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| 9/11/2008 12:00:00 AM

Contaminación en Bogotá: val mal y puede ir peor

Los pesimistas creen que en 30 años la capital será como una gran nube de humo y congestión de carros, pero varios expertos creen que hay ideas novedosas para ser más optimistas. Volver al trolebús y trabajar más desde la casa pueden hacer parte del futuro.

Bogotá está entre las cuarenta ciudades más contaminadas del mundo. Si no se toman medidas urgentes y no se piensa en formas novedosas para mejorar la movilidad, el futuro de la ciudad y la salud de los bogotanos puede estar en riesgo.

La contaminación es en parte producto del alto consumo de energía, y más si este se hace de manera ineficiente. Cómo en todas las grandes ciudades del mundo y polos industriales, a más consumo más desechos y más contaminación.

Bogotá (y sus áreas circundantes en Cundinamarca), por ejemplo, consumen el 24 por ciento del total de la energía que consume Colombia. También, y por lo mismo, es la ciudad más contaminada del país y la tercera de América Latina. Fontibón, Puente Aranda y Kennedy, son las zonas más contaminadas.

Bogotá no es un bicho raro. Lo mismo pasa, por ejemplo, en Londres, una ciudad industrializada, donde el impacto ambiental de las emisiones de gases es el doble de lo que produce todo el Reino Unido. Allá el 44 por ciento de las emisiones es producto del uso de energía en las casas (calefacción, iluminación, etc.), mientras que el transporte produce menos de la mitad con un 21 por ciento.

Sin embargo, en Bogotá el panorama es totalmente inverso. Las fuentes móviles como carros, buses y motos generan el 60 por ciento de la contaminación del aire. El otro 40 por ciento lo generan las fuentes fijas, como fábricas, chimeneas, etc., según datos de la Secretaría de Ambiente de Bogotá.

Los altos índices de contaminación de la ciudad por carros y buses se debe básicamente a cuatro factores: la mala calidad del diesel, el mal estado de los motores, la falta de cumplimiento de las metas de chatarrización y la congestión, dice el Distrito.

Por eso expertos nacionales y internacionales se reunieron el pasado miércoles en el foro "Bogotá 2038" para pensar en alternativas que hagan de la capital una ciudad sostenible. El foro fue organizado por la revista Semana y Dinero y contó con la presencia de más de 600 participantes.

“En febrero de este año el Alcalde suscribió un pacto con Ecopetrol para reducir las partículas tóxicas en la gasolina que se vende en la ciudad y con eso esperamos reducir la contaminación”, dijo Juan Antonio Nieto, Secretario de Ambiente de Bogotá quien participó en el panel sobre energía y aire. Nieto reconoció que el índice de contaminación del aire de Bogotá está por encima de lo que es saludable según la norma ambiental.

“Los buses, busetas y colectivos son de lejos el medio que más contamina aunque muevan un mayor número de pasajeros”, dijo José Antonio Vargas Lleras, presidente de Codensa y quien ha hecho estudios sobre el uso de energía eléctrica para el transporte público y privado.

Según datos del Distrito compilados en el estudio de Codensa, en Bogotá hay alrededor de 600.000 vehículos particulares con una edad promedio de 14 años y 18.000 buses con un promedio de 12 años.

“Si calculamos que en 2038 va a haber tres veces más vehículos, ¿Cúal va a ser la situación de la ciudad, si se contamina igual y las vías siguen siendo las mismas?”, se preguntó Vargas Lleras

En cuanto a chatarrización, la administración distrital todavía tiene una gran deuda con los bogotanos. Mientras en 2007 se chatarrizaron 2.523 buses y busetas viejos, hasta julio de 2008, apenas habían sido chatarrizados 744 vehículos. En promedio, entre 2001 y 2007, la ciudad chatarrizaba 1.763 vehiculos cada año.

Ante este oscuro panorama de la movilidad y la contaminación ambiental en la ciudad ¿qué opciones hay para que la Bogotá del 2038 sea más limpia y menos congestionada?

Una de las alternativas para mejorar en movilidad y reducir la contaminación también es el rediseño urbano de las ciudades. A diferencia de los modelos que separan las zonas residenciales de las zonas donde se trabaja, integrar ambas reduce las distancias de movilización de las personas. De esta manera es más factible que la gente camine a sus trabajos o use la bicicleta.

“Esto es algo que esta sucediendo ahora en Estados Unidos donde antes el modelo eran las ciudades explayadas donde había que usar el carro manejar 100 millas para ir de la casa al trabajo”, dijo a Semana.com Edgar Blanco, director para América Latina del Centro para el Transporte y la Logística del Massachusetts Institute of Technology en Estados Unidos y quiene estuvo en Bogotá para participar en el foro.

Blanco se refirió también a otro tipo de medidas novedosas y con un efecto inmediato. Por ejemplo que las empresas u oficinas públicas dicten que la gente trabaje un día a la semana desde sus casas. Según Blanco esto tiene un impacto positivo no sólo sobre la contaminación y la congestión, sino también sobre la productividad de los empleados y las empresas.

Para José Antonio Vargas Lleras una de las alternativas es la evolución hacia medios de transporte eléctricos.

“Colombia tiene un gran potencial de energía eléctrica gracias a su gran capacidad de agua para hidroeléctricas y por eso creo que es la solución más evidente”, dijo Vargas Lleras y recordó que hace 20 años la ciudad tenía un sistema de Trolebuses movidos por electricidad. Según Vargas Lleras, este tipo de transporte público consume menos energía por kilómetros recorrido, contamina menos y dura más que los vehículos de gasolina.

Otra de las alternativas es la utilización del gas natural como combustible para el transporte. Hoy en día se calcula que en Bogotá hay 83.000 carros convertidos a gas, que corresponden a un 30 por ciento del total del país (cerca de 235.000 carros a gas). En toda la ciudad hay 110 estaciones que prestan el servicio.

Sin embargo las fuentes alternativas de energía como estas, u otras como la solar o la eólica (producida por el viento) son incipientes, necesitan apoyos gubernamentales y encierran otras dificultades.

“Las energías alternativas sólo son viables si reciben subsidios del Estado y hasta ahora sólo hay declaraciones de buena voluntad del Ministerio de Vivienda y Medio Ambiente pero ningún compromiso por parte del de Hacienda, que es el que en realidad decide”, dijo Astrid Mártinez Ortiz, presidenta de la Empresa de Energía de Bogotá, otra de las panelistas.

“Uno de los retos tecnológicos más importantes hoy para las ciudades es como almacenar la energía de fuentes alternativas, pues fuentes como el viento o el sol son oscilantes y se necesita tener acceso a la energía de forma constante”, dijo Blanco.

Bogotá en 2038 parece una fecha lejana. Pero más vale empezar a pensar en la ciudad pronto si queremos evitarnos treinta años de tos y trancón.







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