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| 1/13/2006 12:00:00 AM

Cuba defiende la democracia

Cómo se vio el golpe de Estado a Chávez desde Cuba. Por José Manuel Martín Medem. Fragmento del libro "Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti", diario del corresponsal de Televisión Española en la Habana.

11 de abril de 2002

Actuaron en complicidad con los golpistas el gobierno de Estados Unidos y la Presidencia de la Unión Europea, que ocupaba España, además de los grandes medios de comunicación, incluidas las cadenas internacionales de televisión. No defendieron el gobierno constitucional de Venezuela ni la Organización de Estados Americanos (OEA) ni la Conferencia Iberoamericana. Se comprobó así que Estados Unidos, la Unión Europea y la OEA no cumplían su promesa de impedir el golpismo en América Latina.
Los que reclamaban a Fidel Castro la democratización de la isla, le estaban dando al Comandante, al consentir el golpe de Estado contra Hugo Chávez, los argumentos para no aceptar el juego de unas elecciones cuyo resultado no respetarán si el que gana no les gusta.

Paradójicamente, el dictador de Cuba les daba una lección de defensa de la democracia en Venezuela a los que aseguraban que querían liberar la isla. Cuenta María Gabriela Chávez que su padre le encargó que hablara con Fidel Castro cuando los golpistas intentaban convencer a la opinión pública internacional de que el presidente Hugo Chávez había renunciado; "Me dijo que llamara a Fidel, que él era el único que podía hacer la denuncia internacional; dile que soy un presidente preso, que yo no he renunciado... Fue Fidel el de la idea de que hablara con Randy Alonso, el conductor de La Mesa Redonda, el programa de la televisión cubana que tuvo una gran repercusión internacional... Lo quiero como a un abuelo porque él quiere a mi padre como a un hijo"
A través de la televisión cubana, el abuelo difundió la mejor información sobre la resistencia de Chávez y la complicidad internacional que arropaba a unos golpistas reiteradamente derrotados en las urnas. El asalto de ida y vuelta, cuando tantos gobiernos se apresuraron al aplaudir o justificar a los golpistas venezolanos, desnudó como nunca el cinismo de los padrinos de la democratización de Cuba.
Además, desacreditó definitivamente a Oswaldo Payá, que aparentaba encabezar un movimiento de cambio gradual basado en la libre manifestación de las opiniones de los cubanos y, sin embargo, demostró, apoyando a los golpistas de Venezuela, que aceptaría cualquier procedimiento para la democratización de la isla.

Payá intentó que se olvidara su carta de apoyo a los golpistas -enviada a las agencias internacionales de noticias cuando se anunciaba la renuncia de Chávez- y se negó a facilitarme una copia, pero encontré los archivos donde se encontraba.

Carta de Oswaldo Payá a los golpistas venezolanos

Desde Cuba les expresamos nuestra más profunda admiración y solidaridad por haber rescatado su soberanía y futuro.

Es impresionante y verdaderamente ético el derroche de valor, firmeza y amor por la libertad demostrado por ustedes. De esta forma han impedido que su nación fuera atrapada por el totalitarismo y evitado, lo sabemos, que una larga etapa de sombra atrapara a Venezuela.

Han impedido mucha sangre, sufrimientos, miserias, calamidades, odios y destierros. Han rescatado su propia libertad y democracia. La memoria del libertador Simón Bolívar ha sido restituida a su verdadero garante de pueblo soberano.

Lleguen nuestras condolencias a los familiares de las víctimas del terror traicionero. La sangre de esos luchadores pacíficos derrotó al odio con Amor y al miedo con Fe.

Todos los que amamos la libertad, especialmente los latinoamericanos, estamos  y debemos estar agradecidos de estos mártires, pues su sacrificio ha sido por Venezuela como también por la libertad, la democracia y la paz de nuestro continente.

Felicitamos a todos los ciudadanos venezolanos por su epopeya cívica, a sus trabajadores, estudiantes, mujeres, soldados, sus pastores y todos los hijos de este pueblo y rogamos a Dios para que las secuelas de esta difícil etapa sean superadas rápidamente por el espíritu de reconciliación y de justicia por la buena voluntad del pueblo.

Los cubanos que ya caminamos en muy difíciles circunstancias por las vías pacíficas y cívicas para lograr los cambios hacia la democracia, celebramos la libertad de los venezolanos que ellos mismos han sabido protagonizar.

LOOKING FOR FIDEL
13 de abril de 2004

Me impresionó el aspecto de Fidel Castro al subir a la tribuna, reclamado por los estudiantes venezolanos que llenaban el salón principal del Palacio de Convenciones.
Me impresionó más cuando empezó a hablar: un abuelo con síntomas de agotamiento y dificultades de expresión, realizaba un gran esfuerzo por conseguir apenas un susurro.
Doblado sobre el atril, arrastrando las frases con desesperación y gesticulando mucho más de lo habitual, parecía que iba a derrumbarse.

Sólo resistió 10 minutos y casi se cae al bajar las escaleras desde el escenario hasta el patio de butacas.

¿Qué le pasaba al Comandante? ¿Por qué se empeñaba en ponerse en evidencia? Estaba clausurando la celebración del segundo aniversario del fracaso del golpe de Estado en Venezuela, delante de los 1.200 jóvenes venezolanos que estudiaban en Cuba, y bajo la observación de las cámaras de los corresponsales extranjeros.

La esquizofrenia ocupaba el Palacio de Convenciones en La Habana: por la mañana, el gobierno proponía a los empresarios estadounidenses que invirtieran en sectores estratégicos de la economía de la isla como el petróleo; por la tarde, el mismo gobierno denunciaba la intervención de la administración Bush en Venezuela organizando un acto de solidaridad con el presidente Hugo Chávez.

¿Cuántos de los empresarios estadounidenses que vendían alimentos a Cuba deseaban que la Casa Blanca consiguiera sacar a Chávez de la Presidencia de Venezuela?
Al día siguiente, la cadena estadounidense de televisión HBO difundió el documental de Oliver Stone Looking for Fidel.

El Comandante decía que era "un jefe moral, un jefe espiritual para los cubanos" y advertía que "moriré trabajando".

Stone le preguntaba sobre el futuro:

-Yo muero mañana y mi influencia puede crecer.

También sobre la posibilidad de su jubilación:

-Me apartaría si me demuestran que sería lo mejor y lo más útil, si creo que hago daño....
 

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