Viernes, 20 de enero de 2017

| 2005/01/09 00:00

Criollo y... ¿Oriental?

El boom de la cultura oriental alrededor del mundo es indiscutible. Colombia no se queda atrás.

A los occidentales nos podrá parecer absurdo que en materia de cirugía estética, tanto en Japón como en otros países orientales, el área del cuerpo que más se opere sean los ojos. Actualmente, para una gran parte de las mujeres orientales, a diferencia de las europeas o americanas, la belleza no consiste en tener un busto monumental, o en esculpir un cuerpo voluptuoso. Hoy, para algunas de ellas, la belleza está en los ojos... occidentales. Paradójico. Ahora a los orientales les gusta lo de acá, y a nosotros lo de allá. Es indiscutible que el estilo oriental está de moda. Hoy en día el boom de lo oriental no solo tiene lugar en Europa, especialmente en París o Londres, o en Madrid o Barcelona. Si la comida española hace parte de una tradición que se lleva a cabo día a día, ¿por qué hay más y más españoles sentados en las mesas de los restaurantes japoneses, tomando Sake y no vino tinto? Desde los 90 hay una ola oriental en las ciudades españolas. No tanto como para desplazar la cocina regional, pero sí hasta el punto de que la gente se familiarice con palabras como noodles, teriyaki, o 'pato lacado'. Y no solo es la cocina, sino que ahora son los espacios de diseño los que apuestan por lo oriental. Acá en Colombia no nos quedamos atrás, especialmente los capitalinos. ¿Será por imitar a las estrellas de Hollywood, o porque simplemente nos sentimos atraídos por esta cultura? Porque es un hecho que aunque Britney Spears nunca supo el significado de las letras japonesas que se tatuó, muchas admiradoras optaron por lo mismo. ¿Y quién puede negar que dan ganas de aprender a usar la espada samurai después de ver películas como 'Héroe', 'El último Samurai', o 'Kill Bill'? Esta de moda lo oriental, empezando por la cocina. Seguramente nadie que tenga de veintitantos años para arriba recordará haber comido sushi cuando pequeño, a menos que hubiera estado en algún lugar fuera de Colombia. Anteriormente había restaurantes de comida china, con el famoso arroz chino, y si nos hablaban de un restaurante japonés pues estaba Hatsuhana, pero nada más. Ahora el sushi y la comida Thai son los más sonados a la hora de salir a comer por fuera. El sushi no es el único, pero si es el plato más sonado cuando se habla de cocina oriental. Parece que a los colombianos se les está modificando el paladar, porque ya no es raro comer pescado crudo en reemplazo de un chicharrón con garra. Tiene bastante lógica: ¿Por qué dejar de comer anguila, cuando somos capaces de comer morcilla, chunchullo, y hasta hormigas culonas? ¿Quién dice que es raro el helado frito, cuando de postre comemos 'gelatina de pata'? Actualmente en Bogotá hay más de 40 restaurantes y barras de sushi, lo que demuestra que venderlo es un negocio redondo. El factor económico ya no puede ser una excusa, porque no solo venden sushi en Harry Sazón, Watakushi, Hatsuhana, Osaki, Teriyaky Sushi Bar, Takami, Wok, o Café Renault. También hay otras barras, no tan populares ni tan ostentosas, pero que ofrecen la posibilidad de comer un California o un Philadelphia roll por un precio más bajo. Incluso si uno quiere se va al supermercado y compra un sushi de caja, que ya viene listo para llevarlo a la casa o a la oficina. Pero no solo es el boom del sushi, hay más. El famoso wok es un artefacto que no falta en casa, porque la comida Thai también causa sensación. Y ni hablar de los palitos chinos. Ahora se venden en todos lados, con todo el set de platos cuadrados con letras japonesas. Sin embargo, seguramente a más de uno le habrá costado trabajo comer con ellos. Finalmente se aprende a usarlos, pero uno pensará que es más seguro usar una cuchara o un tenedor (con ellos no hay riesgo de sacarse un ojo). ¿Será que en el futuro estará de moda comer lechona con palitos chinos? Y hablando nuevamente de la comida, es extraño que a pesar de que nuestra comida regional cuenta con una riqueza extraordinaria de sabores y sensaciones gustativas, tal como opina el gastrónomo colombiano, Lácides Moreno, ahora preferimos la comida japonesa o la tailandesa. Respecto a este último interrogante, no pude resistir la tentación de hablar con un chef de un exitoso y reconocido restaurante de comida japonesa y tailandesa en Bogotá, quien me aclaró un poco sobre el éxito de la gastronomía oriental en los países occidentales: "El éxito de nuestro restaurante se basa en que ahora la gente se cuida mucho más, y la comida oriental es natural y muy sana". Tiene lógica. El arroz del sushi se cocina sin grasa, el tofu tiene un alto contenido de proteínas y carece de las toxinas de las carnes rojas, y las verduras al vapor conservan una gran fuente de vitaminas y minerales. Esto, en contra de la pesadez causada por un plato de frijoles, o de un colesterol por las nubes, ocasionado por una poderosa rellena con chorizo. Estamos en un momento donde se busca lo natural, y donde no solo se está cuidando la imagen, sino la salud. Es como dicen, "dime que comes y te diré quién eres...". El sabor y la originalidad de la cocina oriental se impone en la capital colombiana, pero también lo hacen los espacios, las ideas, las filosofías y los objetos de esta cultura. Si la comida es fascinante, también lo es la filosofía y la magia en la decoración. Por eso, el que no haya oído hablar del Feng Shui está out. Parece absurdo, pero según este estilo de vida, todo el equilibrio en tu vida depende si se dejan abiertas las