Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/10/25 00:00

¿Cómo interpretó Fernando Araujo la caída de quien fue su verdugo?

El actual Canciller de Colombia recordó las impresiones que tuvo al conocer a ‘Martín Caballero’ en los momentos de su secuestro. “No tengo ningún sentimiento nuevo”, dijo tras conocer que fue dado de baja.

“Como Colombiano me siento más tranquilo y con más esperanza” dijo el canciller Fernando Araújo luego de conocer que había caído muerto quien ordenó su plagio.

Tiene fresca la memoria con las fechas de lo acaecido en el tiempo de su secuestro. “El 14 de octubre de 2001 vi por primera vez a ‘Martín Caballero’”, dice el actual Canciller Fernando Araujo Perdomo. Las escenas de algunos hechos que tuvieron lugar en sus 2.115 días de cautiverio, afloran con detalle. Pero sus recuerdos intactos no parecen de quien no ha superado lo sucedido, sino de quien se ha propuesto seguir adelante a pesar de haber vivido un infierno.

“Desde lo personal, no hay ningún sentimiento nuevo”, explica cuando le pregunto por las reacciones a la noticia de que quien ordenó su captura resultó muerto en un operativo del Ejercito. El Canciller se muestra impasible. “Como Colombiano me siento más tranquilo y con más esperanza”, agrega.

Saber que quienes fueron sus verdugos están muertos puede provocar un alivio, no sin dejar notar el dolor, como le ocurrió a la señora que salió en televisión el día que se supo de la muerte de Gustavo Rueda, alias ‘Martín Caballero’. Su hijo murió mientras estaba secuestrado por él. “En cierta forma me alegra porque se hizo justicia”, fue lo que dijo a las cámaras.

Sin embargo el canciller permanece con el rostro hermético. “Desde el día de mi secuestro, me propuse que eso no me afectaría mentalmente, desde ese punto de vista usted puede considerar que yo no estuve secuestrado”, dice. Habla sin comprometer sus emociones. Por más de que uno quisiera escuchar al hombre más allá de su investidura gobiernista, el Canciller no abandona el libreto de lo políticamente correcto.

Pero eso no mitiga lo difíciles que fueron esos seis años lejos de su familia, lejos de todo. A Araujo le dio un vuelco la vida. Hoy no sólo está en libertad sino que es una figura importante en el gobierno colombiano. Pero quienes vieron las imágenes que se trasmitieron luego de que se escapara de sus captores en medio de un enfrentamiento con el Ejército, recuerdan su delgadez, su rostro sin rasurar y la mirada entre alegre y triste al mismo tiempo. Cicatrices de una guerra en la que no hay distingo de clase ni condición.

Araujo vio en muchas ocasiones a ‘Martín Caballero’. Lo recuerda como un hombre “robusto, disciplinado, exigente, riguroso y sanguinario”. En varias ocasiones conoció de decisiones que el comandante tomaba contra la vida, incluso, de otros guerrilleros. Un día mandó matar a ‘Pablo’ por que fue detenido por una patrulla militar, pero el guerrillero logró convencerlos de que era un campesino. ‘Martín Caballero’ ordenó su ejecución por considerar sospechoso el hecho de que hubiera salido bien librado.

El Canciller recuerda que recién lo conoció, el guerrillero hablaba con jactancia de sus logros, de los soldados que caían muertos en los enfrentamientos, de que algún día se tomarían el poder, de su trabajo cerca de Manuel Marulanda, de su estadía en el Caguán. Por momentos, el guerrillero le contó algunos datos de su vida como el hecho de que había pertenecido a la Juventud Comunista y que por miedo a que lo mataran, un día decidió ingresar a la guerrilla.

Pero estas confidencias no iban más allá de un trato “respetuoso”. Una de las cosas que más impresionó a Araujo fue que ‘Martín Caballero’ ordenaba quitar los distintivos de los soldados que caían en las minas que instalaba y se las pegaba en su sombrero: “Me pareció inhumano porque era como un trofeo para él”.

Esa imagen de lo que Araujo llamó un “psicópata” es la que más pervive en su memoria. Una vez un comandante al que llamaban ‘Arturo’ amenazó a Araujo con matarlo si comprobaba que había una operación de rescate. En una crónica de Juan David Laverde, publicada en El Espectador, Araujo hizo alusión a las palabras con las que Martín Caballero respondió: “Para que le pase algo a usted tiene que ser que nos muramos todos”. Para el canciller estas palabras son características del desorden mental de un hombre de extremos como Pablo Escobar, que luego de cometer una atrocidad puede tener un gesto de humanidad.

“Yo tengo claros todos los recuerdos, los estoy escribiendo para conservarlos”, dice. Hoy Araujo le da gracias a Dios de que el período que calificó de “inmenso dolor y frustración” haya pasado. “Martín Caballero sufrió las consecuencias de sus decisiones”, agrega. Por unos minutos Araujo habla de que en su corazón no hay rencor, de su fe Católica, de la presencia del dolor y la capacidad de superarlo. Pero pronto deja de lado lo personal y vuelve al discurso de lo que el considera lo importante: la gestión del gobierno. Por un lado está la experiencia de lo vivido y por otro el fuero que representa.

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