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| 11/30/2003 12:00:00 AM

Colombia: guerra y desmovilización como constantes históricas

La desmovilización es un camino bastante conocido por los colombianos. Pasó con el M-19, con el EPL y ha tratado de suceder con las Farc y el ELN en numerosas ocasiones. Por ello es posible hablar de una sola dinámica y una estrategia a seguir. El catedrático Alejo Vargas Velásquez habla sobre éstas.

El pasado martes 25 de noviembre comenzó un proceso de desmovilización de miembros de los grupos de autodefensas o paramilitares. Más allá de las dudas que este hecho genera, por su relación con el tema tan sensible de justicia perdón y reparación de las víctimas de los hechos violentos de estos grupos, lo que queremos destacar en este escrito es que se ha dado comienzo -ojalá haya igualmente un final cierto-, a un nuevo proceso de desmovilización de miembros de grupos que han acudido a la violencia para buscar conseguir determinados objetivos.

Y efectivamente, la historia colombiana ha estado atravesada por enfrentamientos armados, llámense guerras civiles entre liberales y conservadores en la segunda mitad del siglo XIX, o las insurrecciones bolcheviques del decenio de los 20 del siglo XX, o el largo período de la violencia bipartidista entre liberales o conservadores de mediados de siglo, o más recientemente la confrontación entre los grupos guerrilleros contra el Estado, el régimen político o sus políticas públicas y los fenómenos contraguerrilleros que se generaron.

En todos estos casos, una vez concluido los enfrentamientos, se planteó el problema de la desmovilización de los miembros de los diferentes grupos. En algunos casos de las guerras civiles, los ejércitos se disolvían después de las derrotas con las cuales las mismas se saldaban, o parcialmente eran incorporados a las fuerzas militares vencedoras.

Podría decirse que un primer intento de atender a las tropas dentro de los procesos de desmovilización, se da con la entrega de la guerrilla liberal durante el gobierno militar del General Rojas Pinilla, en que se trata con una especie de programa de apoyo a los desmovilizados. Pero igualmente los jefes guerrilleros liberales estuvieron pendientes de la suerte de sus tropas. Esto decía Rafael Rangel, el jefe guerrillero liberal del Magdalena Medio en su discurso el día de su desmovilización: "Pido protección, apoyo moral y económico para el personal que hoy entrego en vista del ofrecimiento generoso del Gobierno, del cual es usted en estos momentos su agente".

Más contemporáneamente, vamos a tener diversas experiencias de desmovilización que responden a lógicas distintas en cada caso:

a) las que fueron el resultado de los procesos de negociación con organizaciones guerrilleras y grupos milicianos, de fines de los 80 y comienzos de los 90; aquí se trató de desmovilizaciones colectivas, -aunque siempre la reinserción es individual- y había una intencionalidad de conversión explícita en actores políticos y obtener concesiones políticas como producto de las negociaciones.

Según cifras de un estudio del DNP, como producto de los nueve procesos de este período se desmovilizó un total 4.715 personas -cifra inferior a la que se estima son los miembros del ELN y menos de una tercera parte de las Farc y la mitad de los que se le atribuyen a las autodefensas o paramilitares-, esto es importante para contrastar esta cifra con el tamaño de lo que serían las desmovilizaciones de los actuales grupos guerrilleros y los grupos paramilitares.

b) la desmovilización como proceso individual; esto es algo que existe desde siempre en los enfrentamientos armados y que expresa el abandono de los grupos armados por parte de los miembros que por una u otra causa toman esta decisión; se trata de una desmovilización sin una negociación previa de la organización a la cual pertenece el desmovilizado y por supuesto, sin un previo acuerdo de paz. En Colombia se han dado desde cuando empezó este período de violencia política, pero podríamos decir que es a partir del gobierno de César Gaviria y sobre todo en el actual gobierno en que se vuelve una política deliberada del gobierno; estimular el abandono de las filas por sus miembros; es decir es una estrategia complementaria de la confrontación militar, una verdadera estrategia de guerra -que los encargados del actual gobierno consideran muy positiva-.

Según el ministro de Defensa, entre agosto 7 de 2002 y noviembre 27 de 2003 se han desmovilizado 3.000 personas -más de la mitad de las Farc-, con un incremento sostenido mensual.

Con frecuencia estos desmovilizados individualmente no están realmente seguros de querer abandonar la guerra, sino más bien buscan cambiar de bando, por ello muchos aspirarían a ingresar a las fuerzas armadas institucionales.

Las razones para los resultados positivos se asocian al aumento de la presión militar; a una agresiva campaña de propaganda masiva y, sin duda, al liderazgo político en cabeza del Presidente y el Ministro de Defensa, que han estimulado a su vez el compromiso del mando militar.

c) La desmovilización como resultado de una nueva estrategia de negociación, en esta ocasión con los grupos de autodefensa o paramilitares con el actual gobierno, que tuvo un punto de referencia importante en el denominado "Acuerdo de Santafé de Ralito", que define "como propósito de este proceso el logro de la paz nacional, a través del fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y el restablecimiento del monopolio de la fuerza en manos del Estado"; se dará una desmovilización colectiva, con las especificidades propias de estas organizaciones; seguramente hay que diferenciar los grupos milicianos urbanos y los miembros de los grupos regulares rurales.

No olvidemos que durante el gobierno de César Gaviria se dieron desmovilizaciones de autodefensas o paramilitares: las de Ariel Otero de Puerto Boyacá y las de Fidel Castaño en Córdoba y Urabá, sobre las cuales no hay estudios sistemáticos.

La desmovilización de organizaciones guerrilleras persistentes -Farc, ELN, EPL-, como producto de un proceso de negociación con el actual gobierno, no es una posibilidad cierta en el horizonte y, si llegara a darse, seguramente requeriría unas particularidades creativas.

Colombia, como vemos, tiene una amplia experiencia en procesos de desmovilización de miembros de grupos guerrilleros, paramilitares o de autodefensa y milicianos; en todos los casos con particularidades, dinámicas y manifestaciones territoriales diferenciadas. Pero, igualmente los procesos de conversaciones en Colombia se han caracterizado por responder no a una lógica de 'negociación global' con el conjunto de actores del conflicto armado, sino de 'negociaciones a destajo' con algunos actores del conflicto armado, lo cual ha hecho que la idea de 'paz firme y duradera' como punto de referencia global, no ha sido posible y esto condiciona la naturaleza y características de los procesos de desmovilización y reinserción, tanto en la sociedad como en el Estado.

Finalmente, debemos anotar que una vez producida la desmovilización, viene el reto mucho más complejo de transitar los caminos de la reinserción y reconciliación, lo cual plantea una serie de desafíos, que si no se logran responder adecuadamente, pueden generar una gran frustración colectiva. La experiencia muestra que si no hay una adecuada reincorporación las probabilidades de estar frente a un acrecentamiento de otras modalidades de violencia es muy alta.

*Profesor Universidad Nacional
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