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| 8/4/2006 12:00:00 AM

Comenzaron las fumigaciones

Cinco días tardará la Policía Antinarcóticos en asperjar las 1.780 hectáreas cultivadas con coca que quedan en el parque de La Macarena, en el Meta. El remedio puede ser peor que la enfermedad.

Veinticuatro horas después de que el presidente Uribe ordenara fumigar con glifosato el parque natural de La Macarena, este viernes las avionetas antinarcóticos de la Policía comenzaron a sobrevolar y asperjar esta zona donde se pretende acabar con 1.780 hectáreas de cultivos ilícitos que aún quedan. Una decisión que podría ser tan costosa como el envío apresurado de erradicadores manuales en plena campaña electoral (ver artículo relacionado).

La decisión se tomó a raíz de la muerte de seis erradicadores manuales el pasado miércoles y de una larga lista de hechos que entorpecieron la labor de arrancar toda la coca mata por mata: desde el pasado 20 de enero, 26 personas (entre policías, soldados y erradicadores) han sido asesinadas por las Farc. Cuarenta y un personas quedaron heridas, muchas de ellas mutiladas. Se han desactivaron 220 minas, 580 artefactos explosivos, 11 campos minados y siete casas bomba.

El director de la Policía Nacional, general Jorge Daniel Castro, dijo este viernes que la reserva forestal está invadida por la mafia. “Un guerrillero me comentaba que su misión era guardarle entre mil y dos mil millones de pesos mensuales a 'Cachirri', un jefe de las Farc que tiene a su servicio caleteros, que son los que cuidan la plata”, sostuvo el oficial.

A pesar de que el Ejército y la Policía rastrearon todas las zonas a erradicar para detectar minas quiebrapatas u otros explosivos, las Farc se las ingeniaron para que los equipos no encontraran ningún artefacto. Las autoridades dicen que han regado clavos, grapas balines y pilas viejas para que los grupos de detección de minas se enloquezcan y no identifiquen la pólvora.

“Este último sistema que utilizaron con los erradicadores es un explosivo sin metralla y sin metal, que no se puede detectar, sino por los perros, pero cuando está enterrado a un nivel tan bajo es difícil encontrar”, explica Castro. “Las personas tienen que conocer la realidad, el parque de la Macarena está totalmente acabado por parte las Farc con los cultivos de coca, desde hace cinco años empezó a sembrase por todo lado. Si no se actúa con contundencia, lo perderemos”, agregó.

Las desventajas
 
Ahora que se comenzarán a rociar los parques, vuelve el debate sobre los riesgos de eliminar los cultivos de coca con químicos en un área de tal valor ecológico.
 
En la Macarena, donde existe un bosque húmedo tropical muy importante y una diversidad de fauna impresionante (siete especies de tigrillos, caimán llanero, ocho especies de micos, paujiles, dantas, guacamayas multicolores y venados sabaneros), la erradicación manual permitía restaurar el área que ha sido destruida por la coca (el 0.7%), sin contaminar los importantes ríos que la atraviesan.
 
"Esta intervención es importantísima porque frena la degradación", dijo a Semana.com Julia Miranda, directora de Parques Nacionales, cuando comenzó la erradicación manual. "Contamos con plata de Holanda para restaurar el área afectada".

Igual de dispuestos a cooperar estaban otros países europeos que se han opuesto a la fumigación aérea financiada en gran parte con recursos del Plan Colombia aportados por Estados Unidos. Naciones Unidas, que está muy comprometida en los proyectos de erradicación manual y países vecinos donde el tema del impacto de la fumigación sobre los pueblos de frontera se ha politizado, no verán con buenos ojos este giro hacia la fumigación. Máxime cuando Colombia es el único país que fumiga. En Ecuador, por ejemplo, donde hay un fuerte movimiento indigenista y ambientalista, el tema de la fumigación en la frontera fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, obligando al gobierno de Uribe a ordenar que en estas áreas 'sensibles' se arrancara la coca a mano. Cosa, que, aparentemente el gobierno está ignorando ahora.

Es cierto que la erradicación manual es más lenta y que hacerlo en un territorio que está fuera del control del Estado es una tarea titánica, como quedó demostrado.  Sin embargo, los erradicadores manuales logran acabar con el 100 por ciento del cultivo porque alcanzan las matas en los lotes más pequeños y camuflados bajo los árboles -la nueva técnica de los narcos- y destruyen los viveros para evitar la resiembra en el mismo sitio. La fumigación, en cambio, tiene un 60 por ciento de efectividad. Lo cual significa que después de que asperjen los cultivos, y contaminen los ríos, y pongan a la población nuevamente en contra del Estado, lo más probable es que vuelva a existir coca en La Macarena.

Por eso lo más importante, más que oscilar entre la fumigación y la erradicación manual, es que el país se detenga a pensar en una política antidrogas que no vaya en contravía del esfuerzo contrainsurgente y que no se convierta en un remedio peor que la enfermedad. La decisión apresurada de fumigar esta semana a raíz de la muerte de los erradicadores no es una buena señal.
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