Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/04/11 00:00

Contra el San Carlos

Contra el San Carlos

“Salir con un tipo del San Carlos era doloroso”, fue la primera respuesta que obtuve tras hacer un corto sondeo informal entre mis amigas. “Era cómico, llegaban con chocolates en forma de corazón y doce rosas rojas…no es que fueran caballerosos, era más como si hubieran aprendido a levantarse de la mamá”. No era un pensamiento enteramente loco. Ya me imaginaba una madre preparando la merienda para su querido hijo San Carliano, seleccionando los pantalones adecuados para la camisa y el corbatín que le había comprado con tanto amor cuando cumplió 18 años.

-Recuerda hijo, entrégale la diadema dorada después hacer la venia de saludo.
-Sí mami, y ¿cuándo puedo cogerle la mano?
-No me hables de semejante aberración antes del matrimonio. ¡Gracias a Dios que estás en el San Carlos y jamás te asediara una Salomé llena de pecado y lujuria!

Es difícil “levantar hembrita”, sin antes saber que es una “hembrita”. Y dada la ausencia de conocimiento y experiencia, el resultado para los del San Carlos sin duda era engorroso y causante de pena ajena.

Teniendo esto en cuenta es apenas lógico, y entendible, que en algunos casos lograron ganarnos algunos partidos de baloncesto (supuesta raíz de la rivalidad entre estos dos colegios). Estoy seguro que dichas victorias eran motivo de una gran celebración, abrazos sudorosos entre hombres, un clamor proveniente de su grupo de porristas masculinos y en fin: mucho amor homo-erótico.

Eran un equipo bastante enfocado. ¿Cómo no lo iban a ser? Ellos no entrenaban junto a jovencitas núbiles en faldas cortas (famosas en Bogotá). Ellos, más bien, se preparaban frente a figuras religiosas, y más y más hombres que, aunque andaban en pantalonetica, no era ninguna falda (aunque sin duda varios de ellos no estarían de acuerdo, y argumentaran que unas piernas de hombre bien trabajadas le quitan el aliento hasta al menos marica). Adicionalmente se podría decir que los del San Carlos entrenaban en un entorno que propicia comportamientos y labores que les ayudaba a ser excelentes jugadores de baloncesto. Lo que quiero decir es que para cualquier tipo del San Carlos era apenas natural la posición de estar agachados, sacando culo, con un hombre atrás agarrándolos. De igual manera se sentían cómodos, y a gusto, siendo el que está atrás parado. Así que, poniendo, o abusando culo, era indudable que sabían jugar.

Por último, era incuestionable la gran habilidad de los del San Carlos en el juego de pelotas. De nuevo, el entorno donde entrenaban era un gran lugar para aprender a agarrar pelotas, (las de uno, las del compañero, etcétera) y dada la ausencia del sexo femenino, pues no había mucho más que hacer.

Así son los chicos del San Carlos: malos para las niñas, buenos con las pelotas.

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