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| 2/29/2004 12:00:00 AM

De boca en boca

Las letanías son una válvula de escape para aquellos que no tienen tribuna. Las hay políticas, chisme del barrio, subidas de tono. Con su ironía y buen humor no queda títere con cabeza, desde el presidente Uribe hasta George Bush. José Charris es uno de los personajes que mantiene viva la tradición de las letanías del Carnaval de Barranquilla.

Él no habla mucho, prefiere escribir. Parece callado, con la mirada perdida en parte por un estrabismo en su ojo derecho, un defecto que a lo mejor le permite ver y narrar de otra manera.

Tiene 67 años, todos vividos en el Barrio Abajo, en donde fundó en 1977 con Neftalí Romero sus letanías Los Recocheros del Barrio Abajo. Lo de las letanías -una especie de rezo que mezcla la picardía con la realidad y el chisme de barrio- surgió cuando dejó de disfrazarse por una cuestión de método: "No teníamos disfraz, uno de nosotros empezó a pintarse de negro y al resto no le gustó el cuento, lo bañamos y nos inventamos las letanías", recuerda.

En sí, esta forma de verso de siete sílabas sugiere una parodia de los rezos de la iglesia con una estructura responsorial. "Hacen públicos los secretos a voces", explica la antropóloga Mirta Buelvas. Las letanías del Carnaval de Barranquilla son en esencia una recopilación de los hechos más notorios de la realidad local, nacional e internacional, preparada exclusivamente para presentarla en las fiestas. José, el creador de Los Recocheros del Barrio Abajo, anota durante el año cada idea que le surge en un cuaderno de colegial que luego manda a transcribir. Es su biblia, la biblia de un letaniero.

En estos cuadernos reposan cuartillas completas de su visión de la realidad, como si fueran radioperiódicos sin censura, en los que no hay derecho a réplica. Con estos versos puede temblar la reputación de cualquiera, el político o la vecina. "Ellos saben que no pueden decir nada porque es carnaval", explica el letaniero.

Las letanías son grupos de carnaval que recitan versos sin coreografía, vestidos de toga o una túnica, sin acompañamiento musical, en las que un solista lee los versos que lleva en un libro y a su alrededor se sitúan los miembros del coro, que contestan al solista en forma responsorial.

Mientras la gente vibra y baila en el cumbiódromo de la vía 40, por donde pasa el alma del Carnaval de Barranquilla, él prefiere caminar a rebuscarse unos pesos para pagarse el ron de las fiestas. Con los años ya no lo hace tanto, ahora sólo prefiere salir durante tres de los cuatro días que dura el carnaval. "No quiero salir largo, ahora voy donde me conocen, Montecristo, Modelo, Boston, Rosario y El Recreo".

Su público son los parranderos de las esquinas y de las tiendas de barrio que los ven pasar con sus túnicas rojas y los llaman para que les alegren el rato. Los espectadores de los letanieros han cambiado mucho con la misma evolución de las fiestas del rey Momo, ahora se presentan en concursos radiales, en teatros y fiestas de salón. El martes de carnaval se realiza el concurso de letanías, al que van nueve agrupaciones. Nadie sabe con certeza de dónde salieron, si de Barrio Abajo o del Rebolo, pero ya son una tradición que hace parte del Carnaval de Barranquilla; son famosas La Lengua Mocha de Montecristo, Las Ánimas del Rebolo, Los Turpiales de la Normal y los Chismosos de Chiquinquirá, entre otras.

José es un albañil y plomero desempleado que vive en uno de los barrios que vibran con el Carnaval de Barranquilla; a tres cuadras, donde nacieron las legendarias marimondas, no solo desemboca uno de los arroyos más peligrosos en tiempos de lluvia, sino también los desfiles de la Batalla de Flores y la Gran Parada. Se autobautizaron Los Recocheros porque no importaba la forma como salían disfrazados. Del grupo original, Neftalí murió hace dos años, uno de sus hijos que era el rezandero -quien lleva la voz cantante del grupo- ya no puede salir a caminar porque, como lo explica José, "tiene un trabajo muy pesado y llega a descansar". El sábado de carnaval, como José no pudo reunir de nuevo el grupo, se resignó a salir con dos o tres pelaos. Para este letaniero lo importante para seleccionar su séquito es que no salgan con groserías y no la embarren con el vocabulario.

Cuando yo ago letanía
Toda mi mente brilla
Que le pongo toda la alegría
Del carnaval de Barranquilla(sic
fragmento de Los Recocheros)

La gente -comenta José- prefiere las de humor, y las colorá (subidas de tono) las rezamos cuando no hay niños ni mujeres. Las políticas son una forma de desahogarse, como solamente se permite en esta época en el Carnaval de Barranquilla.

Los políticos abundan
como langosta en alambre
todo lo quieren pa' ellos
y el pobre se muere de hambre(sic)

Para este desempleado, su situación económica puede ser difícil. "La cosa está dura por la competencia", pero cuando se trata de asuntos de letanías - se señala la cabeza para decir que todo lo improvisa- cree que no tiene rival. A lo mejor no lo hace con la mejor "buena letra" (caligrafía), ni mucho menos ortografía, pero es una forma de ver su vida, la vida de Barrio Abajo y por supuesto, la de Barranquilla.

Yo no se que esta pasando
En mi querida ciudad
Todos los diaz están matando
Sin que nadien diga na(sic)

Es una tradición que pasa de boca en boca y que se ha difundido como una de las mejores de las carnestolendas de Barranquilla. En el Barrio Abajo, Chiquinquirá y el Rebolo, los grupos surgen de una manera casi espontánea, allí es donde se vive y prepara el carnaval durante todo el año. ¿Hasta cuando lo hará José? A lo mejor, el día que el santo le agache el dedo, como lo dice con el mejor tino a ritmo de rezandero.

El día que yo me muera
Le pido a la gente mía
Que resen un rosario
Con berzos de letanía(sic)

*Corresponsal de SEMANA en Barranquilla que participó en el taller de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano del Carnaval de Barranquilla.
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