Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/03/09 00:00

De bondades y maldades

Francisco Díaz Toledo, investigador de la Universidad Externado de Colombia, detalla lo negativo y lo positivo de la visita de Bush.

De bondades y maldades

El proyecto civilizador del gobierno federal de Estados Unidos de América, sobrevuela el pensamiento de los colombianos que creen conocerle y le rinden un sentimiento de amor y de odio, pues su visita representa en este mundo mediático, la necesidad de verlo en frente del presidente Uribe y especular las posibilidades que implica para este pequeño país.

Sus bondades son manifiestas por los lazos de confianza que le brinda en medio de las crisis que embargan a los dos mandatarios, en momentos de transición por las elecciones que cada país vivió y vivirá, por las dificultades que tienen con sus tratados comerciales, por el velo que envuelve la noción de seguridad que cada uno tiene, desde la guerra infinita contra el terrorismo hasta la seguridad democrática.

Bondades que permiten disfrutar de muchas posibilidades, entre otras la de tener de aliado a la nación más poderosa del planeta Tierra, con el Presidente republicano más cuestionado en las elecciones de esa nación, con el gobernante más conservador, defensor de los valores más tradicionales, desde la propiedad privada, la familia y el Estado, creyente del mercado y del poder que de él emana, religioso y ante todo, un ranchero emprendedor.

El disfrute de su presencia provoca importantes sentimientos entre los colombianos, traerá buenas noticias acerca de los mayores acercamientos que dos naciones asimétricas puedan tener, el resplandor de unas posturas ultraliberales que permitan acondicionar esta cálida tierra, para remover los privilegios que algunos poseen en la construcción de ese proyecto moderno capitalista es la principal, pero no la más importante.

La noción de un mercado libre se contrapone con el deseo de encontrar en los gestos que este líder realice en su visita, cuando atravesando la avenida El Dorado, pueda cada colombiano allí plantado, ver desde sus 70 camionetas, en sus ahumados vidrios, la sonrisa de un hombre que viene en son de aventura.

La verdad duradera, su presencia no es más que una aventura en un país exótico, donde la gente más feliz del planeta, con las mayores inequidades de la región, encontrará al presidente G. W. Bush a un hombre con ganas de conocer de cerca esta nación, aunque sea por la única avenida bonita que tiene el Distrito Capital de Bogotá, conocer La Candelaria y enrumbarse en la Casa de Nariño.

Tantos analistas preocupados, tantos intelectuales afanosos, pero si nuevamente no es más que una rutina de cuatro horas, donde este poderoso hombre quiere saber es cómo viven sus habitantes, qué comen, dónde hacen mercado y por qué le desean tanto, quiere reconocer esas pasiones de los colombianos que le honran su visita.

Algunos jóvenes hacen una fiesta de voladores en la entrada de una universidad, jubilosos pues al fin pueden justificar la continuación de su existencia, nada revolucionaria, pero sí aburrida de estar contra el sistema, eso no importa.

La izquierda porque logra hallar en su presencia física, la llegada demoníaca del mal, la encarnación ideológica del Consenso de Washington, la herencia del hombre que modernizo en los 80 la nación norteamericana, Reagan y sus Reaganomics, la consolidación integral de la derecha radical norteamericana que ilumina aún América Latina y el Caribe.

La derecha porque encuentra a su mentor afirmándole sus posturas, reconociéndole su papel ideológico político, donde podrá mantener un par de décadas más su existencia y su permanencia en la presidencia, eso se llama continuidad todavía.

Los ciudadanos del común preocupados por otras cosas vitales y cotidianas, piensan en lo infortunado que es este Presidente, porque podría montarse en una bicicleta blindada y recorrer la ciclovía dominguera, para mostrarle confianza a los colombianos, no a los defensores de la seguridad democrática, que todavía no la realizan pues lo traen escoltado y magullado en una camioneta. Esos que quieren venderle jugo de naranja y un sándwich con gaseosa barata, que sienten que les daña su único negocio de cuatro o cinco días al mes y que los responsables de la seguridad no leen, pensando que si lo matan por aquí seria contraproducente.

Nadie pensaría lo contrario, pero si el presidente Bush viene por aquí, será que hay mucha confianza con respecto a que no existan atentados, la certeza de ponerlo a viajar por una larga ruta es muchísima, no quieren llevarlo en helicóptero, entonces significa que quieren mostrarle los gladiolos y las esculturas de esa hermosa avenida, antes que TransMilenio fase III pase por allí y la acabe.

Un analista desconocido, desocupado y taciturno siempre nos obliga a realizar un comentario, acerca de quiénes resultan beneficiados con la visita de este Presidente republicano: porque más allá de creer que es una visita para balancear la propuesta bolivariana de Chávez en la región, una postura poco clara y ambigua, demagógica como dice un ministro, o para reacomodar el nuevo Plan Patriota y la Seguridad Democrática, o para el guiño que requiere la aprobación del TLC, siempre genera muchas dudas.

Dudas para quienes se sienten lejanos a la polarizada visión de las izquierdas y derechas colombianas y de la región, dudas para quienes consideran que una ciudad tan grande no puede sufrir más con tantas camionetas de hombres paranoicos, para quienes desean que les digan las cosas tal cual, no indicándoles que aun no están preparados para escucharlas, como si fuéramos no ciudadanos y ciudadanas, sino menores de edad llenos de ideas poco claras en nuestras cabezas.

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