puertas del baño, o si la localización de las camas y los muebles obstruyen el flujo del aire que circula a través de la casa. El Feng Shui indica desde cómo elegir una vivienda, hasta qué altura debe tener la puerta de entrada, o cómo deben ser y estar los espejos. Obviamente, adquirir este estilo de vida es verdaderamente un lujo, porque adaptarse a él implica hacer una remodelación y redecoración de la casa. Eso sí, si la casa está localizada en un lugar donde armonice con el 'lado dragón' o el 'lado tigre'. La decoración oriental se basa en una conexión con la naturaleza, y esta se ve con más frecuencia, no solo en restaurantes si no en la vivienda. Por ejemplo, Japón es sobre todo agua y madera. En general, las casas de los abuelos están out, porque lo barroco, y la saturación de objetos decorativos se oponen a la noción de simplicidad que trae la decoración japonesa. El minimalismo decorativo moderno coincide con el arte japonés, pero el arte contemporáneo occidental es muy 'pensado' cuando se trata de reproducir el arte oriental. Es decir, mientras que a un japonés, el ser minimalista y el estar conectado con la naturaleza es parte de su vida diaria, a los occidentales nos toca hacer un estudio concienzudo de la decoración japonesa para lograr imitarla. Eso sí, sin entender cómo ésta se relaciona con lo espiritual. Porque es un hecho: los occidentales amamos la estética. Y todavía, los occidentales se asombran de las diferencias entre una casa japonesa y sus propias casas. Por ejemplo, la única estancia de una casa japonesa que está realmente dividida del resto de la casa es la entrada, o genkan, en la que es habitual encontrar un zapatero a un lado, para que las personas que lleguen se quiten los zapatos y las cambien por unas zapatillas, o si prefieren, anden descalzos. Para nosotros podría ser una verdadera pesadilla tener que quitarnos los zapatos, si no estamos acostumbrados a ello. Seguramente pasaremos una vergüenza cuando el dedo gordo del pie se salga por un agujero en la media, o si olvidamos usar talco antes de salir. Por otra parte, dado que el mobiliario japonés alcanza menos altura que los muebles a los que estamos habituados, podremos sentirnos más cerca del piso de lo que nunca hemos estado. Sí, puede ser una experiencia diferente comer sobre cojines, en mesas que apenas se alejan del suelo. Sin embargo, después de unas horas probablemente necesitemos estirar las articulaciones. De lo contrario, ¿qué puede hacer una persona con operación de rodilla? Entre otras de las cosas, lo que más nos podría sorprender es que las habitaciones japonesas no tienen cama. En su lugar, está un futón, que es una especie de colchón de algodón. Además, este solo se extiende durante la noche. ¿Será para no sentir la tentación de hacer una siesta después de almorzar?, ¿Será porque los orientales son más trabajadores que nosotros? Bueno, he ahí una ventaja para los miedosos que no son capaces de mirar debajo de la cama después de haber visto una película de terror. Y finalmente, ni hablar del baño japonés. El ofuro, la bañera japonesa estrecha pero profunda en la que se puede sumergir una persona cubierta hasta los hombros. Generalmente, antes de meterse en ella, los japoneses toman una ducha previa, produciéndose así un efecto mucho más relajante. No utilizan el ofuro para cuidar su higiene sino como algo relajante y lúdico. Pero hoy en día, en nuestra sociedad, o por lo menos en Bogotá, ¿quién tiene tiempo para tomar un baño de tina antes de ir a trabajar? A nosotros nos toca tener en cuenta que para llegar al trabajo, el cual queda a tan solo 15 cuadras de la casa, debemos calcular 45 minutos debido al trancón. El furor oriental continúa. Con seguridad conocemos a alguien que quiso comprar un quimono (quién sabe para qué), y probablemente tengamos una camiseta con letras chinas archivada en nuestro clóset. Además, ¿qué mujer no ha intentado peinare con palitos de madera? Si, para demorarse tres horas y despeinarse en solo tres minutos. Además, ¿qué es eso de usar quimono con jeans? Sin embargo hay que tener en cuenta que a pesar de que el concepto de moda ya es de por sí una creación occidental, hay ciertos rasgos de la vestimenta tradicional japonesa que coinciden con muchas de las tendencias nuestra moda. Tanto así que la simplicidad y la elegancia no son solo características de la decoración japonesa, adoptada por los diseñadores y arquitectos occidentales, sino que también son rasgos de la vestimenta de esta cultura, y consecuentemente de la moda occidental. Hay que aceptar que una japonesa es mucho más sensual y elegante que una americana (o una bogotana) con pantalón baggy y ombliguera. El exotismo del estilo oriental le da a la mujer una apariencia sofisticada, elegante y sexy. Y no solo es lo que se ve, sino también las sensaciones. Los tejidos naturales como la seda y el algodón crean una sensación de comodidad, literalmente consintiendo la piel y el cuerpo. Por lo tanto, si se busca comodidad, las fibras y diseños orientales son una muy buena opción a la hora de comprar ropa. Habrá que preguntarse entonces si el mundo occidental no sólo está imponiendo la democracia, cuestionando el régimen político de los países orientales, sino también su moda, costumbres, y cultura, o si es al contrario. Probablemente ya estemos aburridos con lo nuestro y necesitemos una buena dosis del misterio y sabiduría provenientes de la otra mitad del globo. Eso sí, sin abandonar lo que somos y lo que hacemos. Es de a poquitos.

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