones comerciales tanto a nivel regional (Alca) como bilateral. Por todo lo anterior, manifestamos en el "green room" que deseábamos ser parte de la solución, no del problema.

En las discusiones en el "green room" el domingo 14, la UE presionó fuertemente por la inclusión de los cuatro Temas de Singapur, junto con Japón y Corea. Un grupo de países en desarrollo compuesto por Asia, Pacífico y el Caribe, Africa y los menos adelantados, se opuso insistentemente, con las razones ya anotadas. Luego de un largo forcejeo, se aceptó la adopción de modalidades de negociación en transparencia en compras públicas. Posteriormente, la UE retomó la discusión para presionar también la inclusión de facilitación del comercio. A esa altura, los países en desarrollo indicados (ACP, Africa y PMA) rompieron la negociación por considerar que se les estaba presionando indebidamente a ir más allá de sus posibilidades. En ese momento y dado lo avanzado de la hora y la cercanía del término de la conferencia, se decidió dar por terminadas las discusiones y proceder a clausurar la conferencia, sin emitir la declaración ministerial que se esperaba.

Conclusiones

- Si bien las discusiones concluyeron sin resultados por una reacción de países en desarrollo, en este episodio no estuvieron involucrados los latinoamericanos ni el denominado G-20.

- La reunión no se truncó por el tema de agricultura. La presidencia optó por abordar los Temas de Singapur sin haber discutido agricultura. Allí se presentó la ruptura.

- Lo acaecido no puede ni debe presentarse como una confrontación política norte-sur. Hay que circunscribirlo a visiones, enfoques o posibilidades distintos en torno a varios temas, con una gran gama de posiciones tanto extremas como intermedias.

- La conclusión sin éxito de la reunión no es el fracaso de la Ronda Doha. Estamos apenas a mitad de camino. Habrá de continuar los trabajos en Ginebra y no es de descartar la realización de una nueva conferencia ministerial, cuando estén dadas las condiciones para ello.

- Debemos continuar trabajando en forma constructiva para acercar posiciones y buscar avances en la negociación. Un fracaso en la ronda es perjudicial para la economía mundial, para los países en desarrollo y en especial para un país como Colombia, que aspira a participar cada vez más en los mercados internacionales.
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